Logotipo completo Pelo Tahoy

Aston Villa sufre otra derrota: Crisis del proyecto Emery

Nadie dijo que fuera a ser fácil, pero el golpe fue duro. Tyrone Mings, derrumbado sobre el césped al pitido final, fue la imagen perfecta del estado de ánimo en Aston Villa tras el 2-1 encajado en casa ante Nottingham Forest. Un estadio mudo, un equipo sin respuestas y un entrenador al que, de repente, todo se le cuestiona.

Tres derrotas en las primeras cuatro jornadas disparan las dudas sobre Unai Emery después de un verano de reconstrucción profunda. El equipo por fin rompió una racha de 372 minutos sin marcar en la Premier League, pero el alivio duró poco. Los problemas siguen ahí, quizá incluso más expuestos.

Si Coventry vence a Brighton el domingo, el Villa se verá colista.

Un escenario que hace apenas unos meses parecía impensable para un club que cerró la temporada pasada cuarto en la Premier League y levantando la Europa League. Aquellas celebraciones de mayo ya suenan a otro tiempo.

Un viejo verdugo y un nuevo problema

El desenlace fue cruel y, al mismo tiempo, familiar. Un gol tardío de Igor Jesus dio a Forest su primera victoria como visitante en Villa Park desde 1994 y alargó una racha muy particular: Oliver Glasner sigue invicto ante Emery tras ocho enfrentamientos. Primer triunfo del austriaco como técnico de Forest… y uno de los más sabrosos.

El partido se rompió nada más volver del descanso. Apenas 45 segundos después de la reanudación, Liam Delap castigó a una zaga descompuesta y puso por delante a los visitantes. Villa reaccionó a trompicones y empató gracias a Alysson, que firmó su primer gol en el fútbol inglés con un buen cabezazo a centro de John McGinn, totalmente contra la inercia del juego.

Parecía el típico guion reciente en Villa Park: empate, arreón final, remontada. Esta vez no llegó.

La presión de Forest fue a más y el castigo terminó llegando. A dos minutos del 90, Igor Jesus se anticipó a Aaron Wan-Bissaka en el área y selló el 2-1, un mazazo que dejó al Villa sin margen de respuesta y a su afición con la sensación de haber perdido algo más que tres puntos.

Diez contra once, defensas caídos y un técnico sin red

Cuando cayó el segundo gol, el Villa ya estaba con 10 hombres. Ian Maatsen había tenido que abandonar el campo lesionado en el tramo final, con Emery habiendo agotado todos los cambios. Otro golpe en una línea defensiva ya muy tocada.

La preocupación con Maatsen es seria: el club teme que la lesión de tobillo pueda apartarle durante un tiempo considerable. Eso empujará a Matteo Ruggeri, recién llegado, a asumir galones antes de lo previsto. No es el escenario ideal para un técnico que ya vio cómo Pau Torres se marchaba sustituido en la primera parte, dejando la retaguardia aún más al límite.

Taylor Harwood-Bellis, fichaje de 30 millones de libras, ni siquiera entró en la convocatoria otra vez. El mensaje es claro: Emery no termina de confiar en lo que tiene atrás… pero tampoco encuentra soluciones con lo que pone en el campo.

El entrenador español no escondió su enfado con una acción clave: la entrada de James McAtee sobre Maatsen, que le lesionó. Para Emery, la jugada pedía algo más que amarilla.

“Después de verlo por televisión, creo que el VAR debería llamar al árbitro porque es una entrada clara por detrás y, para mí, debería ser roja”, afirmó. Recalcó, eso sí, que no iba a usarlo como excusa: “Ellos merecieron ganar. La decisión del árbitro debería ser diferente, pero no es una excusa para cómo jugamos la segunda parte. Jugamos muy, muy mal. Es nuestro trabajo y nuestra responsabilidad, o mi responsabilidad”.

Un Villa irreconocible en su propia casa

El dato que más escuece en Birmingham no es solo la clasificación. Es la sensación de que Villa Park ha dejado de ser un fortín.

