Mourinho y su derrota ante el Betis: El regreso de Troy Parrott
El segundo ciclo de Jose Mourinho en el banquillo del Real Madrid venía lanzado. Tres jornadas, tres victorias en LaLiga, cuatro goles a la Real Sociedad, cuatro al Málaga, sensación de rodillo y un mensaje claro al resto del campeonato. Hasta que llegó Sevilla. Hasta que apareció el Real Betis de Manuel Pellegrini. Y, sobre todo, hasta que reapareció un viejo conocido del técnico portugués: Troy Parrott.
En La Cartuja, el proyecto de Mourinho sufrió su primer frenazo serio. El Betis se impuso 1-0, Kylian Mbappé falló un penalti en los minutos finales y el Madrid se marchó con la sensación de haber chocado contra algo más que un buen planteamiento rival. Chocó contra su propio pasado.
El momento decisivo: Parrott irrumpe en LaLiga
El gol que decidió el partido llegó en el tramo más cruel, a nueve minutos del final. Saque de esquina desde la derecha botado por Pablo Fornals, cabezazo potente de Nelson Deossa y una parada espectacular de Thibaut Courtois. Hasta ahí, todo respondía al guion habitual: el portero sosteniendo al Madrid en un escenario incómodo.
Pero el rebote cayó donde no debía. Troy Parrott atacó la segunda jugada con una determinación feroz y reventó el balón, alto, imparable, al fondo de la red. Gol. Estallido verdiblanco. Silencio blanco.
Así se presentó el delantero irlandés en LaLiga, con su primer tanto en el campeonato español. Betis apostó por él después de sus 20 goles en las dos últimas temporadas con AZ en la Eredivisie. Un fichaje trabajado, con datos y proyección. Pero la historia de Parrott no empieza en Países Bajos. Empieza en Londres. Empieza con Mourinho.
De Tottenham a La Cartuja: la lección que volvió como un boomerang
Parrott se formó en la cantera del Tottenham y debutó en la Premier League en 2019. ¿Quién le dio esa primera oportunidad? Jose Mourinho. Aquel contexto era muy distinto: una plaga de lesiones dejó a los Spurs sin delanteros y el irlandés se convirtió en la única referencia sana en la plantilla.
La presión mediática fue inmediata. La grada pedía minutos para el chico. El debate se encendió. Sin embargo, Mourinho decidió frenar. Le negó un papel protagonista y lanzó un mensaje público que hoy resuena con fuerza después de lo ocurrido ante el Madrid.
El técnico explicó que Parrott debía entender su lugar en el proceso formativo, que no podía creerse “demasiado bueno” para jugar con el equipo sub-23. Detalló que, cuando bajaba con los jóvenes, lo hacía con la actitud equivocada, como si no tuviera nada que demostrar.
“Cada vez que juegas con los chicos de tu edad, tienes que mostrarles por qué eres el privilegiado”, le dijo Mourinho, según recordó entonces. El portugués insistió en que el delantero no podía ir a las categorías inferiores con descontento o desprecio. Era parte del camino, no un castigo.
Mientras el ruido crecía en torno a su nombre, el entrenador lanzó otra imagen muy suya: habló de un aficionado detrás del banquillo que no paraba de gritar “Play Troy, play Troy”, convencido de que ni siquiera conocía realmente al futbolista del que hablaba.
Poco después, la pandemia de coronavirus interrumpió la temporada y cortó de raíz cualquier opción de que Parrott se asentara en el primer equipo del Tottenham. Al curso siguiente, el club lo envió cedido al Millwall, inicio de una cadena de préstamos que lo fue moldeando lejos de los focos de la Premier.
Parrott escucha, aprende y devuelve el mensaje
En agosto de 2020, ya como jugador del Millwall, Parrott habló sobre aquellas palabras de Mourinho. Nada de rencor. Al contrario. Las interpretó como una guía.
Reconoció la autoridad de su antiguo entrenador: un técnico que “lo ha hecho casi todo en el fútbol” y cuya crítica debía contener, por fuerza, algo de verdad. Aceptó que tenía que “encajarlo”, bajar la cabeza en los entrenamientos y trabajar. Que el préstamo era una oportunidad para mejorar y dar el siguiente salto.
El delantero explicó que mantuvo conversaciones con el cuerpo técnico y con compañeros para entender qué debía cambiar, qué aspectos pulir. Y subrayó un punto clave: Mourinho había trabajado con algunos de los mejores delanteros de la historia reciente. Escuchar sus consejos, por duros que parecieran, era un privilegio.
Aquella “ayuda” terminó de cuajar lejos de Londres, luego en Países Bajos y, finalmente, en Sevilla, una noche de verano, con la camiseta del Betis y un disparo que tumbó al Real Madrid.
Un viejo profesor, una nueva realidad
El guion es cruel para Mourinho. El entrenador que pidió paciencia con Parrott y que le exigió humildad en sus primeros pasos vio cómo ese mismo jugador, ya maduro y con colmillo, golpeaba sus aspiraciones ligueras en España.
El Madrid llegaba lanzado, con Mbappé como bandera y una pegada temible. Pero el Betis de Pellegrini supo resistir, castigar y esperar el momento. Ese instante llegó con un córner, una parada de Courtois y un irlandés que no desaprovechó la ocasión de presentarse en LaLiga a lo grande.
La noche dejó una imagen poderosa: el alumno que un día fue frenado para aprender a sufrir, a competir y a respetar los escalones, se convirtió en el hombre que firmó la primera gran herida del proyecto liguero de su antiguo maestro.
El resto del campeonato dirá si este golpe fue solo un tropiezo o el primer síntoma de algo más profundo. Pero el nombre que queda grabado en La Cartuja es claro: Troy Parrott. Y Mourinho sabe exactamente de dónde salió.
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