Egipto hace historia al alcanzar los octavos de final del Mundial
Hossam Abdelmaguid no tembló. Con 18 años, un estadio rugiendo y un país entero conteniendo la respiración, mandó el penalti definitivo a la red y abrió una puerta que Egipto jamás había cruzado: los octavos de final de un Mundial. Australia cayó 4-2 en la tanda tras el 1-1 en 120 minutos en Texas, y la noche se volvió histórica para los Faraones.
Una noche para cambiar la historia
El partido fue tenso, espeso, de esos que se juegan más con los nervios que con el balón. Egipto, con un Mohamed Salah claramente lejos de su mejor versión tras su lesión muscular, desperdició las mejores ocasiones. Australia, fiel a su guion, resistió, chocó, empujó. Nadie regaló un centímetro.
El primer golpe, sin embargo, fue egipcio. A los 13 minutos, en el gigantesco y climatizado hogar de los Dallas Cowboys, Emam Ashour se desmarcó al segundo palo, se coló por la espalda de Nestory Irankunda y cabeceó a la red un centro medido de Karim Hafez. Segundo gol del torneo para Ashour, ventaja para los siete veces campeones de África y una obligación clara para una Australia que apenas había marcado dos goles en la fase de grupos.
Los Socceroos reaccionaron tarde. Su primer disparo a puerta llegó a diez minutos del descanso, un remate flojo de Aziz Behich a las manos de Mostafa Shobeir. Antes, Cristian Volpato ya había avisado con un derechazo al larguero cuando el partido apenas despertaba. Egipto, que en la fase de grupos había celebrado su primera victoria mundialista al vencer 3-1 a Nueva Zelanda, no terminaba de sentirse cómodo atrás.
Salah, mientras tanto, era una sombra. El capitán de 34 años, todavía condicionado por el problema en los isquiotibiales, apenas dejó destellos en una primera parte trabada. El tramo final del primer acto dejó otro golpe para Australia: Jordan Bos, uno de los jugadores más rápidos del torneo, acabó en el césped tras una dura entrada aérea de Rabia y tuvo que abandonar el campo, sustituido al descanso por Kai Trewin.
Australia aprieta, Egipto sufre
Nada más reanudarse el encuentro, Egipto tuvo la ocasión de sentenciar. Omar Marmoush, atacante del Manchester City, se lanzó al suelo para empujar un balón franco dentro del área… y lo cruzó demasiado. Un suspiro de alivio para Australia, un aviso de lo que podían lamentar los Faraones.
La respuesta australiana llegó a balón parado, con la crudeza que había pronosticado el seleccionador egipcio. Un libre directo cerrado al área, mucho contacto, cuerpos chocando, y Mohamed Hany, descolocado por la presión, cabeceó hacia su propia portería. Segundo gol en propia puerta del lateral en este Mundial y 1-1 en el marcador. El partido se partió.
Ambos equipos olieron la ocasión. Ninguno de los dos había ganado jamás un partido de eliminación directa en un Mundial masculino. El miedo a fallar se mezcló con la ambición de hacer historia. Egipto apretó en el tramo final del tiempo reglamentario. Salah, aunque siguió lejos de su brillo habitual, participó en la jugada que obligó al guardameta Patrick Beach a firmar una parada espectacular en el descuento ante el remate de Ramy. Esa mano salvadora empujó el duelo a la prórroga.
En el tiempo extra, el desgaste se notó. Egipto llegó mejor físicamente y mentalmente. Salah tuvo una ocasión clara al inicio, pero su disparo con la derecha, su pierna menos hábil, se marchó alto. El reloj se comió las fuerzas y el guion se inclinó hacia lo inevitable: los penaltis.
La ruleta desde los once metros
Tony Popovic movió su última ficha antes de la tanda. Sacó del banquillo a Mathew Ryan, portero experimentado, en un intento desesperado por inclinar la balanza. El escenario, sin embargo, jugaba para el otro lado: la portería elegida quedaba frente a una marea de aficionados egipcios, con una lluvia de silbidos cayendo sobre cada lanzador australiano.
La presión hizo daño desde el primer tiro. Harry Souttar, central y uno de los líderes del equipo, mandó su lanzamiento por encima del larguero. Un golpe directo al ánimo de los Socceroos. A partir de ahí, cada disparo pesaba el doble.
Los siguientes cinco lanzadores marcaron. Salah, esta vez, sí apareció como estrella. Caminó tranquilo, respiró, engañó a Ryan y definió con una frialdad absoluta. El capitán, tan discreto durante el juego, se reivindicó desde los once metros.
Australia se mantenía viva hasta que Lucas Herrington, joven defensa de 18 años, estrelló su disparo en el travesaño. El balón rebotó hacia arriba, no hacia dentro. El destino se alineaba con Egipto.
Entonces llegó el turno de Abdelmaguid. Silencio denso. Carrera corta, mirada fija, disparo seco. Gol. Egipto a octavos. Salah, esta vez, sí rompió a llorar, pero de alegría. En el otro lado, sólo desolación australiana.
Argentina a la vista
El premio no es menor. En Atlanta, el martes, espera el ganador del duelo de dieciseisavos entre Argentina y Cabo Verde. Si la lógica se impone y los campeones del mundo superan a los debutantes, Egipto se encontrará frente a Lionel Messi y compañía con algo que nunca había tenido en un Mundial: la confianza de saberse capaz de ganar un partido grande.
Los Faraones ya han roto su techo histórico. La pregunta es obvia: ¿se conformarán con esto o se atreven a seguir derribando muros?
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