Durante un año entero, nadie ganó allí en liga. Esa racha se rompió con el 3-0 de Crystal Palace, el antiguo equipo de Glasner, el pasado agosto. Desde entonces, el estadio se ha ido agrietando: derrota 2-1 ante los Eagles en la Carabao Cup, cuatro tropiezos en los últimos 15 partidos de Premier como local la pasada campaña, una eliminación por 3-1 en FA Cup frente a Newcastle, y este curso un 1-0 inicial contra Arsenal seguido ahora por el golpe de Forest.

El contexto no ayuda. La profunda remodelación de la North Stand ha reducido el aforo y ha dejado un fondo sin aficionados, restando presión ambiental. El vestuario también ha cambiado tras varias salidas clave. Pero el desplome del rendimiento en casa empieza a sonar a alarma, no a simple transición.

El contraste con el tramo final del curso anterior es brutal: allí el Villa arrolló a Forest en semifinales de Europa League camino del título y le hizo cuatro goles a Liverpool para asegurar su plaza en Champions. Ese Villa parecía invencible ante su gente. Este, en cambio, se deshace con demasiada facilidad.

Ataque sin filo, defensa sin red

Los números del partido son demoledores. Forest terminó con 22 remates y 32 toques en el área rival. Villa, en cambio, vivió de ráfagas aisladas. La mejor ocasión, más cómica que elaborada: un barullo en el área en el que Victor Lindelof no logró marcar después de que Matz Sels, Murillo y el poste se confabularan para negarle el gol.

Nicolas Jackson, desdibujado y amonestado pronto, se quedó en la caseta al descanso. Emery temía que el delantero senegalés terminara expulsado y tiró de Tammy Abraham, un futbolista al que quiso sacar del club este mismo verano. Un giro que habla tanto del partido como del momento del equipo.

La entrada de Alysson dio algo de vida y el brasileño firmó el 1-1 con un gran movimiento de área. Después, el técnico agitó aún más el banquillo: debutaron Johan Manzambi e Ibrahim Mbaye, un dúo por el que el club ha invertido 98 millones de libras. Ni uno ni otro lograron cambiar la dinámica.

En la banda, Alejandro Garnacho volvió a vivirlo todo desde el banquillo. El cedido por Chelsea sigue sin convencer a Emery lo suficiente como para sumar minutos en este arranque de curso.

Delap, desatado; Villa, desbordado

Al otro lado, Forest jugó con una energía que el Villa no pudo igualar. Delap fue un tormento constante. Marcó nada más empezar la segunda parte, tuvo otro gol anulado y castigó una y otra vez a una defensa que nunca encontró la forma de sujetarle.

Glasner leyó mejor el encuentro, empujó a su equipo hacia adelante cuando el rival se desordenó y acabó saboreando una victoria que vale mucho más que tres puntos. Refuerza su idea, refuerza su discurso y deja a Forest mirando hacia arriba.

Emery, en cambio, salió del césped con más preguntas que respuestas. “No sé por qué”, admitió al ser cuestionado sobre la incapacidad de su equipo para controlar el partido tras el empate. “Quiero ver el partido otra vez y entender por qué perdimos nuestra forma”.

El calendario no espera

El Villa no tiene tiempo para lamentos. El miércoles llega una visita a Coventry en la Carabao Cup y, después, un viaje a Londres para medirse a Tottenham. Harwood-Bellis, invisible hasta ahora, espera que el duelo copero en el CBS Arena sea su puerta de entrada a la rotación.

La sensación, sin embargo, es que hacen falta algo más que retoques. El equipo ha perdido solidez, ha perdido autoridad y ha perdido, sobre todo, esa certeza de que en Villa Park mandaba siempre el conjunto de Emery.

La temporada es larga, el técnico ya demostró que sabe encontrar soluciones en momentos de crisis y el talento de la plantilla sigue siendo innegable. Pero el reloj corre y la tabla aprieta.

¿Será este solo un bache incómodo de septiembre o el primer síntoma de que la era dorada reciente del Aston Villa empieza a resquebrajarse?