Sergio Conceição sobre su paso por el Milan: "El entrenador no es el problema"
Sergio Conceição no guarda especial cariño de su paso por el banquillo del Milan. Y no se corta al advertir a su compatriota Rubén Amorim de lo que le espera en San Siro.
“Le mando un gran abrazo y le deseo suerte en este nuevo camino, que no será nada fácil, sobre todo por el ambiente en el club. Hay mucha presión, la gente piensa que debe ganar la liga y la Champions todos los años”, lanzó el técnico portugués, ahora analista invitado en la cobertura de la Champions en DAZN Portugal.
Un título inmediato… y un octavo puesto que pesa
Conceição aterrizó en el Milan en la segunda mitad de la temporada 2024-25. El impacto inicial fue fuerte: en sus dos primeros partidos ya levantó la Supercoppa Italiana. Parecía el comienzo de una historia distinta.
Pero el relato se torció rápido. El equipo se desplomó en Serie A y terminó en un pobre octavo puesto, fuera de cualquier competición europea para la campaña 2025-26. Ese es el recuerdo que se ha quedado en la grada de San Siro: un trofeo menor, sí, pero una clasificación liguera impropia del escudo.
“Estuve en Milan seis meses y las cosas fueron… no diría bien, pero conseguimos ganar una Supercopa y llegar a la final de la Coppa Italia”, recordó el luso. La imagen de aquel 14 de mayo de 2025 en el Olímpico de Roma, caminando junto al trofeo de la Coppa Italia tras perder la final ante Bologna, resume bien la mezcla de oportunidad y frustración de su etapa.
Allegri tampoco encontró la solución
Tras su salida, el club apostó por un perfil diametralmente opuesto: Massimiliano Allegri tomó las riendas para 2025-26, con un calendario despejado de compromisos europeos y una plantilla que había llegado a ocupar la segunda plaza durante tramos largos del curso.
Ni así. El Milan terminó quinto en la Serie A, muy lejos de las expectativas que rodean siempre al club. El día después del final de la temporada, la guillotina cayó sin contemplaciones: Allegri fue despedido, igual que el director deportivo Igli Tare, el director técnico Geoffrey Moncada y el CEO Giorgio Furlani.
Para Conceição, esa purga en cadena es una prueba más de que el problema no se resuelve cambiando solo el nombre del entrenador.
“Se ha confirmado que el entrenador no es el problema. Obviamente, asumo mi parte de culpa y no quiero escapar de mis responsabilidades, pero ahora hemos visto caer a Allegri y a toda la dirección”, subrayó.
La presión de un gigante que vive del pasado
El mensaje de Conceição conecta directamente con un dato que el propio Rubén Amorim ya había puesto sobre la mesa: “Amorim mencionó recientemente que Milan ha ganado dos ligas en 20 años y es verdad. Uno de sus dos trofeos más recientes es mío”, dijo, en referencia a aquella Supercoppa Italiana.
Ahí está el nudo de la cuestión. Un club con una historia gigantesca, un estadio que respira grandeza y una afición que sigue exigiendo títulos de Serie A y Champions League como si fueran una obligación anual. La realidad, en cambio, muestra un palmarés reciente mucho más modesto y una inestabilidad estructural que se lleva por delante proyectos y entrenadores.
Conceição no se esconde: admite que su etapa no fue un éxito, pero reclama contexto. Amorim, mientras tanto, se prepara para entrar en un vestuario en el que la paciencia escasea y donde cada tropiezo pesa el doble.
La pregunta ya no es solo qué puede hacer el próximo técnico. La verdadera incógnita es cuánto está dispuesto a cambiar el propio Milan para volver a parecerse al gigante que cree seguir siendo.
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