Cierre de mercado hunde a Everton en crisis contra sus dueños
El cierre de mercado hunde a Everton en una rebelión abierta contra sus dueños
La ventana de fichajes de Everton no ha terminado. Ha estallado. Y los fragmentos apuntan directamente a The Friedkin Group y al director ejecutivo Angus Kinnear, convertidos en dianas de una afición furiosa que habla ya de “fracaso” desde los despachos.
El último día de mercado, que debía corregir carencias estructurales de la plantilla, acabó retratando a un club desorganizado, nervioso y sin red. El episodio Folarin Balogun se ha convertido en el símbolo de un verano que deja a David Moyes con un equipo corto, expuesto y con la grada al límite.
El caso Balogun, del acuerdo firmado al portazo final
Todo parecía hecho. Everton había pactado con AS Monaco un traspaso de 40 millones de libras por Folarin Balogun. El delantero de Estados Unidos, de 25 años, había firmado la hoja de trato junto a ambos clubes, lo que permitía completar la operación después del cierre oficial del mercado a las 23:00 BST del martes.
Había un vuelo programado a las 8 de la mañana para llevar al jugador a Merseyside. No llegó a tiempo. El club se desesperó esperando la documentación desde Mónaco. El reloj corría y el margen de maniobra se estrechaba.
Entonces surgió el problema en el reconocimiento médico. Ese fue el punto de inflexión. Everton, preocupado por lo detectado, empezó a reformular la operación. Mientras tanto, activó planes alternativos: un préstamo de Joshua Zirkzee desde Manchester United, con el jugador dispuesto a firmar, pero bloqueado por Old Trafford. También sondeó a Tammy Abraham, de Aston Villa, pero el delantero decidió seguir en Villa Park.
Sin Zirkzee. Sin Abraham. Y con el tiempo agotándose.
Finalmente, a escasos minutos del cierre, Everton y Monaco alcanzaron un nuevo acuerdo: menos pago inicial y una estructura de variables ligada al rendimiento de Balogun. Las condiciones personales del jugador no cambiaban. Parecía el desenlace lógico tras una jornada caótica.
Pero el delantero ya no estaba convencido. Balogun abandonó Finch Farm sin firmar, y el miércoles el director deportivo de Monaco, Thiago Scuro, explicó ante los medios que el jugador “no se sentía cómodo” con el trato recibido durante el reconocimiento médico.
En Everton sostienen lo contrario: que acompañaron al jugador en todo momento, que fueron transparentes con los problemas detectados y que estaban dispuestos a trabajar con Monaco para encontrar una solución que hiciera viable el fichaje. Nada de eso bastó. Balogun se marchó. Y con él, el plan A en ataque.
Un club debilitado… después de vender a su ‘9’
El golpe resultó todavía más demoledor por el contexto. Horas antes, Everton había dado luz verde al traspaso de Beto a Fiorentina por 15,5 millones de libras. Sin Balogun ni alternativa, la plantilla queda con un solo delantero centro: Thierno Barry, aún verde para cargar con la responsabilidad.
Todo esto ocurrió el mismo día en que Iliman Ndiaye, el futbolista más creativo del equipo, completaba su traspaso a Manchester City por 65 millones de libras. Mucho dinero entrando, muy poco peso específico llegando.
Kinnear había asegurado en una reciente entrevista con BBC Radio Merseyside que la plantilla estaba “en un buen lugar”. Definió el objetivo con claridad: “Nuestra métrica es que, al cierre del mercado, hayaamos conseguido al mejor jugador posible en cada posición”. También transmitió el mensaje de los propietarios estadounidenses: no entrar en competiciones europeas la pasada temporada fue “un fracaso”.
Moyes reconoció que estas palabras le sorprendieron. Hoy, ese término, “fracaso”, ya no se asocia a él, sino a los dueños y al director ejecutivo. Y si la temporada se tuerce, no tendrán dónde esconderse.
La realidad deportiva es tozuda: Moyes se queda con un solo delantero, 18 jugadores de campo senior y un margen mínimo para rotar o reaccionar a lesiones. Un escenario precario para un técnico de 63 años que, durante el verano, ya dejó entrever su malestar con el nivel de la planificación.
