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Olwethu Makhanya y su camino en Rangers: el apoyo de su madre

Olwethu Makhanya habla con la serenidad de quien ya ha pasado por la duda más grande. Antes de asentarse en la defensa de Derek McInnes tras su llegada desde Philadelphia Union este verano, el sudafricano estuvo a un paso de abandonar el fútbol. Y no fue un entrenador ni un agente quien le cambió el rumbo. Fueron sus padres.

El defensa de 22 años dejó su casa con solo 16 para probar suerte en Johannesburgo. Primera vez lejos de la familia, primeras puertas cerradas. El sueño empezaba a resquebrajarse.

“Me fui de casa por primera vez, lo intenté, pero las cosas no iban bien”, recordó. “Llamé a mi madre un día. Le dije: ‘Solo quiero volver, quizá centrarme en los estudios porque quizá el fútbol no es para mí’”.

La respuesta al otro lado del teléfono le marcó. “Lo que ella me dijo fue: ‘Te fuiste de aquí diciéndome que ibas a jugar al fútbol, así que quiero que hagas eso’. Tenía que seguir adelante hasta que las cosas se hicieran realidad para mí”.

Ese empujón acabó llevándole a Stellenbosch, donde comenzó a construir la carrera que hoy le ha llevado a Rangers. Y ahora, en Ibrox, ese chico que pensó en rendirse se ha convertido en pieza clave de una zaga en plena racha.

Un muro en la racha liguera

Makhanya se ha integrado con naturalidad en la línea defensiva de McInnes. Nada de adaptación lenta: cuatro victorias consecutivas en liga y solo un gol encajado en ese tramo. Cifras que hablan de solidez, pero también de carácter.

El propio central lo ve como un síntoma de algo más profundo dentro del vestuario, especialmente después del triunfo agónico a mitad de semana ante St Mirren.

“Creo que esa victoria destaca que el grupo es fuerte mentalmente”, explicó. “Eso muestra mucha mentalidad y carácter por parte de los chicos”.

Para él, la clave está en lo que no se ve. “Va a ser muy importante mantenernos juntos. Creo que muestra mucha unión y es algo en lo que hemos estado trabajando fuera del campo”.

Esa cohesión será puesta a prueba de inmediato. El domingo, Rangers recibe a Celtic en los cuartos de final de la League Cup. No es un partido más. No para el club. No para la ciudad. Y desde luego, no para un joven central que nunca ha vivido algo de esta magnitud.

El primer Old Firm, de frente

Makhanya no lo esconde: jamás ha jugado un encuentro del tamaño de un Old Firm. Y eso, lejos de intimidarle, le enciende.

“Creo que todos entienden lo que este partido significa para el club, para los aficionados y para todos”, afirmó. “Estoy muy emocionado y con muchas ganas”.

Sabe que el ambiente será extremo. Lo dice casi con una sonrisa anticipada: “Solo sé que va a ser un partido muy apasionado. Honestamente, espero un partido realmente, realmente loco por parte de los aficionados”.

En medio del ruido, su mensaje es claro: trabajo y responsabilidad. “Solo tenemos que intentar hacer nuestro trabajo y cumplir porque sabemos que los aficionados van a estar detrás de nosotros. Vamos a usarlos como motivación y también entender que lo hacemos por ellos. Van a ser muy importantes para nosotros”.

De aquel adolescente que quería volver a casa y dejarlo todo al central que se prepara para su primer Old Firm como uno de los pilares de una defensa en forma, el viaje de Makhanya se sostiene sobre una idea sencilla: no rendirse cuando más apetece hacerlo.

El domingo, en un Ibrox encendido, sabrá si aquella llamada a su madre cambió solo su carrera… o también el rumbo de una temporada entera.

Olwethu Makhanya y su camino en Rangers: el apoyo de su madre