El Dépor se enfrenta al Real Madrid en el Trofeo Teresa Herrera
El Abanca-Riazor vuelve a encender sus luces grandes. Deportivo regresa a LaLiga tras ocho años de travesía y lo hace midiéndose este miércoles a un invitado de etiqueta: el Real Madrid de José Mourinho, que reaparece en el Trofeo Teresa Herrera por primera vez desde 2013. Un clásico de verano para presentar a un recién ascendido que ha decidido volver a la élite a golpe de inversión… y de carácter.
Un Dépor remozado y sin complejos
El equipo de Antonio Hidalgo aterriza en su torneo fetiche con seis partidos de pretemporada sin conocer la derrota. No es una racha cualquiera: victorias ante Compostela, Lugo y Genoa, empates de oficio frente a Oviedo, St. Pauli y Fiorentina. En el Luigi Ferraris, un gol tardío de Kevin Sánchez les dio el Trofeo Spagnolo y, de paso, un chute de autoestima.
Los números del verano dibujan a un Dépor serio, compacto, más maduro de lo que cabría esperar de un recién ascendido. Solo tres goles encajados en toda la preparación. Tres porterías a cero seguidas para abrir boca: 4-0 a Compostela, 0-0 en Oviedo, 1-0 a Lugo. Después, 1-1 ante Fiorentina y un trabajado 1-0 frente a Genoa, otra vez con Kevin Sánchez decidiendo en el tramo final.
El club ha respaldado esa solidez con casi 30 millones de euros en fichajes. El escaparate lo ocupan el guardameta Leo Román y, sobre todo, Pierre-Emerick Aubameyang, un veterano que aún intimida por zancada y olfato. A su alrededor, un bloque que ya ha enseñado sus virtudes… y alguna grieta. La gira italiana dejó al descubierto dificultades para defender centros laterales, un detalle que Mourinho habrá subrayado en rojo.
Hidalgo, además, no puede contar todavía al cien por cien con Yeremay Hernández, al que el cuerpo médico dosifica. El canario es uno de los talentos más desequilibrantes de la plantilla, pero el plan con él es claro: paciencia.
El Madrid busca ritmo y jerarquía
Enfrente aparece un Real Madrid en fase de construcción, pero con la pegada de siempre. El conjunto blanco llega a A Coruña tras lograr su primera victoria de pretemporada con Mourinho en el banquillo: 2-1 en Budapest ante Ferencváros. Antes, había dejado escapar un 2-0 frente a Fiorentina, síntoma de que el equipo aún está lejos de su versión más fiable.
Las circunstancias ayudan a explicarlo. Kylian Mbappé, Aurelien Tchouaméni, Marc Cucurella e Ibrahim Konaté apenas se reincorporaron a los entrenamientos el lunes, tras un largo descanso post Mundial. Se les espera, como mucho, en el banquillo. Bellingham ni siquiera ha entrado todavía en dinámica de grupo. Y la enfermería sigue llena: Militão, Rodrygo, Mendy y Asensio continúan fuera.
El resultado es un Madrid con defensa de circunstancias, tirando de canteranos y de nombres menos habituales para completar la zaga. Ese contexto explica un dato revelador: el equipo ha encajado en sus tres amistosos abiertos al público. Piccoli y Kean voltearon un 2-0 ante Fiorentina; Ferencváros también encontró el camino al gol en Budapest.
Arriba, la historia cambia. El once probable no engaña: Lunin bajo palos; Alexander-Arnold, Huijsen, Joan Martínez y Carreras en la línea defensiva; Valverde, Camavinga y Arda Güler en el medio; Bernardo Silva, Vinícius Júnior y Endrick como tridente ofensivo. Mucho talento entre líneas, desborde por fuera y un Endrick que ya ha demostrado que necesita muy poco para hacer daño.
El escenario del partido: ritmo blanco, orgullo blanquiazul
El 81º Trofeo Teresa Herrera se presenta como algo más que un amistoso. Para el Dépor, es la carta de presentación ante su gente tras el ascenso, con un once que apunta a Leo Román; Ximo Navarro, Noubi, Bright Ede, Angeliño; Amatucci, Gijselhart, Mario Soriano; Luismi Cruz, Aubameyang y Nsongo Bil. Para el Madrid, es un banco de pruebas exigente en un estadio que no suele regalar nada.
Los gallegos llegan con confianza y gol: han marcado en cinco de sus seis amistosos, solo se quedaron secos en el 0-0 ante Oviedo. El Madrid, por su parte, ha demostrado ser un equipo de arranque fuerte. En sus dos últimos partidos, se fue al descanso por delante: 2-1 ante Fiorentina tras ponerse 2-0 en 24 minutos con tantos de Endrick y Alexis Ciria, y 2-0 en Budapest con dianas de Mario Rivas y Carlos Espí antes del descanso, aunque el choque terminó 2-1.
Todo apunta a un guion reconocible: un Madrid intenso desde el pitido inicial, con los jugadores más rodados intentando ganarse sitio antes de que las grandes estrellas vayan entrando en escena a medida que avance el verano. El Dépor, compacto, tratando de resistir el primer arreón y de explotar cualquier concesión de una zaga blanca aún en obras.
Un duelo para medir alturas
La lógica sitúa al Real Madrid un escalón por encima, incluso en fase de ajuste. La diferencia de calidad en los últimos metros es evidente, con Vinícius, Endrick y Arda Güler como principales amenazas. Pero el contexto equilibra algo la balanza: plantilla incompleta, defensa remendada y un rival que apenas concede ocasiones claras.
No parece una noche para un festival de goles. Cuatro de los seis partidos de pretemporada del Dépor han terminado con tres tantos o menos, y el equipo de Hidalgo ha demostrado saber cerrar partidos y manejar marcadores cortos. El Madrid, con su estructura aún por pulir, también invita a pensar en un choque de ritmo alto, pero no necesariamente de marcador abultado.
El pronóstico más razonable dibuja un encuentro con el Madrid mandando en el juego y en el resultado, pero con un Dépor capaz de hacer daño. Un 1-2 encaja con lo que han mostrado ambos este verano: pegada blanca, respuesta coruñesa y un Riazor que, después de demasiados años de sombras, vuelve a saborear noches grandes. La cuestión es si este Teresa Herrera será solo una fiesta de bienvenida… o el primer aviso de que el Dépor ha regresado para quedarse.
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