Lateral derecho resuelto… de la forma más accidentada posible
No todo ha sido negativo sobre el papel. Everton ha logrado el regreso de Jack Grealish en calidad de cedido y, por fin, ha cubierto un problema enquistado en el lateral derecho con la llegada de Ashley Maitland-Niles desde Lyon por 3 millones de libras.
Pero incluso ese movimiento llegó entre tropiezos. El club tenía prácticamente cerrado un acuerdo de 9,4 millones por Kenny Tete con Fulham, operación que se vino abajo cuando los londinenses no encontraron un sustituto. Maitland-Niles fue anunciado oficialmente poco después de la medianoche, otro síntoma de improvisación de última hora.
El dibujo de la plantilla es alarmante: un único lateral derecho (Maitland-Niles), un solo lateral izquierdo (Vitaliy Mykolenko) después de ceder a Adam Aznou al Málaga, y un solo ‘9’ puro. Una estructura muy fina para un calendario exigente.
El incendio con la cantera y la afición
El enfado no nace solo del último día. Ya venía cargado. La posible venta de Harrison Armstrong, producto de la cantera y considerado el talento más prometedor desde Wayne Rooney, a Nottingham Forest encendió las alarmas. El acuerdo estaba en marcha, pero el club dio marcha atrás ante la reacción tóxica de la grada. Operación abortada, reputación tocada.
Moyes, tras el pase en la segunda ronda de la Carabao Cup ante Preston North End, lanzó un aviso público: “Todavía creo que tenemos mucho trabajo por hacer. Necesitamos más jugadores. Nuestra plantilla no es lo suficientemente grande y necesitamos más calidad en algunas áreas si podemos”. El mensaje era claro. No llegó la respuesta.
Las asociaciones de aficionados no han tardado en reaccionar. Una petición para pedir la dimisión de Kinnear circula ya entre los hinchas. El “Everton Fans’ Forum” publicó un comunicado demoledor en el que denuncia que la plantilla ha quedado “peligrosamente corta” en posiciones clave.
El texto no pedía fichajes desorbitados. Subrayaba que la afición entiende las limitaciones financieras y que no exige nombres de relumbrón por capricho. Lo que reclama es otra cosa: “competencia, preparación y responsabilidad”.
El grupo “The 1878s”, responsable de las grandes pancartas, tifos y banderas que han dado color al nuevo Hill Dickinson Stadium, ha ido aún más lejos: anunció que “se retira por el futuro inmediato” en señal de protesta. En su comunicado se declara “totalmente decepcionado y disgustado” con el desarrollo del mercado, especialmente con su tramo final.
También explican que las normas sobre banderas y mensajes en el estadio les impiden mostrar de forma directa su enfado con frases o imágenes ofensivas. Si pudieran llenar las gradas de mensajes de protesta, aseguran, lo harían. De momento, el silencio visual será su forma de gritar.
Fichajes que no tapan el bochorno
Everton sí ha incorporado jugadores durante el verano. El PFA Championship Player of the Year Hayden Hackney llegó desde Middlesbrough. Christian Norgaard, procedente de Arsenal, aterrizó como sustituto de Idrissa Gueye, aunque el centrocampista danés, de 32 años, está lesionado y sin fecha de regreso.
También se cerraron los acuerdos por el joven alemán Merlin Röhl y por Tyrique George, internacional sub-21 inglés que ya estuvo cedido la pasada campaña. Brennan Johnson llegó desde Crystal Palace en un intercambio directo con Dwight McNeil.
Son movimientos con cierta lógica deportiva. No borran, sin embargo, la imagen de un último día de mercado que rozó el esperpento. El balance es cruel: Everton sale de este verano claramente más débil de lo que entró.
El club, por ahora, guarda silencio. No ha ofrecido una explicación pública sobre el caos de las últimas jornadas, la ruptura con Balogun ni la planificación que ha llevado a una plantilla tan corta. La credibilidad de The Friedkin Group y de Kinnear está bajo mínimos. Las vallas que deben reparar con su propia afición son muchas.
La cuestión ya no es solo si podrán hacerlo. Es si tendrán tiempo antes de que la temporada convierta este mercado en algo más que un bochorno: en el punto de partida de otro año perdido.
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