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Elversberg: del pueblo sin estación al ascenso a la Bundesliga

En el mapa de Alemania, Elversberg apenas es un punto. Un municipio del sur, 13.000 habitantes, sin estación de tren ni casa de la cultura. Trigésimo núcleo más grande del Sarre. Y, sin embargo, la casa del club más pequeño que jamás haya alcanzado la Bundesliga. El apodo se explica solo: Dorfverein, “el club del pueblo”.

La entidad nació en 1907, desapareció durante la Primera Guerra Mundial y resucitó en 1918. Durante casi un siglo fue sinónimo de fútbol amateur, campos modestos y ambiciones contenidas. Todo empezó a cambiar a comienzos de los 2000, cuando la farmacéutica local Ursapharm se convirtió en principal mecenas y patrocinador bajo la presidencia de Frank Holzer. En 2011 tomó el relevo su hijo Dominik. El impulso económico ya estaba. Faltaba el deportivo.

El proyecto toma forma

En 2013 llegó el primer gran salto: ascenso a la 3. Liga, el tercer escalón y el más bajo del fútbol plenamente profesional en Alemania. El sueño duró poco. Descenso inmediato. Pero el club no se detuvo.

Ursapharm compró los derechos del nombre del estadio, que pasó a llamarse Ursapharm-Arena an der Kaiserlinde, manteniendo el homenaje al tilo centenario que presidía la zona hasta caer en 2015. La grada se fue ampliando hasta las 10.000 localidades. El escenario crecía. La idea de fútbol aún no.

El giro real llegó en 2018, cuando Horst Steffen asumió el banquillo. El técnico implantó un estilo agresivo, valiente, siempre hacia adelante, que convirtió cada partido en espectáculo. El premio llegó en 2021-22 con el título de la Regionalliga Südwest.

De vuelta a 3. Liga, esta vez Elversberg sí estaba preparado. Y lo dejó claro desde el primer día de la temporada 2022-23: un 4-3 a Bayer Leverkusen en la primera ronda de la DFB-Pokal, la mayor gesta de su historia hasta entonces. Bochum cortó la aventura copera en la siguiente ronda, pero en liga el equipo voló.

En un pulso tremendo por el ascenso, con los cinco primeros separados por solo cinco puntos, Elversberg acabó superando a Freiburg y se llevó el título de 3. Liga. Lo hizo, además, con el mejor ataque del campeonato: 80 goles en 38 jornadas. Diez de ellos, del cedido Nick Woltemade. Steffen lo había dejado claro: “una victoria espectacular me resulta mucho más preferible que un mezquino 1-0”. El equipo lo asumió como dogma.

El golpe más cruel… y el relevo en el banquillo

El estreno en 2. Bundesliga fue un baño de realidad, pero también una confirmación: 11.º puesto, permanencia sin sobresaltos. En 2024-25, Elversberg se asomó a la puerta del paraíso.

Tercero en la tabla, solo por detrás de Köln y Hamburg, el Dorfverein se ganó un billete para el play-off de ascenso contra Heidenheim. 2-2 en la ida. 1-1 en la vuelta hasta el minuto 95. Entonces apareció Leo Scienza y, con su gol, destrozó el sueño del pueblo.

El mazazo fue doble. Poco después, Horst Steffen aceptó la oferta de Werder Bremen. El club ingresó 300.000 euros en concepto de compensación. Económicamente, un buen pellizco para un club de su tamaño. Deportivamente, un vacío enorme: se marchaba el arquitecto del milagro.

La búsqueda de sustituto fue larga y minuciosa. El director deportivo, Nils-Ole Book, quería un entrenador tácticamente moderno, capaz de mantener un fútbol atractivo y de alta intensidad, y al mismo tiempo valiente con la cantera. El elegido fue Vincent Wagner, recién ascendido a 3. Liga con el filial de Hoffenheim en 2024-25.

“Con todo lo que aporta, encaja muy bien con nosotros. Vincent no solo continuará nuestro camino, sino que lo enriquecerá y desarrollará con nueva energía”, explicó Book en su presentación.

Los hechos le han dado la razón.

