Celtic resucita el título con un penalti al 100'
Kelechi Iheanacho caminó hacia el punto de penalti con el reloj marcando ya los 99 minutos. Fir Park contenía la respiración. Unos segundos después, el disparo, el silencio, el estallido. 3-2 para Celtic, un penalti tan tardío como polémico que no solo volteó una tarde en Motherwell, sino que empujó la Scottish Premiership hacia un último capítulo de alto voltaje.
Hearts ya se veían campeones. Habían hecho su trabajo a mediodía, un sólido 3-0 ante Falkirk en Tynecastle, celebrando con su gente la posibilidad real de un primer título en 66 años. Mientras coreaban en Edimburgo, el destino les golpeaba a kilómetros de distancia con la última patada del partido en Fir Park. El trofeo, que parecía listo para viajar a Glasgow el sábado como invitado a una coronación ajena, vuelve a estar en juego.
Ahora, todo se reduce a un duelo directo en Celtic Park, con solo un punto separando a los dos aspirantes. Un escenario perfecto. Una decisión arbitral que seguirá discutiéndose durante años.
El penalti que lo cambia todo
La jugada clave llegó en el minuto 100, con Celtic volcado y Motherwell tratando de resistir un asedio desesperado. Un saque de banda largo cae en el área, Sam Nicholson salta con Auston Trusty, los dos cuerpos se cruzan, el brazo del jugador de Motherwell se eleva, el balón sale despedido. El juego sigue unos instantes… hasta que el VAR llama al colegiado John Beaton a la pantalla.
Beaton revisa, observa el contacto, interpreta mano de Nicholson y señala el punto de penalti. La reacción es inmediata: protestas furiosas de los locales, incredulidad en el banquillo de Jens Berthel Askou. En la grada visitante, pura locura. Iheanacho, recién salido desde el banquillo, se aísla del ruido, engaña a Calum Ward y desata la invasión de campo de los aficionados de Celtic, que se lanzan a celebrar con sus jugadores.
La decisión dividió al país. Desde la cabina de comentaristas, el exdelantero de Celtic Chris Sutton defendía la sanción: brazo arriba, si toca la mano, penalti. En el estudio, el análisis era mucho menos benévolo. Kris Boyd, ex de Rangers, ponía en duda que el balón impactara realmente en la mano: si lo hace, argumentaba, la trayectoria no puede salir tan lejos, debería caer delante del jugador. John Robertson, histórico de Hearts, admitía la duda: le parecía más un remate de cabeza, aunque reconocía que, si hay mano, la infracción existe. Paul Hartley, excentrocampista de Hearts, fue más tajante: para él, es un despeje de cabeza, con el brazo arriba, sí, pero sin incidencia decisiva. “Se han salvado”, venía a decir del lado de Celtic.
Martin O'Neill, en cambio, lo veía diáfano. El técnico de Celtic habló de una acción “bastante clara”, mano y además codo, y se deshizo en elogios hacia Iheanacho, al que definió como un futbolista que ha decidido partidos con sus apariciones fugaces. Para él, la jugada encajaba en la narrativa de un equipo que se niega a soltar el título.
En el otro banquillo, Askou estaba desolado y furioso. Habló de “shock total”, de una decisión “vergonzosa” y de una situación que, según su lectura del reglamento, no encuentra encaje posible como penalti. Insistió en que, incluso si hay un leve roce con la mano, se produce tras un contacto en el salto que empuja el brazo hacia arriba. Para el técnico de Motherwell, el fútbol merecía otro final.
Un partido al borde del abismo
Antes del caos final, Celtic había coqueteado seriamente con el desastre. Con apenas media hora disputada, perdía 1-0 por un disparo de Elliot Watt desviado y, al mismo tiempo, Hearts ya mandaba 2-0 frente a Falkirk. El sueño del tricampeonato empezaba a deshilacharse.
En ese contexto de angustia, apareció Daizen Maeda. El japonés, que venía de firmar un doblete contra Rangers, volvió a responder en un momento límite. Justo antes del descanso, atacó un balón en el área y definió con calidad para firmar el 1-1. Un gol que no solo devolvía a Celtic al partido, también le devolvía el pulso a la carrera por el título.
Tras el descanso, el guion cambió de manos. Benjamin Nygren, con un derechazo desde unos 20 metros, clavó un disparo magnífico para el 2-1 en el 58'. Celtic ya mandaba, pero el encuentro se había convertido en una montaña rusa emocional. Y no solo por el marcador.
Los de O'Neill reclamaron antes un penalti cuando Ward, en su intento de despejar un balón largo con los puños, se llevó por delante a Maeda en el área. Arne Engels cazó el rechace y lo elevó por encima de ambos, estrellando el balón en el larguero mientras Beaton ignoraba las protestas. Poco después, Motherwell también pidió pena máxima por un contacto entre Callum McGregor y Callum Slattery, que resbaló dentro del área justo antes del gol de Nygren. Nada. Sigan.
El partido se abrió. Motherwell, herido pero valiente, se lanzó en busca del empate. Un disparo de Tom Sparrow se desvió y se estrelló en el travesaño, Viljami Sinisalo tuvo que lucirse ante Elijah Just, y la sensación de que el 2-2 estaba al caer se hizo realidad. Tawanda Maswanhise probó primero, su disparo fue bloqueado, el segundo intento obligó a una parada comprometida de Sinisalo y el rechace quedó servido para el recién entrado Liam Gordon, que empujó a la red. 2-2, Fir Park en ebullición.
En ese momento, con Rangers y Hibernian empatando 1-1, los aficionados locales empezaron a cantar sobre una posible aventura europea. El empate les dejaba en buena posición para asegurar la cuarta plaza y un billete a la Conference League. El ambiente era de fiesta. Faltaba el último giro de guion.
Título al filo y Europa en juego
El penalti de Iheanacho no solo reanimó a Celtic. Redibujó la clasificación por completo. En la lucha por el título, el escenario cambió de forma radical. Antes del viaje a Motherwell, un empate habría obligado a Celtic a vencer a Hearts por tres goles de diferencia en Celtic Park para superar la desventaja en la diferencia de tantos. Ahora, la ecuación es mucho más sencilla para los de O'Neill: ganar el sábado y el título se queda en casa.
Hearts, que han comandado buena parte de la temporada, siguen dependiendo de sí mismos, pero con una exigencia distinta. Ya no les vale con gestionar el golpe anímico de Fir Park: necesitan, como mínimo, un empate en el feudo del campeón para destronarlo. Un punto para hacer historia. Noventa minutos para acabar con 66 años de espera… o para ver cómo se les escapa el trofeo en el último escalón.
Motherwell también paga un precio alto. La derrota les deja con solo un punto de ventaja sobre Hibernian en la pelea por la cuarta plaza y el acceso a Europa. Se jugarán ese objetivo en la última jornada, en terreno de Hibs, con la sensación de haber rozado algo mucho más grande antes de que el silbato final y un penalti discutido lo cambiaran todo.
Fir Park fue el epicentro del drama. La última jornada promete no quedarse atrás. Título y Europa se decidirán cara a cara, sin red, con un país entero pendiente de cada decisión, de cada rebote, de cada brazo que se levante en un área. ¿Quién soportará mejor el peso de estos 90 minutos finales?
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