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Dundalk cae en el descuento ante Sligo Rovers

El reloj ya se había pasado del 90’ cuando todo el guion de la noche en Oriel Park saltó por los aires. Un balón colgado, una mala salida, un rechace suelto en el área pequeña… y ahí apareció Gareth McElroy para meter la puntera y firmar un empate que sabe a oro para Sligo Rovers y a pesadilla repetida para Dundalk.

El 1-1 no refleja el dominio del conjunto local, pero sí la realidad de su temporada: vuelven a dejar escapar una ventaja. Ya son cinco partidos seguidos en los que se adelantan y no ganan. Y 26 puntos tirados por la borda desde posiciones de ventaja, cuatro más de los que Sligo ha sumado en todo el curso.

Horgan alcanza los 100… y Dundalk se derrumba al final

Durante más de 90 minutos, el equipo de Ciarán Kilduff pareció tenerlo todo bajo control. Mandó en el juego, generó ocasiones y encontró el gol que buscaba al inicio de la segunda parte, cuando su capitán, Daryl Horgan, conectó con la historia.

En el 52’, Trevor Clarke rompió por la izquierda y habilitó la carrera de Cian Dillon. El pase parecía destinado a Harry Groome, pero el mediocampista no logró controlarlo. Le cayó de nuevo a Groome, que tuvo la calma para ceder atrás a Horgan. El capitán no dudó: disparo alto, potente, directo a la red. Era su tanto número 100 como profesional y el 60º con la camiseta de Dundalk. Oriel Park explotó. El partido, y la noche, parecían encarrilados.

Hasta ese momento, el guion había sido de un solo equipo. En los primeros 17 minutos, Sam Sargeant ya había tenido que intervenir ante Ronan Teahan, el propio Horgan y Dillon, aunque sin excesivo sufrimiento. Sligo apenas dejó un chispazo en ataque en toda la primera parte: un centro desde la izquierda del recién llegado Jack Shorrock que Luke Pearce cabeceó manso a las manos de Enda Minogue.

Dundalk rozó el 1-0 en el 20’, cuando Clarke sacudió el larguero con un derechazo desde la frontal. Bobby Burns mandó alto una volea franca en la frontal del área y, poco después, Clarke volvió a perdonar: Horgan le encontró solo a unos ocho metros de portería en un córner, con todo el lado izquierdo abierto, pero el fichaje procedente de Shamrock Rovers no acertó entre los tres palos.

Sligo aguanta el chaparrón

El arranque del segundo tiempo trajo un aviso de Sligo. Shorrock se coló a la espalda de Mayowa Animasahun y obligó a Minogue a volar para mandar su disparo por encima del larguero. En el córner, McElroy ya enseñó lo que vendría después con un cabezazo que se marchó por poco.

La respuesta local fue inmediata. Harry Groome probó desde lejos, desviado, antes de que llegara el gol de Horgan. Con el 1-0, Dundalk olió sangre y buscó la sentencia.

Sargeant, sin embargo, se negó a rendirse. Primero, desvió con apuros una falta de Horgan que se envenenó tras tocar en la barrera. Después, protagonizó una de las paradas de la jornada: Teahan conectó un derechazo brutal desde la frontal a cuatro minutos del final y el guardameta de Sligo voló para sacar la pelota junto al poste.

Sligo, que seis días antes había encajado un gol tardío ante Drogheda Utd, parecía condenado a repetir la historia en sentido contrario: esta vez como víctima de su propia falta de punch ofensivo. Apenas inquietaba a Minogue, perdía balones en campo rival y se veía obligado a resistir.

El error que lo cambia todo

Primer minuto del añadido. Un centro al área que no parecía especialmente peligroso. Minogue decide salir. Llega tarde, no atrapa, el balón queda suelto. Trey George, que había entrado desde el banquillo, consigue armar el disparo en medio del barullo. El tiro se desvía y la pelota queda muerta en el área pequeña.

McElroy, central, héroe inesperado, se adelanta a todos y mete la punta de la bota. Gol. Silencio en Oriel Park. Delirio en el banquillo visitante.

Para Darren Purse, recién llegado al banquillo de Sligo Rovers, el empate supone dos puntos de seis posibles, pero sobre todo un mensaje: su equipo no se rinde. Sigue último, sí, hundido por la diferencia de goles, pero este tanto en el descuento puede ser un punto de inflexión antes del viaje de la próxima semana para medirse a Derry City.

Para Dundalk, en cambio, la estadística se vuelve insoportable. Cinco partidos consecutivos por delante en el marcador. Cero victorias. Una tendencia que ya no se explica solo por mala suerte, sino por una fragilidad que aparece siempre en los minutos finales.

La alineación de Kilduff lo dice todo: Minogue bajo palos; Burns, Animasahun, Andy Boyle Cornwall y Teahan atrás; Darragh Dervin y Robbie Buckley en la sala de máquinas, con Clarke, Groome y Horgan por detrás de Dillon. Desde el banquillo entraron Zakk Gaxha y Cameron McDaid en el 71’, Dan Grivosti en el 63’ y Vassenin en el 87’. Calidad, piernas frescas, recursos… pero sin colmillo para cerrar los partidos.

En Sligo, Sargeant sostuvo al equipo, escoltado por Enow Esua, Charlie Denham, McElroy y Stewart, sustituido por McDonagh en el 81’. En el medio, Pearce —relevado por Quirk en el 36’—, Niall McHugh, David McManus —cambiado por Patton en el 63’— y Shorrock —sustituido por George también en el 63’— intentaron dar algo de aire a un equipo que se encomendó a la lucha de Kavanagh y McGonigle en ataque.

Sligo se marcha con un punto que parece mucho más. Dundalk, con la sensación de que cada vez que se mira al marcador con ventaja, el reloj se convierte en su peor enemigo. ¿Cuánto más puede resistir un vestuario cuando los partidos se le escapan siempre en el mismo tramo?