Logotipo completo Pelo Tahoy

El campeón tropieza en Vitoria y se despide del récord

Recién coronado campeón de España, Barcelona aterrizó en Vitoria con una misión secundaria pero seductora: perseguir los 100 puntos y alcanzar la marca histórica de LaLiga. La aventura duró 45 minutos. Un zarpazo de Ibrahim Diabate en el descuento del primer tiempo bastó para que Alaves firmara un 1-0 de oro en su pelea por la salvación y para que el equipo de Hansi Flick se bajara de la carrera por el récord.

Final Score: Alaves 1 - 0 Barcelona

Un campeón relajado, un Alaves desesperado

El contexto pesaba más que la clasificación. Barcelona venía de ganar el Clasico el domingo y de celebrar el lunes con un desfile en autobús descubierto. Alaves, atrapado en la zona baja, jugaba con la soga cerca del cuello. Se notó desde el primer duelo dividido.

Flick rotó. Apostó por aire fresco y minutos controlados para sus titulares. Entre las novedades, una de las más llamativas: el debut del central de 21 años Alvaro Cortes, símbolo de una noche pensada también para mirar al futuro. El técnico alemán lo explicó sin rodeos: el resultado importaba, pero quería sacar conclusiones y repartir esfuerzos.

Barcelona tuvo la pelota. Mucha. Movió de lado a lado, intentó acelerar por fuera. Marcus Rashford, muy activo, dio la chispa que le faltaba al resto, atacando el espacio, encarando, ofreciendo desmarques constantes. Pero la posesión no se tradujo en colmillo. Faltó filo en el último pase, faltó maldad en el área.

Alaves, en cambio, sabía exactamente qué partido quería jugar. Bloque compacto, líneas juntas, agresividad en cada choque y una fe innegociable en las acciones a balón parado. Cada córner era un pequeño evento. Cada falta lateral, una oportunidad.

El golpe de Diabate justo antes del descanso

Cuando el primer tiempo agonizaba y el campeón parecía tener controlado el ritmo, llegó el mazazo. Un córner, un segundo balón y un despiste fatal.

Antonio Blanco ganó el primer duelo en el área y cabeceó hacia portería. La defensa azulgrana se quedó a medio camino, dudando un segundo, y ese segundo fue todo lo que necesitó Ibrahim Diabate. El atacante de Alaves cazó el balón suelto y fusiló a Wojciech Szczesny en el añadido del primer tiempo.

Un detalle, un desajuste, un castigo enorme. El estadio explotó. No era un gol más: era el tanto que, de golpe, sacaba a los de Quique Sanchez Flores de la zona de descenso y los impulsaba hasta la 15ª plaza.

Flick lo reconoció después. No fue un partido cómodo, no podía serlo con un rival que pelea por la vida. Pero el alemán prefirió agarrarse a la lectura positiva: los minutos de los jóvenes, la gestión física de los pesos pesados, las pequeñas conclusiones de una noche áspera.

Alaves aprieta, Barça se apaga

El descanso no enfrió a Diabate. Nada más arrancar la segunda parte, el delantero volvió a probar a Szczesny con un disparo potente que el portero rechazó con una buena estirada. Alaves olió la sangre. Quiso el segundo. No se metió atrás por instinto, sino por obligación, a medida que el reloj avanzaba.

Barcelona, en cambio, se atascó. Tuvo la pelota, pero no las ideas. Faltaron desmarques interiores, faltó sorpresa, faltó romper líneas con algo más que circulación. Rashford siguió tirando del carro, pero no encontró socios a su altura en la zona de tres cuartos.

Las ocasiones claras no llegaban. Y cuando el campeón se abrió un poco más, el que rozó la sentencia fue el equipo local. Jon Guridi se fabricó una acción magnífica, cruzó el disparo, superó a Szczesny… y la pelota se estrelló en el poste. El murmullo en la grada se mezcló con un suspiro de alivio y rabia contenida. Había partido, pero el margen de error era mínimo.

Al final, Alaves defendió su tesoro con todo. Orden, solidaridad y una concentración que no siempre se ve en equipos que sufren en la tabla. Barcelona empujó sin claridad, sin esa sensación de inevitabilidad que suele acompañar a los campeones en las segundas partes. El récord de los 100 puntos se esfumó en una noche fría de Vitoria, sin épica, casi en silencio.

Sevilla resucita en Villarreal

Horas antes, el drama se había instalado en otro punto de la geografía española. En Villarreal, Sevilla parecía encaminarse a otra noche negra cuando, en apenas 20 minutos, Gerard Moreno y Georges Mikautadze pusieron el 2-0 para el equipo local, tercero en la clasificación.

Lo que vino después fue una rebelión.

Sevilla, hundido en la parte baja en los últimos meses, se negó a entregar el partido. Oso recortó distancias, Kike Salas empató antes del descanso y el encuentro cambió de guion. El miedo cambió de camiseta. Villarreal empezó a dudar; Sevilla, a creer.

El golpe definitivo llegó en el minuto 72. Akor Adams apareció para firmar el 2-3 y completar una remontada que sabe a algo más que tres puntos. Es la tercera victoria consecutiva de los andaluces, que se colocan provisionalmente en la 10ª posición, cuatro puntos por encima del descenso. En una semana marcada por las informaciones que sitúan a Sergio Ramos cerca de liderar una operación de compra del club junto a una firma de inversión, el equipo respondió en el césped con carácter.

Kike Salas lo resumió con emoción: devolver a la grada parte del cariño que el equipo ha recibido en plena tormenta.

Espanyol rompe la maldición; Mallorca se complica

En Barcelona, pero en el otro lado de la ciudad, la noche tuvo otro tipo de liberación. Espanyol venció 2-0 a Athletic Bilbao y, con ello, puso fin a una racha demoledora: 18 partidos sin ganar en 2026.

Pere Milla abrió el marcador en la segunda parte y Kike Garcia, ya en el tramo final, selló el triunfo. El técnico Manolo Gonzalez no pudo contenerse. Habló de una de las peores experiencias de su vida profesional y personal. Se le humedecieron los ojos cuando el segundo gol entró y el sufrimiento, al menos por un día, se transformó en alivio.

El triunfo permite a Espanyol, 14º, tomar tres puntos de aire sobre la zona de descenso. Pero el propio Gonzalez lo dejó claro: no hay tiempo para recrearse. El próximo destino es Pamplona, ante Osasuna, y el mensaje es agresivo. Nada de especular, nada de contemporizar. Toca exprimir el impulso.

Más al sur, Mallorca se metió en problemas serios. Su derrota por 3-1 en el campo de Getafe, séptimo, deja al equipo balear en la 17ª posición, demasiado cerca del abismo. Para los azulones, en cambio, el triunfo alimenta el sueño europeo y refuerza sus opciones de entrar en la Conference League.

LaLiga se acerca al final con un campeón ya coronado, pero con casi todo lo demás ardiendo: plazas europeas en juego, históricos sufriendo por no caer y equipos como Alaves, Sevilla o Espanyol demostrando que, cuando el calendario aprieta, el fútbol se convierte en una cuestión de supervivencia pura.