Chris Wood lidera a Nueva Zelanda en su sueño mundialista
La selección de Nueva Zelanda llega al Mundial como la invitada más humilde del cuadro, pero con un goleador que no entiende de complejos. Chris Wood, ariete prolífico de Nottingham Forest, liderará a unos All Whites que ocupan el puesto 85 del ranking FIFA y que, sobre el papel, parten muy por detrás de sus rivales del Grupo G: Irán, Egipto y Bélgica.
Para Wood, el viaje tiene sabor a regreso y a cuenta pendiente. Han pasado 16 años desde Sudáfrica 2010, cuando el delantero apenas asomaba como suplente en los tres partidos de aquella campaña. Entonces, Nueva Zelanda se fue sin victorias pero sin derrotas, con tres empates memorables ante la vigente campeona Italia (1-1), Eslovaquia (0-0) y Paraguay (1-1). Hoy, el escenario es otro, el liderazgo también.
“Ha pasado mucho tiempo, 16 años, desde que estuvimos en un Mundial. No puedo esperar para compartir este momento con este equipo y ojalá crear algo de historia”, afirmó Wood por videollamada durante el anuncio de la lista en Auckland.
Sus números respaldan la ambición: 45 goles en 88 partidos internacionales, un registro que lo coloca en el centro de cualquier esperanza neozelandesa.
El delantero llega además de superar una prueba personal. Una lesión de rodilla lo apartó de buena parte de la temporada de Nottingham Forest en la Premier League inglesa y puso en duda su presencia en la cita. Volvió hace apenas un mes. Suficiente para convencer al seleccionador Darren Bazeley de que su capitán está listo para otra batalla mundialista.
Una lista con jerarquía y apuestas
Bazeley ha armado una convocatoria de 26 jugadores que mezcla la base local, el músculo físico tradicional de Oceanía y una columna vertebral europea que deberá marcar diferencias en un grupo exigente. El técnico señaló como piezas clave, además de Wood, a los centrocampistas Joe Bell, Marko Stamenic, Matt Garbett y Ryan Thomas, todos con experiencia en ligas del Viejo Continente.
Diez futbolistas militan en la A-League australiana, ocho de ellos repartidos entre los dos clubes neozelandeses de la competición, Auckland FC y Wellington Phoenix. Esa columna local aporta cohesión y automatismos, un factor que Bazeley pretende explotar ante rivales más potentes sobre el papel.
La gran sorpresa tiene nombre y apellido: Tommy Smith. El veterano central, de 36 años, jugó todos los minutos de los All Whites en Sudáfrica 2010 y hoy compite en la quinta categoría del fútbol inglés con Braintree Town. Su elección rompe con la lógica de la élite, pero responde a otra necesidad.
“Con una lista de 26, no todos van a jugar. Añadimos a Tommy porque su liderazgo es enorme. Va a ser muy importante para mantener a todos en el camino. Nos apoyaremos mucho en él”, explicó Bazeley.
No es una apuesta por el pasado, sino por la voz de un vestuario que afronta un reto mayúsculo.
De España 82 al desafío de Norteamérica
La historia mundialista de Nueva Zelanda es corta, pero no intrascendente. En su debut en España 82, los All Whites perdieron los tres partidos de la fase de grupos. Aquella selección aprendió a golpes lo que significa competir en el mayor escenario del fútbol.
En 2010, el relato cambió. Sin victorias, sí, pero también sin derrotas, y con el orgullo intacto ante gigantes. Aquella campaña invicta no bastó para alcanzar los cruces, aunque dejó una huella profunda en el imaginario del fútbol neozelandés: se podía competir, se podía incomodar a los grandes.
Esta vez, el reto es aún más pronunciado. Nueva Zelanda llega como la selección con peor ranking del torneo, clasificada tras ganar la fase de clasificación de Oceanía en marzo. El premio es un grupo duro y seductor a partes iguales: Irán, Egipto y Bélgica, tres estilos, tres tradiciones futbolísticas, tres montañas.
Wood, sin embargo, no se refugia en el papel de víctima. “Espero que podamos hacer sentir orgullosa a toda la gente y mostrar al mundo de lo que somos capaces”, lanzó el capitán. No suena a eslogan; suena a desafío.
Un calendario sin red
El estreno será el 15 de junio en Los Ángeles, frente a Irán. Un debut cargado de tensión: ganar o al menos puntuar ahí puede marcar el tono del torneo para los All Whites. Una derrota clara, en cambio, los empujaría de inmediato contra las cuerdas.
Después llegará Egipto, el 22 de junio en Vancouver. Un duelo que olerá a final, sea cual sea el resultado del primer encuentro. Los africanos, con su mezcla de técnica y ritmo, exigirán a la medular neozelandesa, donde Bell, Stamenic, Garbett y Thomas deberán imponer orden y coraje.
El cierre del grupo, el 27 de junio también en Vancouver, será ante Bélgica. Un gigante europeo, habituado a partir entre los favoritos en las grandes citas. Para Nueva Zelanda, podría ser la última bala para seguir viva… o una prueba de carácter cuando ya esté todo decidido.
La lista completa de los All Whites
- Porteros: Max Crocombe (Millwall), Alex Paulsen (Lechia Gdansk), Michael Woud (Auckland FC).
- Defensas: Tyler Bindon (Nottingham Forest), Michael Boxall (Minnesota United), Liberato Cacace (Wrexham), Francis de Vries (Auckland FC), Callan Elliot (Auckland FC), Tim Payne (Wellington Phoenix), Nando Pijnaker (Auckland FC), Tommy Smith (Braintree Town), Finn Surman (Portland Timbers).
- Centrocampistas: Lachlan Bayliss (Newcastle Jets), Joe Bell (Viking FK), Matt Garbett (Peterborough United), Ben Old (Saint-Etienne), Alex Rufer (Wellington Phoenix), Sarpreet Singh (Wellington Phoenix), Marko Stamenic (Swansea City), Ryan Thomas (PEC Zwolle).
- Delanteros: Kosta Barbarouses (Western Sydney Wanderers), Elijah Just (Motherwell), Callum McCowatt (Silkeborg IF), Jesse Randall (Auckland FC), Ben Waine (Port Vale FC), Chris Wood (Nottingham Forest).
Nadie discute que Nueva Zelanda es la selección más modesta del cuadro. Pero en un torneo que se jugará entre Estados Unidos, Canadá y México, lejos de los grandes focos tradicionales del fútbol, los All Whites llegan con algo que no se mide en el ranking: memoria de resistencia, un capitán en plena revancha personal y un vestuario dispuesto a incomodar el guion. La pregunta ya no es si pueden sorprender, sino a quién le tocará sufrirlo.
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