Diego Maradona: el crudo relato de su masajista en el juicio
En los últimos días de Diego Maradona no hubo épica, ni gambetas, ni gritos de gol. Hubo cama, silencio y una sensación de rendición que este jueves quedó expuesta con crudeza en los tribunales argentinos, donde se juzgan las circunstancias de su muerte en 2020.
Nicolás Taffarel, masajista del ídolo, describió ante los jueces a un Maradona irreconocible, hundido física y anímicamente. “No se levantaba de la cama, no quería comer, no quería bañarse, no quería ocuparse de su higiene personal”, declaró, con la voz quebrada, según quedó registrado en la audiencia.
Alarmas encendidas, respuestas ausentes
Taffarel aseguró que había dado la voz de alarma. Contó que pidió al equipo médico del campeón del mundo en México 86 que se hiciera presente con más frecuencia, que lo visitara “todos los días”. Un audio reproducido en la sala respaldó esa versión.
“Informé los problemas que veía en él, pero no vi ninguna acción concreta ni una resolución rápida”, lamentó el masajista, al borde de las lágrimas al recordar esos días. La imagen que ofreció de Maradona fue la de un cuerpo que se apagaba a la vista de todos: “Estaba hinchado, tenía las piernas inflamadas”.
Según su testimonio, cuando trasladó su preocupación a los médicos, la respuesta fue un llamado a la calma. Le dijeron que esos síntomas iban a pasar. Él decidió creer. “Cuando estás ansioso, confiás en ellos; te decís que va a pasar, que todo se va a acomodar. Pero no pasó”, relató, dejando flotando en el aire la sensación de oportunidad perdida.
La frase final y un adiós en soledad
El 24 de noviembre, un día antes de la muerte de Maradona, Taffarel hizo un último intento por sacarlo de ese estado. Contó que fue a su habitación para convencerlo de levantarse y tomar mate. No lo logró.
“Me dijo: ‘No quiero nada, Taffita, ya está’”, recordó el masajista. Le preguntó qué quería decir con ese “ya está”. La respuesta fue igual de seca: “Nada, ya está”. En esas dos palabras, tan argentinas como ambiguas, Taffarel leyó hoy algo más que cansancio. “Ya está” puede ser un consuelo, un “está todo bien”. O una despedida: “se terminó”.
Al día siguiente, el 25 de noviembre, Maradona murió solo, en su cama, a los 60 años. La autopsia determinó que sufrió una insuficiencia cardíaca y un edema agudo de pulmón, con acumulación de líquido en los pulmones, apenas dos semanas después de haberse sometido a una cirugía.
Un juicio que busca responsables
Siete profesionales de la salud están siendo juzgados desde mediados de abril en Argentina, acusados de posible negligencia que podría haber contribuido a la muerte del astro. Se enfrentan a penas de hasta 25 años de prisión.
Los imputados rechazan cualquier responsabilidad. La mayoría se ampara en su especialidad y en el carácter limitado de sus funciones, que —sostienen— no habrían tenido vínculo directo con las causas clínicas del fallecimiento.
El proceso judicial, cargado de emotividad y de detalles médicos, promete extenderse más allá de este mes. Cada testimonio agrega una capa más a la reconstrucción de las últimas horas de Maradona, pero también deja una pregunta que resuena fuera de la sala: cómo pudo el futbolista más idolatrado del país morir así, entre líquidos que se acumulaban en su cuerpo, alertas desoídas y una cama de la que ya no quiso levantarse.
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