Francia avanza a cuartos tras sufrir contra Paraguay
En una tarde que parecía más un castigo que un partido de fútbol, con Filadelfia convertida en horno, Francia se abrió paso a empujones, arañazos y oficio ante una Paraguay áspera hasta el límite. Un 1-0 corto, sufrido, pero suficiente para meter a los vigentes subcampeones del mundo en los cuartos de final del Mundial, donde les espera Marruecos.
El único gol llegó desde el punto de penalti, firmado por el de siempre. Kylian Mbappé, helado en el gesto pese a los 39 grados del ambiente, cruzó el disparo en el minuto 70 y desatascó un partido que se había ido embarrando acción tras acción. Su decimonoveno gol en un Mundial, en 19 partidos. Una cifra descomunal que le coloca ya a la altura de Lionel Messi en tantos en esta edición, con siete, y a solo uno del argentino en la tabla histórica.
Francia baja al barro
El guion no sorprendió a nadie en el vestuario francés. Aurelien Tchouameni se cayó a última hora por lesión muscular y Didier Deschamps movió una sola pieza: Manu Koné entró en el once junto a Adrien Rabiot para sostener el centro del campo. Al otro lado, Paraguay se plantó con un 5-4-1 sin disimulo, línea de cinco hundida, cuatro por delante para cerrar pasillos y un único faro ofensivo: Julio Enciso.
La selección europea asumió el balón desde el primer minuto, pero cada avance chocó contra un muro. Paraguay defendió con rigor, con contactos constantes, con ese punto de provocación que incomoda, corta ritmo y obliga a pensar más rápido de lo que el cuerpo permite bajo ese calor sofocante.
Francia lo intentó desde media distancia. Rabiot, Koné y Ousmane Dembélé probaron suerte, pero los disparos salieron desviados. Ni un solo tiro a puerta en toda la primera parte para ninguno de los dos equipos. Enciso, voluntarioso, fue la única amenaza paraguaya, siempre demasiado solo, siempre demasiado lejos.
Para los de Deschamps, el duelo empezó a parecer un examen de paciencia. