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FIFPRO Europe alerta sobre el futuro del Mundial

FIFPRO Europe ha encendido todas las alarmas. La organización que representa a los futbolistas del continente ve con “profunda preocupación” el proyecto para transformar la Copa del Mundo y otras competiciones de FIFA en activos invertibles para capital privado. No se trata de un simple ajuste de modelo de negocio: sería, denuncian, un cambio “fundamental e irreversible” en los incentivos que sostienen los torneos donde los jugadores trabajan, compiten y construyen sus carreras.

Lo que inquieta no es solo el destino, sino también el camino. Un plan de semejante envergadura, con impacto directo en el bienestar del futbolista, en el calendario internacional y en la gobernanza futura del juego, se ha cocinado casi a puerta cerrada. Sin luz, sin taquígrafos y, sobre todo, sin escuchar de verdad a quienes más sufrirán las consecuencias. Que el proyecto haya llegado tan cerca de un acuerdo sin un diálogo significativo con los jugadores y sus representantes multiplica la desconfianza.

La reciente decisión de esquivar los mecanismos de diálogo establecidos entre FIFA y FIFPRO es otra señal que FIFPRO Europe no pasa por alto. Si se crean canales de comunicación para, acto seguido, ignorarlos en los grandes temas, el mensaje es claro: la voz del futbolista vuelve a quedar en segundo plano.

En el centro del debate está algo mucho más grande que un nuevo modelo de ingresos: la gobernanza del fútbol mundial y la integridad del juego. La participación real de los distintos actores en la toma de decisiones de FIFA siempre ha sido limitada. El temor ahora es que ese espacio, ya estrecho, sea ocupado por la influencia directa del capital, desplazando aún más a quienes juegan, sostienen y aman este deporte.

La advertencia de FIFPRO Europe es tajante: el fútbol no puede convertirse en un simple vehículo financiero donde los intereses comerciales pesen más que las voces de jugadores, aficionados y clubes. Ese modelo, subrayan, no lo pueden apoyar. Ni ahora ni en el futuro.

Hay un dato que resume el desequilibrio: dentro de FIFA, ni FIFPRO ni los futbolistas tienen voto. Ninguno. Sin embargo, serán ellos quienes vivan con las consecuencias de estas decisiones cuando la actual dirigencia de FIFA ya sea historia. Ellos pondrán el cuerpo en un calendario aún más exigente. Ellos cargarán con la presión deportiva y mediática de competiciones cada vez más explotadas.

La pelota, esta vez, está en el tejado de FIFA. Para FIFPRO Europe, la responsabilidad del organismo es evidente: debe reconsiderar su propuesta sin más demoras. No se trata solo de revisar números, sino de repensar qué tipo de fútbol quiere dejarle al futuro.

Pero no es solo un pulso entre FIFA y FIFPRO. Cada federación nacional tiene también una responsabilidad que va mucho más allá del balance anual o de las proyecciones comerciales del próximo ciclo. Sus decisiones marcarán si el fútbol sigue siendo un bien colectivo o se diluye como un producto financiero más.

Gobiernos, autoridades públicas, confederaciones, ligas, clubes y aficionados entran también en el cuadro. FIFPRO Europe les recuerda que el fútbol debe seguir siendo un bien de interés público, un patrimonio social, y no únicamente un activo para maximizar rendimientos.

El mensaje final es una invitación y un aviso. FIFPRO Europe se declara dispuesta a trabajar con cualquier institución y actor que quiera proteger a la vez los intereses de los jugadores y la integridad a largo plazo del juego. No es una consigna vacía: es una línea roja.

El futuro del fútbol, sostienen, merece ese compromiso. Y los jugadores que lo van a moldear sobre el césped, también. La cuestión es quién se atreverá a plantarse antes de que el Mundial y las grandes competiciones crucen un punto de no retorno.