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West Ham enfrenta un partido tenso: Sullivan podría asistir al duelo

El regreso del fútbol de copa al London Stadium llega cargado de algo más que expectación deportiva. West Ham espera que David Sullivan, su antiguo copresidente y aún máximo accionista individual, acuda el sábado al duelo de Carabao Cup de primera ronda frente a Portsmouth, pese a las recomendaciones explícitas para que se mantenga alejado de los partidos en casa.

Sullivan, de 77 años, dimitió como copresidente en junio tras una investigación conjunta de BBC Panorama y The Times que destapó acusaciones de comportamiento sexualmente explotador y depredador por parte de siete mujeres. Él ha negado categóricamente todas las acusaciones. La tormenta, sin embargo, no ha amainado.

El lunes, un portavoz del London Stadium confirmó a BBC News que habían “recomendado” al club que Sullivan no asistiera a los encuentros, ante el temor de disturbios o protestas de la afición. El estadio ha pedido ser avisado con antelación de cualquier visita del empresario, que mantiene un 38,8% de las acciones del club, para poder activar medidas adicionales de seguridad y operación.

Un primer partido bajo la sombra

El choque frente a Portsmouth no es un partido más. Será el primero que dispute West Ham desde que salieron a la luz las acusaciones contra Sullivan. El contexto convierte una eliminatoria de primera ronda de EFL Cup en un examen de temperatura social: cómo reaccionará una grada que ya venía muy crítica con la figura del dirigente.

Durante años, Sullivan ha sido blanco de un intenso malestar por su gestión del club, un malestar que se agudizó con el descenso a Championship la pasada temporada, el primero desde 2011. El equipo ha encontrado cierta estabilidad sobre el césped, pero el ruido fuera de él no cesa.

La investigación de Panorama y The Times también reveló que Sullivan lleva tres años vetado de cualquier contacto con los equipos femenino y de categorías inferiores de West Ham por motivos de salvaguarda. London Stadium desconocía estas restricciones hasta el reportaje de la BBC. El veto se impuso después de que en 2023 se trasladara a la Football Association una denuncia histórica sobre su conducta, que Sullivan ha calificado previamente de falsa.

Gobierno del club en el aire

Mientras el equipo de Nuno Espírito Santo intenta reconstruirse en el campo y figuras clave como el capitán Jarrod Bowen han comprometido su futuro con el club, la estructura accionarial vive un momento de enorme incertidumbre.

Vanessa Gold, hija del fallecido David Gold —antiguo copresidente y socio de Sullivan—, frenó una operación para vender parte de su participación al multimillonario checo Daniel Kretinsky. En lugar de eso, alcanzó un acuerdo con Amanda Staveley, rostro visible del desembarco saudí en Newcastle, para desprenderse de la totalidad de su 25,1% de acciones.

El tablero se ha complicado aún más. Kretinsky ha vendido recientemente una pequeña porción de su propio paquete, quedando por debajo del 25%. Ese movimiento, aparentemente técnico, abre una puerta clave: le permite optar a la compra de las acciones de Gold bajo las reglas de derechos de tanteo de West Ham, que otorgan prioridad a los actuales accionistas cuando salen acciones al mercado.

Si Kretinsky ejerciera esa opción, se convertiría en el mayor accionista del club sin activar la cláusula que le obligaría a lanzar una oferta por el resto de la entidad. Un golpe estratégico que podría redefinir el futuro del West Ham sin un cambio de manos total… al menos de inmediato.

Un lleno histórico para un contexto explosivo

Sobre el papel, el sábado es solo un West Ham–Portsmouth de primera ronda de Carabao Cup, duelo entre dos equipos de Championship. En la práctica, el London Stadium se prepara para un ambiente muy distinto al de un simple trámite veraniego.

Se espera que el encuentro de las 15:00 BST marque un récord de asistencia para una eliminatoria de primera ronda de la EFL Cup. El club ha vendido 55.000 abonos de temporada para la nueva campaña, una cifra que habla de una masa social enorme, apasionada y, en buena parte, desencantada con el palco.

En ese escenario, la posible presencia de Sullivan convierte el partido en algo más que fútbol. Será una prueba de fuerza entre la grada, un propietario bajo fuego y un club que intenta avanzar mientras su futuro se decide en los despachos. La pregunta ya no es solo cómo responderá el equipo ante Portsmouth, sino cómo reaccionará todo un estadio cuando el foco se desplace de la pelota a el hombre que aún sostiene casi el 40% del West Ham.