Wagner contra el escepticismo

El contexto no ayudaba al optimismo. Se marcharon los dos grandes referentes ofensivos, Fisnik Asllani y Muhammed Damar, al terminar sus cesiones. También el líder de la zaga, Robin Fellhauer, rumbo a Augsburg, además de otras salidas importantes. Muchos analistas señalaron un destino claro: paso atrás y media tabla.

Book se movió al límite de los recursos. Llegaron cedidos desde clubes de Bundesliga Lukasz Poreba, Bambase Conté y Jarzinho Malanga. Para reforzar la defensa, fichajes en propiedad de Lasse Günther y Jan Gyamerah. Un bloque nuevo, mucho por ensamblar, y un técnico debutante en la élite. El escenario perfecto para el escepticismo.

La respuesta de Wagner fue inmediata.

Elversberg arrancó la 2. Bundesliga 2025-26 ganando siete de sus primeros nueve partidos. Después llegó una racha irregular, pero el equipo se mantuvo en la pelea por el ascenso. Schalke se escapó en la cima. El segundo puesto directo quedó para el último día.

El calendario ofrecía un guiño: partido en casa ante el colista, Preußen Münster. Elversberg llegaba segundo, por delante de Paderborn gracias a la diferencia de goles. La presión podía paralizar a cualquiera. No a este grupo.

3-0, sin temblores. Un triunfo rotundo que selló el ascenso. Elversberg era, por fin, club de Bundesliga. 119 años después de su fundación.

“Por supuesto, esto es algo especial”, reconoció Wagner. “Un amigo me dijo esta semana: ‘Si Elv puede ascender, es como volar a la luna’. Y hoy logramos el alunizaje”.

La hazaña crece al revisar el contexto: en enero, el club vendió al máximo goleador de la liga, Younes Ebnoutalib, a Eintracht Frankfurt. Dos meses más tarde, Book se marchó a Borussia Dortmund. Sin su estrella ofensiva y sin el director deportivo que había construido el proyecto, Elversberg no se vino abajo.

Lukas Petkov asumió el protagonismo. Marcó seis goles en la segunda vuelta y repartió 11 asistencias en toda la temporada. A su lado, Tom Zimmerschied aportó nueve participaciones de gol. Entre todos, convirtieron al equipo en la mejor delantera del campeonato: 64 tantos, récord de la liga. Atrás, solidez: solo 39 encajados, el segundo mejor registro, solo superado por Schalke.

Obras, fichajes y un nuevo cerebro en los despachos

El verano previo al estreno en la Bundesliga ha sido un terremoto controlado. El Ursapharm-Arena ha entrado en obras para cumplir con los requisitos de la máxima categoría. La capacidad subirá hasta las 15.000 localidades la próxima primavera. De momento, uno de los fondos parece un enorme esqueleto de obra: andamios, un lateral a medio construir y una estructura metálica provisional para que los periodistas puedan seguir los partidos.

En los despachos también hubo movimiento. Christian Weber llegó desde Fortuna Düsseldorf, donde trabajó 16 años como ojeador y, más tarde, como director deportivo. Heredar el puesto de Book, con su fama de descubrir talento oculto, no era precisamente una tarea sencilla. Weber respondió con una ventana de fichajes llena de matices.

Cerró un golpe notable al fichar al mediapunta de 21 años Maurice Krattenmacher desde Bayern por apenas 2 millones de euros. Manteniendo la línea del club, volvió a explotar el mercado de cesiones: Francis Onyeka desde Bayer Leverkusen, Noah Darvich desde Stuttgart y Noel Futkeu desde Eintracht. Y, como guinda, Elversberg rompió su récord de traspasos para sacar a Cole Campbell de Dortmund por 6 millones. El fichaje que más ruido generó.

Campbell está considerado uno de los grandes proyectos del fútbol estadounidense. El nuevo director técnico, Josef Welzmüller, no esconde sus expectativas: “Es un futbolista fantástico. Muy rápido y fuerte con el balón y en el uno contra uno. Estamos muy, muy seguros de que tendrá una temporada de explosión”, aseguró en agosto a Bulinews.

Welzmüller también dejó claro que nunca se contempló virar hacia un enfoque más defensivo para sobrevivir en la Bundesliga. Wagner, fiel a sus metáforas espaciales, compara el reto con una “misión a Marte”.

