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Luis Binks: El central que aprendió con Thierry Henry

Entre palmeras en La Manga, cuartel general de la selección escocesa estos días, Luis Binks se sienta y su historia desentona con el paisaje. No por oscura, sino por lo extraña. A sus 25 años, el capitán de Brondby llama con fuerza a la puerta de Escocia antes del amistoso del sábado ante Eslovenia. La lesión y posterior salida del equipo de Grant Hanley y John Souttar desde la llegada de Sebastien Pocognoli han abierto un hueco en el centro de la zaga. Él quiere ocuparlo.

Con un abuelo de Dunbar, Binks forma parte del grupo de ocho futbolistas sin estrenar que el nuevo seleccionador ha incluido en su primera lista. Ocho caras nuevas. Ocho biografías por descubrir. La suya viaja de Tottenham a Montreal, de la academia a un hotel de cinco estrellas vacío en plena pandemia.

De la burbuja del Tottenham a la aventura

Binks creció en el sistema formativo de Tottenham. Entró siendo un niño y fue subiendo peldaños hasta rozar el primer equipo. Pero no le bastaba.

«Había estado en Tottenham desde muy joven, pero solo quería jugar fútbol de primer equipo. Eso era lo más importante para mí, no quedarme atrapado en todo el sistema de juveniles. Siento que, si te quedas atrapado ahí, no es fútbol real. Quería ponerme a prueba», recuerda.

Ese deseo le llevó a cruzar el Atlántico. Febrero de 2020, firma por Montreal Impact en la MLS. Tiene 18 años. Cambio de país, de idioma, de fútbol. Y de jefe: su entrenador se llama Thierry Henry.

El plan parecía claro. Minutos, aprendizaje, un técnico legendario al otro lado de la banda. Entonces llegó marzo. Llegó el Covid. Y el fútbol, como el resto del mundo, se paró en seco.

Un Ritz vacío, dos inquilinos y muchas lecciones

Binks aún no había encontrado apartamento en Montreal. Vivía en un hotel. Henry, en otro. Hasta que el suyo cerró.

«Yo estaba en un hotel y Thierry en otro. El mío lo cerraron. Él se quedaba en el Ritz solo. Querían moverme a un hotel cerca del aeropuerto y yo no quería ir porque allí no había nada. Se sentía casi como una prisión», relata.

En plena incertidumbre, suena el teléfono.

Un día recibe la llamada de Henry: «¿Quieres venirte donde estoy yo? Puedes ir a otra planta». El Ritz-Carlton, cinco estrellas, 129 habitaciones. Solo dos huéspedes: Thierry Henry y Luis Binks.

El escenario roza lo irreal. Un adolescente inglés y una leyenda mundial compartiendo pasillos vacíos, silencios de hotel de lujo y largas conversaciones de fútbol.

«Salía a correr por la mañana y él estaba sentado en recepción, solo. Cuando volvía, seguía ahí. Pasaba unas horas con él, intentando absorber todo lo que pudiera», cuenta el defensa.

Las escenas se suceden como si fueran de ficción. Una noche, Binks está en su habitación, jugando a la PlayStation. Otra vez, el móvil.

Henry le propone algo tan mundano como imposible de imaginar en otro contexto: «¿Quieres ir a por una pizza?». Y allí van, los dos, dando vueltas en coche por Montreal, buscando una pizzería abierta en una ciudad semivacía.

«Es un poco surrealista, pero así era», admite Binks. Lo cuenta ahora con naturalidad, como si hablara de cualquier compañero. Pero no lo era.

«Lo digo ahora como si fuera cualquiera, pero hay un aura enorme alrededor de él. Estaba nervioso en ese momento», reconoce.

Sol Campbell, la referencia y el espejo

El joven central no desaprovechó la oportunidad. Con el miedo escénico controlado, empezó a preguntar. Quiso saber quién había sido el mejor defensa con el que Henry había jugado. Y el mejor al que se había enfrentado. Y, sobre todo, por qué.

No recuerda cada detalle de aquellas charlas. Sí una figura que se repitió: Sol Campbell.

«Siempre recuerdo que hablaba de Sol Campbell y de lo que le hacía grande, y de cómo yo podía mejorar como defensor», explica.

En esas tardes de hotel vacío, Henry diseccionaba virtudes, corregía defectos, marcaba caminos. Binks escuchaba. Tomaba nota mental. Y se preparaba, sin saberlo, para el siguiente paso de su carrera.

Lo resume con una frase sencilla, sin adornos: «Le debo mucho porque me dio mi primera oportunidad en el fútbol profesional».

De Montreal a Escocia

Hoy, aquel chico que corría por los pasillos del Ritz mientras el mundo se detenía es capitán de Brondby y uno de los nombres nuevos en la etapa Pocognoli con Escocia. La trayectoria no ha sido lineal, ni tranquila. Tampoco lo fue su aprendizaje.

Entre Dunbar y Montreal, entre Tottenham y La Manga, Binks llega a esta convocatoria con una mezcla de recorrido y hambre. Ya sabe lo que es dejar la comodidad de una gran academia, mudarse de continente y aprender del aura de un campeón del mundo en un hotel vacío.

Ahora busca algo más sencillo de explicar, pero igual de difícil de conseguir: un debut con Escocia y un sitio estable en el corazón de la defensa. El resto de la historia, esta vez, no se escribirá en un Ritz, sino sobre el césped.