Manchester United de Michael Carrick: Cambios en el Gasto de Fichajes
Hay una tabla que lidera el Manchester United de Michael Carrick y, esta vez, es la que de verdad importa. Desde que el técnico asumió el cargo en enero, nadie ha sumado más puntos en la liga. Durante los últimos 13 años, sin embargo, el club se había acostumbrado a mandar en otra clasificación muy distinta: la del gasto en fichajes. Ahora, en plena era Carrick, el United se asoma a una mediocridad de mitad de tabla… pero en el mercado.
Cuando se cerró la ventana, los datos de Transfermarkt situaban al United en la parte baja de la tabla de gasto. Desembolsó 148 millones de libras, que podrían subir hasta 155, todos en centrocampistas. Ningún otro fichaje de un jugador sénior. Mientras tanto, el vecino ruidoso, el Manchester City, superó los 400 millones. Chelsea y Tottenham pasaron de los 300. Newcastle, Aston Villa, Liverpool y Arsenal rebasaron los 200. En un llamativo undécimo puesto, el United fue superado incluso por los recién ascendidos Ipswich y Hull.
Austeridad a la manera de Old Trafford
Carrick no es de los que disparan contra su propio club. Al contrario. Insiste en que está satisfecho con las incorporaciones, aunque falte ese lateral izquierdo extra que casi todos daban por imprescindible, o un delantero más, que muchos reclamaban. La pregunta, entonces, no es tanto por los que han llegado, sino por los que no han llegado. El propio Carrick dejó caer la idea.
“Desde luego, con los jugadores que hemos incorporado al grupo estoy absolutamente encantado”, explicó. “Creo que hemos hecho muy buenos negocios por la calidad y el nivel de futbolistas que hemos traído. Siempre puedes mirarlo y pensar que había otras cosas que podías hacer o que quizá se podrían haber hecho”.
La sensación es que, en realidad, el United no podía hacerlas. Al menos no al nivel más alto del mercado. El club recibió la oferta de Rayan Ait-Nouri cedido el último día de mercado. Y, por mucho que gustara Lewis Hall, resultaba casi imposible comprarlo este verano, incluso si Newcastle hubiera estado dispuesto a vender.
Demasiados factores se cruzaron en el camino. Uno, recurrente: la incapacidad del United para dar salida a los descartes. No fue culpa del club que Manuel Ugarte se lesionara en el Mundial, pero la planificación inicial del verano incluía la idea de ingresar dinero por el uruguayo, por Andre Onana y por Joshua Zirkzee. Al final, el delantero sigue en Old Trafford y el portero ha tenido que regresar cedido al Trabzonspor. Quizá, con el tiempo, el United termine agradeciendo que el Barcelona no ejecutara la opción de compra sobre Marcus Rashford: los 26 millones de libras pactados pueden acabar pareciendo ridículos, y el delantero mancuniano, a diferencia de otros, sí tiene condiciones para asentarse como titular.
El club podía imaginar un extra de 50 millones en ventas, quizá incluso rozar los 100. La realidad fue otra. La única cantidad significativa que entró en caja procede del acuerdo por Rasmus Hojlund con el Napoli, cerrado en 2025. Sin esa operación, solo el Coventry habría recaudado menos por traspasos que el United. En la clasificación de gasto neto, la foto cambia algo: Aston Villa y Chelsea cerraron el verano con beneficios y, durante buena parte del mercado, el Newcastle apuntaba en la misma dirección. El United, en cambio, aparece como una anomalía frente a clubes que comercian sin parar.
También parece un club de otra época en otros frentes. La inflación en el precio de los traspasos roza lo absurdo, pero da la impresión de que esta vez pilló al United a contrapié. Mediocentros muy del gusto de la dirección deportiva, como Elliot Anderson o Mateus Fernandes, se dispararon hasta cifras desorbitadas. El United no pudo entrar en esa puja.
Si en Old Trafford se habla de una especie de “crisis de crédito”, mucho tiene que ver con el pasado reciente. Las enormes pérdidas generadas por operaciones como las de Antony y Casemiro empiezan a pasar factura. Incluso con el fichaje a precio de ganga de Senne Lammens el verano pasado, persiste la duda de si el club pagó por encima de su valor real por, al menos, parte del trío ofensivo de 200 millones formado por Bryan Mbeumo, Mateus Cunha y Benjamin Sesko. Año tras año, las cuentas del club reflejan las decenas de millones adeudadas a otros equipos por traspasos pendientes. Y, por encima de todo, siguen ahí los intereses anuales para atender la deuda que los Glazer cargaron sobre la entidad.
El ciclo de Ruben Amorim también dejó cicatrices en el balance. No solo por los 11 millones de euros de compensación que recibió el Sporting CP, sino por el coste de seguir pagando al técnico portugués tras su destitución. Acabar la Premier League 2025 en el puesto 15 redujo al mínimo el premio económico. Disputar solo 40 partidos oficiales la temporada pasada —con la eliminación en la Carabao Cup ante el Grimsby bajo el mando de Amorim y la caída en la FA Cup frente al Brighton con Darren Fletcher en el banquillo— recortó todavía más los ingresos.
El resultado es un proyecto de reconstrucción con presupuesto ajustado. Youri Tielemans llegó gracias a una cláusula de rescisión de 35 millones de libras, 90 menos que los que pagó otro club por Enzo Fernandez. Andrey Santos costó 77 millones menos que su antiguo compañero del Chelsea, pese a que el brasileño apenas tenía minutos en Stamford Bridge mientras el argentino era indiscutible. Con 65 millones iniciales, Carlos Baleba fue el más caro del trío, pero aun así solo figura como el décimo fichaje más elevado de la Premier League este verano.
El United ha cambiado de tabla. Ya no lidera la del gasto, pero manda en la que se decide en el césped. La cuestión es cuánto tiempo podrá sostener esa cima con un cinturón cada vez más apretado.
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