“No vamos a hacer nada diferente. La identidad sigue siendo la misma y se basa en tres pilares: ser valientes, ser intensos y ser inteligentes”, explicó a BBC Sport. Esos pilares se vieron más firmes que nunca en la primera jornada.

Estreno de vértigo: Leverkusen, arrollado

Elversberg no se limitó a celebrar el ascenso. Salió a la Bundesliga como si llevara años ahí. Leverkusen, ahora dirigido por Carles Martínez, lo sufrió en carne propia.

A los diez minutos, el marcador ya era 2-0. Primero, Petkov, con un disparo desviado que acabó dentro. Después, Campbell, que se presentó ante la élite con un derechazo brutal, imposible de contener para el guardameta Mark Flekken. El joven de 20 años controló un pase suelto, encaró con una calma impropia de su edad y soltó un tiro feroz. Un aviso de lo que puede ser su temporada.

Nada más arrancar la segunda parte, 25 segundos después del saque inicial, David Mokwa empujó un centro raso de Petkov y puso el 3-0. El partido parecía sentenciado. Leverkusen reaccionó tarde: Patrick Schick y Christian Kofane recortaron distancias, pero el daño ya estaba hecho.

El dato que lo explica todo: Wagner alineó a siete debutantes en Bundesliga en su once inicial. El futbolista con más experiencia en la máxima categoría era Campbell… con solo 10 partidos. Aun así, Elversberg dominó, golpeó y resistió.

“Por suerte, hicimos esto con nuestra afición detrás. Somos pequeños, pero poderosos”, afirmó Wagner después. “Tendremos que seguir jugando un fútbol valiente, porque es la única manera de tener una oportunidad en esta liga”.

Remontada salvaje en Gladbach

La segunda jornada llevó al recién ascendido al siempre intimidante ista-Borussia-Park. Y allí, lejos de encogerse, Elversberg mostró su carácter más salvaje.

Antes de la hora de juego, Gladbach mandaba 3-1. Para colmo, Wagner fue expulsado por protestar el segundo gol local, precedido por un error arbitral al conceder un saque de banda al equipo equivocado. El guion invitaba a la resignación. Elversberg escribió otro.

Desde la grada, el técnico dio instrucciones para los cambios. Krattenmacher entró y tardó un minuto en agitar el partido: cabezazo al larguero, rebote a sus pies y gol para el 3-2. La esperanza volvía.

En el 80’, Felix Heidel dibujó un golpeo perfecto en un libre directo para el 3-3. El estadio enmudeció. El equipo visitante olió la sangre.

Y en el descuento, con el partido roto, Futkeu, otro suplente, encontró a Krattenmacher dentro del área. Definición seca, 3-4 y doblete para el mediapunta recién llegado de Bayern. Una remontada de manual que retrata el espíritu de este grupo.

“Disfruté de la forma en que jugamos al fútbol: simplemente una actuación sensacional de todo el equipo”, valoró Wagner ante los medios. El capitán, Lukas Pinckert, fue igual de contundente: “Íbamos 1-3 abajo, en este estadio, y le dimos la vuelta siendo un equipo recién ascendido. Es algo notable. Somos una unidad, nunca nos rendimos”.

Ahora, Bayern en el horizonte

El próximo capítulo puede ser aún más insólito. Si Elversberg logra lo que parece imposible y vence a Bayern el domingo, podría asaltar el liderato de la Bundesliga, siempre que acompañen otros resultados. Sería entrar en el reino de los sueños.

El espejo inmediato es Schalke, que arrancó un empate sin goles ante Bayern en la última jornada. Pero aquí no habrá autobús aparcado. Ni cinco defensas atrás ni especulación. Elversberg no va a traicionarse.

Welzmüller, muniqués de nacimiento y seguidor de niño del gigante bávaro, entiende mejor que nadie la dimensión del duelo: “Será una locura. [Pero] no tememos a nadie”. Esa frase resume al Dorfverein mejor que cualquier etiqueta.

Un pueblo sin estación de tren. Un estadio medio en obras. Un equipo construido a base de cesiones, apuestas jóvenes y un fútbol sin miedo. Y ahora, a punto de mirar a Bayern a los ojos.

¿Hasta dónde puede llegar este club que, según su propio entrenador, ya ha pisado la luna y se prepara para Marte?