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LDU Quito y Palmeiras: Batalla de penales en la Libertadores

En el aire fino de Quito, el Estadio Rodrigo Paz Delgado fue el escenario de una batalla de 120 minutos que terminó inclinándose en la tanda de penaltis. LDU de Quito y Palmeiras firmaron un 3-2 para los locales en el tiempo reglamentario, pero el 3-4 en la serie desde los once metros selló la clasificación brasileña en estos cuartos de final de la CONMEBOL Libertadores.

Ambos llegaban con credenciales sólidas. LDU, líder de su Grupo G con 12 puntos y una diferencia de gol total de +3 (8 a favor y 5 en contra), había construido una fortaleza en casa: 3 victorias en 3 partidos de fase de grupos, con 7 goles a favor y solo 2 en contra. En el global del torneo, el equipo quiteño promediaba en total 1.3 goles a favor por partido y 1.0 en contra, con una media en casa de 2.2 goles anotados y 1.0 recibido.

Palmeiras, segundo del Grupo F con 11 puntos y una diferencia de gol total de +5 (10 a favor y 5 en contra), se presentaba como un visitante casi perfecto: en la fase de grupos, 1 victoria y 2 empates fuera de casa, con 4 goles anotados y 2 encajados. En el acumulado de la Libertadores, su ataque mostraba una regularidad fría: 1.6 goles de media tanto en casa como en sus desplazamientos, respaldados por una defensa que solo concedía 0.9 tantos por encuentro en total.

Vacíos tácticos y huellas disciplinarias

Gustavo Álvarez apostó por un 3-4-1-2 agresivo, coherente con el perfil de un LDU que, en esta Libertadores, no conoce la derrota en casa y no ha fallado en anotar como local (0 partidos sin marcar en Quito). Sin embargo, el reverso de esa ambición se ve en sus números disciplinarios: las amarillas se concentran entre el 46’ y el 75’, con un pico del 20.83% entre 46’-60’ y un 16.67% tanto en 31’-45’ como en 61’-75’ y 76’-90’. Es un equipo que, cuando el partido se rompe, tiende a ir al límite.

Yerlin Quinonez es el símbolo de esa intensidad. Con 4 tarjetas amarillas en el torneo y 14 faltas cometidas, es un carrilero/defensor que vive en la cornisa: 19 entradas, 9 intercepciones y una presencia constante en duelos (82 disputados, 35 ganados). A su lado, L. Segovia, también presente en el once inicial, suma 3 amarillas y 6 tiros bloqueados, subrayando una zaga que defiende hacia adelante pero que se expone a sanciones.

En el plano ofensivo, LDU llegaba con un arma clara: Michael Estrada, 3 goles y 1 asistencia en la Libertadores, con 23 disparos totales y 8 a puerta. Su rating medio de 6.62 no refleja del todo su peso específico en los metros finales. A su alrededor, J. Corozo, titular como socio de ataque, es uno de los mejores asistentes del torneo con 3 pases de gol, 15 tiros y un 75% de precisión en el pase.

Palmeiras, por su parte, arrastraba una mancha disciplinaria muy concreta: Andreas Pereira, titular en el 3-4-2-1 de Abel Ferreira, llegaba con 1 roja directa en el torneo, producto de una agresividad que se suma a 6 faltas cometidas y 1 amarilla. Además, el equipo brasileño concentra el 33.33% de sus amarillas entre el 76’ y el 90’, y un 16.67% adicional entre 61’-75’. Es decir, sufre y se desordena cuando el partido entra en la zona caliente final.

Duelo de élites: cazadores y escudos

El emparejamiento más evidente estaba en la delantera de Palmeiras. J. Arias, uno de los grandes nombres de la competición, se presentó en Quito con 3 goles, 2 asistencias, 21 remates (11 a puerta) y 24 pases clave, además de un 87% de precisión en el pase. Su influencia se multiplica en la media punta del 3-4-2-1, atacando los intervalos entre centrales y carrileros de LDU.

A su lado, J. López, también con 3 goles y 4 asistencias, es un “9” moderno: 149 duelos totales, 77 ganados, 37 regates intentados y 22 exitosos. Su doble condición de máximo asistente y goleador lo convierte en el verdadero “cazador” del sistema de Ferreira. Frente a él, el “escudo” quiteño lo formaban Ricardo Ade, Segovia y Richard Alexander Mina Caicedo en esa línea de tres. Ade y Segovia, en particular, se apoyan en una salida de balón relativamente limpia (Segovia con un 86% de acierto en el pase en el torneo) pero se ven obligados a defender muchos metros hacia atrás ante un delantero que no solo ataca el área, sino también los espacios laterales.

En la otra área, Estrada y Corozo buscaron castigar a una defensa paulista que, aunque sólida (9 goles en contra en 10 partidos totales), ha tenido que recurrir a la experiencia y al riesgo. G. Gómez, uno de los referentes defensivos del torneo aunque no alineado en este partido, ilustra el modelo: 3 amarillas, 6 tiros bloqueados y 7 intercepciones, un central que vive de anticipar y cortar. En Quito, esa función recayó en el trío Murilo–Bruno Fuchs–A. Barboza, protegidos por un doble pivote de trabajo como Marlon Freitas y Lucas Evangelista.

En la sala de máquinas se libró otra batalla clave. LDU, con un cuadrado central formado por M. Weigandt, J. Rodríguez, Sebastián González Baquero y Quinonez, buscó ensanchar el campo y liberar a L. Rodríguez como enganche por detrás de los dos puntas. Palmeiras respondió con la creatividad de Andreas Pereira y la capacidad de ruptura de Arias, más la amplitud de J. Piquerez y A. Giay. Era un choque entre un mediocampo de recorrido largo y uno de control y pausa.

Pronóstico estadístico y veredicto táctico

Si se proyectaba el partido antes del pitazo inicial, los números sugerían una ligera inclinación hacia un marcador corto y muy competido. LDU, con 13 goles a favor y 10 en contra en total, y Palmeiras, con 16 anotados y 9 recibidos, dibujaban un escenario de xG equilibrado: ataque local potente en casa (2.2 goles de media) contra una defensa visitante que, en sus desplazamientos, apenas concede 1.0 tanto por encuentro.

El historial de penaltis también pesaba en la lectura previa. LDU había tenido 5 penas máximas en el torneo, con solo 3 convertidas y 2 falladas (40.00% de errores), un dato que avisaba de fragilidad en una hipotética tanda. Palmeiras, en cambio, llegaba con 7 penales totales, 6 anotados y solo 1 fallado (14.29% de error), una ventaja psicológica y estadística que terminaría siendo decisiva.

Tácticamente, el cruce de picos temporales era claro: LDU, que concentra buena parte de sus amarillas y esfuerzos físicos entre 46’ y 75’, tiende a jugar al límite tras el descanso, mientras Palmeiras sufre más en el tramo final, donde ve el 33.33% de sus amarillas entre 76’ y 90’ y ha recibido 2 rojas entre 61’ y 75’. La prórroga, en un contexto así, favorecía a quien mejor gestionara la energía y las emociones.

El 3-2 en los 90 minutos confirmó el ADN de ambos: LDU, voraz y vertical en Quito; Palmeiras, resiliente y con pegada suficiente para sobrevivir. La tanda de penaltis, donde la estadística ya había hablado, inclinó la balanza hacia los brasileños. Desde el punto de vista táctico y de datos, la eliminatoria terminó premiando al equipo con la estructura más estable y la relación más fiable con las áreas: Palmeiras, capaz de resistir el asedio en altura y de ejecutar con frialdad desde los once metros.