El muro de Arteta y el cañón de Chelsea
El domingo, en el Emirates Stadium, se cruza lo irresistible con lo casi impenetrable. El ataque más productivo del inicio de la temporada contra la defensa más férrea. Chelsea llega con siete goles en dos partidos. Arsenal, con el marcador defensivo intacto: ni un solo tanto encajado, exactamente donde lo dejó en mayo.
No es el único equipo con dos porterías a cero. Hull también ha encadenado dos partidos sin recibir gol, desafiando todos los pronósticos. Pero el camino ha sido muy distinto. Hull ha vivido aferrado a las manos de Konstantinos Tzolakis. Arsenal, en cambio, casi ni ha necesitado a David Raya.
Un dato lo resume: el único disparo a puerta que ha tenido que detener Raya fue un cabezazo de Jack Rudoni. Nada más. Para un portero que fue clave en el éxito del curso pasado, su papel hasta ahora ha sido casi contemplativo. La maquinaria defensiva que protege su área, en cambio, sigue a pleno rendimiento.
Desde el inicio de la pasada temporada en la Premier League, Arsenal ha permitido menos de 0,50 goles esperados en 20 de sus últimos 40 partidos, incluyendo los dos primeros de esta campaña. La cifra asusta. Ningún otro equipo se le acerca: Liverpool es el siguiente en la lista… con solo ocho encuentros así. El subcampeón del curso pasado, Manchester City, apenas lo ha logrado dos veces. Chelsea suma cuatro.
Mientras la grada del Emirates se lamenta, con razón, por la falta de refuerzos ofensivos en el mercado, los números señalan una realidad contundente: sin balón, el campeón juega otra liga.
Y todo esto, además, sin su mejor defensor. La ausencia de William Saliba, y también la de otro titular como Jurrien Timber, apenas ha hecho ruido en estas primeras jornadas. El club se ha gastado mucho dinero en cubrirse las espaldas, pero de momento esas alternativas casi no han sido necesarias.
Ezri Konsa, por ejemplo, solo ha disputado 11 minutos. El que ha dado un paso al frente es Cristhian Mosquera, sólido al lado de Gabriel en el centro de la zaga, con Ben White ocupando el lateral derecho. En el medio, la llegada de Bruno Guimarães añade músculo, control y fondo de armario, aunque Arteta también le está dosificando.
El verdadero secreto no está en los nombres, sino en la estructura. En la idea. Antes de estas dos primeras jornadas, el cuarteto defensivo formado por White, Mosquera, Gabriel y Riccardo Calafiori no había arrancado nunca un partido juntos en la Premier League. Y, sin embargo, se comportan como una línea que lleva años repitiendo automatismos.
Esa solidez es la base de la esperanza de Arsenal para defender su corona liguera. Y ahora llega el examen más exigente: un Chelsea desatado de cara a puerta.
Rogers, la bala que se escapó
El choque frente al equipo de Xabi Alonso también ofrecerá a Arsenal una visión dolorosa de lo que pudo ser en el otro extremo del campo. Antes de sus intentos fallidos por Vinicius Junior y Julián Álvarez, el objetivo fue Morgan Rogers. El desenlace ya se sabe: eligió Chelsea.
Su actuación en el 4-3 ante Brighton, vista desde la tribuna de prensa de Stamford Bridge, a pocos metros del banquillo, explicó por qué tantos clubes se pelearon por él. Potencia, zancada, precisión. Y una sensación constante de amenaza.
Rogers partió desde la izquierda, justo la zona donde Arsenal se ha quedado corto de efectivos. Desde ahí, se inventó la jugada del segundo gol: arrancada, dos defensores superados y asistencia. Más tarde, un giro y un pase filtrado que encendieron la transición que acabó en el tercero. Dos acciones que condensan su mezcla de físico y técnica. No fueron las únicas. Ya había dejado detalles en el debut frente a Fulham.
El precio, 117 millones de libras, levantó cejas. Él parece decidido a justificar cada una. Lleva ya un gol y una asistencia. Solo Bruno Fernandes, de Manchester United, le supera en la suma de disparos y ocasiones creadas en estas dos primeras jornadas.
No sorprende ver justo detrás a sus socios de ataque: Cole Palmer y João Pedro, los otros dos integrantes del tridente de Chelsea. El reto, ahora, es mantener ese nivel contra una defensa de élite. Para Rogers, el aliciente es doble: enfrente estará el club que no logró ficharle.
Egan, el bombero silencioso de Hull
Volvamos a Hull y a ese arranque impecable atrás. El foco, con justicia, se ha posado sobre Tzolakis. El guardameta ha repelido disparos con un valor acumulado de 1,92 goles esperados, el mejor registro subyacente de cualquier portero en estas dos primeras jornadas de Premier League. Pero sería injusto dejar fuera de la foto a John Egan.
El central, de 33 años y con pasado en Sheffield United, podía pensar que sus días en la élite inglesa se habían acabado antes del sorprendente ascenso de Hull. Esta semana, el club le ha ofrecido un nuevo y mejorado contrato, igual que a otros cinco compañeros. Se lo ha ganado.
Sus cifras son brutales. En la victoria ante Manchester United, en la primera jornada, firmó 17 despejes. En la siguiente, contra Coventry, añadió otros 10. Promedia 13 por partido. Nadie se acerca a ese volumen en toda la división.
No es fútbol de seda. Es supervivencia. Pero funciona. Hull se agarra a esa contundencia de Egan y a las manos de Tzolakis para sostenerse. El domingo, contra Aston Villa, necesitará más de lo mismo.
Barry, solo ante el peligro
Mientras tanto, en Liverpool, otro foco se enciende sobre un nombre muy distinto: Thierno Barry. Everton afronta su duelo ante Manchester United con un único delantero centro disponible. Solo uno.
La venta de Beto y los intentos fallidos por Richardson y Folarin Balogun han dejado al equipo desnudo en ataque tras una ventana de fichajes para olvidar. Todo el peso del gol recae ahora en Barry. Sin red, sin relevo, sin competencia.
El calendario no espera. Tampoco la tabla. Entre un campeón que blinda su área, un aspirante que ha encontrado en Rogers una nueva estrella y un recién ascendido que se defiende a despejes y paradas, la Premier League vuelve a demostrar su brutalidad: aquí no hay margen para relajarse. Solo para resistir. O para atacar sin mirar atrás.
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