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El desafío de Thiago Pitarch en el Real Madrid

El Real Madrid ha pasado todo el verano dándole vueltas a la misma duda: ¿hacía falta otro centrocampista? El propio club lo reconoció cuando tanteó el fichaje de Rodri. La operación se cayó, no hubo refuerzo y en Valdebebas decidieron tirar con lo que había… y con un Bernardo Silva cada vez más centrocampista y menos mediapunta, muy lejos del rol que tuvo en el City.

La temporada oficial ya ha arrancado y, según desvela el diario AS, los viejos problemas han vuelto a escena. Con crudeza. El mejor ejemplo, el duelo ante el Inter: el Madrid casi nunca logró mandar en el partido ni controlar el ritmo. Valverde lo explicó después. Mourinho les pedía pausa, posesión, bajar revoluciones. No ocurrió.

Un parche inesperado la pasada campaña

Esta crisis no nace ahora. Viene de la temporada pasada, cuando Arbeloa encontró un parche tan inesperado como efectivo: Thiago Pitarch. Entonces aún jugador del Castilla, el centrocampista se abrió paso a codazos hasta el primer equipo.

Su irrupción fue seria, no un simple premio puntual. Superó los 800 minutos, fue titular en los dos partidos ante el City en los octavos de final de la Champions y también en la ida de cuartos frente al Bayern. Sin red, sin miedo. Y sin que el peso de la camiseta le temblara en las piernas.

Este curso, en cambio, su papel se ha vuelto difuso. Hubo conversaciones para una salida, la puerta estaba entreabierta, pero una lesión al inicio de la pretemporada lo cambió todo. Se frenó cualquier opción de marcha y Pitarch se quedó con el primer equipo, aunque a efectos federativos figure con el filial por falta de fichas disponibles.

El mensaje interno, no obstante, es claro: tiene estatus de jugador del primer equipo y un nuevo contrato que lo certifica. Ahora le espera el reto más complicado de todos. Jugar.

Quinta opción en una sala de máquinas abarrotada

El problema es el espacio. O, mejor dicho, la falta de él. Mourinho se aferra a un 4-2-3-1 que encadena a Pitarch al doble pivote, una zona donde la competencia es feroz: Valverde, Tchouaméni, Camavinga y Bernardo Silva. Cuatro nombres de peso. Sobre el papel, Thiago es el quinto de cinco.

Su baza es lo que ya enseñó el año pasado: criterio con balón, personalidad y una valentía poco habitual en un canterano que aterriza de golpe en el escaparate del Bernabéu. No se encogió entonces y no piensa hacerlo ahora.

Mourinho, marcado por la lesión, ha contado poco con él en las últimas semanas, pero no se ha olvidado de lo que ofreció. Y lo ha dejado claro con palabras muy directas: «No es un jugador para estar en la categoría de Castilla, sino un jugador de primer equipo y me gusta mucho. Tiene cualidades que me gustan mucho y, cuando esté al cien por cien, formará parte del grupo y entonces habrá minutos esperando para que juegue, porque tiene una calidad muy alta».

El mensaje de Mourinho: músculo o banquillo

El técnico portugués quiere a Pitarch en otra dimensión física. No se trata solo de talento, sino de cumplir con el nivel de agresividad y de despliegue que exige su libreto, sobre todo sin balón. Y se lo ha dicho sin rodeos: «Lo único que le digo es que sus músculos de las piernas son como los míos, y necesita poner ahí dos kilos más a base de trabajo».

Ahí está el desafío. El Madrid busca control en el centro del campo, Mourinho reclama físico y Thiago Pitarch pelea por un hueco en una de las zonas más caras del fútbol europeo. Ya ha demostrado que no le pesa la camiseta. Ahora le toca demostrar que tampoco le pesa la exigencia de un entrenador que no regala ni un minuto.