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Rebelión europea contra FIFA: el boicot se vuelve realidad

El fútbol de selecciones se asoma a un abismo que hace apenas unas semanas parecía impensable: un boicot real, organizado y encabezado por Inglaterra y varias federaciones europeas a las competiciones de FIFA. No es un globo sonda. Es un escenario que, a día de hoy, sigue sobre la mesa.

El detonante llegó con la última maniobra de Gianni Infantino. El presidente de FIFA impulsó un plan para crear una nueva filial destinada a gestionar y vender participaciones significativas en los grandes activos comerciales del organismo, incluida la joya de la corona: la Copa del Mundo. La idea, filtrada y contestada con dureza, terminó por derrumbarse el viernes por la noche. Pero el daño político ya estaba hecho.

UEFA marca la línea roja

Desde Nyon, el mensaje fue helador. Un portavoz de UEFA, en declaraciones a Sky News, recordó que las asociaciones europeas habían sido cristalinas al fijar las condiciones para no romper con las competiciones de FIFA: primero, la retirada de las propuestas para vender los grandes torneos; después, garantías firmes de que no se volvería a intentar algo que, en su visión, “desfigura” el juego.

Nada de eso, sostienen, se ha cumplido.

El portavoz fue más allá y remarcó que UEFA ya había dejado claro el sábado que ha perdido la confianza en la presidencia de Gianni Infantino. Esa postura, insistió, no ha cambiado. El intento de blindarse con apoyos internos tampoco ha calmado el fuego: el anuncio de que personas empleadas por el propio presidente de FIFA —y cuya carrera depende de su favor— respaldan su línea “no cambia nada”, sentenció el organismo europeo.

La fractura ya no se disimula. Se exhibe.

La carta de Zurich: disculpas, pero sin ceder el poder

Con la rebelión creciendo, Infantino y el secretario general de FIFA, Mattias Grafstrom, se vieron obligados a mover ficha. Firmaron una carta conjunta dirigida a las federaciones con un tono poco habitual en Zurich: reconocimiento de errores, disculpas y una promesa de revisión interna.

“Pedimos sinceras disculpas por estos errores y nos comprometemos a que no vuelvan a ocurrir”, se lee en el texto, que admite también fallos en la gestión posterior a la filtración del proyecto a los medios. FIFA anuncia una revisión “necesaria” y un informe para el próximo Consejo de FIFA.

Sin embargo, donde Europa reclama una remodelación profunda del liderazgo, la carta se queda corta. No hay ni rastro de una apertura a cambios en la cúpula. No hay cesiones estructurales. Hay arrepentimiento por la forma, no por el fondo.

Y ahí, precisamente, se mantiene el choque.

FIFA se defiende y se atrinchera

Mientras ofrece esa rama de olivo, FIFA levanta el escudo legal. Defiende la plena legalidad del plan abortado, avisa contra nuevas filtraciones de información confidencial y reivindica que todo lo hecho encaja en sus propios estatutos.

Con el proyecto ya retirado, la dirección en Zurich avisa: no tolerará más “ataques” a su integridad, a su buen gobierno ni a su debido proceso, y promete tomar “todas las medidas necesarias” para proteger su nombre y su reputación. El mensaje es claro: el plan ha muerto, pero la batalla por el relato apenas empieza.

La comunidad futbolística, especialmente en Europa, ha reaccionado con indignación ante la sola idea de trocear comercialmente la Copa del Mundo. Para muchos dirigentes, el episodio no es un simple desliz comercial, sino una señal de rumbo: un modelo de negocio que amenaza con colonizar el corazón mismo del fútbol de selecciones.

El boicot, de la teoría al calendario

Las consecuencias pueden materializarse en cuestión de semanas. Inglaterra, una de las voces más firmes en este pulso, ve cómo sus selecciones, desde la base hasta la absoluta, quedan atrapadas en la línea de fuego.

El primer gran punto de fricción ya tiene fecha y torneo: el Women's U20 World Cup. Inglaterra ha anunciado ya una prelista de entrenamiento para la cita, pero la amenaza de no presentarse sigue viva. Si la disputa no se resuelve, el campeonato podría convertirse en el primer escaparate de un boicot histórico.

Y eso sería solo el principio.

Más adelante, el calendario internacional de selecciones absolutas presenta un obstáculo aún mayor para Infantino: los play-offs de clasificación para el Women's World Cup 2027, previstos para octubre, con Inglaterra, Escocia, Gales, Irlanda del Norte y la República de Irlanda implicadas.

Si esas selecciones deciden plantarse, la próxima Copa del Mundo femenina nacería mutilada. Y, con ella, la autoridad de FIFA.

En el fondo, la pregunta ya no es si Europa está dispuesta a llevar el pulso hasta el final. La verdadera incógnita es cuánto está dispuesto a arriesgar Infantino antes de que el balón deje de rodar en sus propias competiciones.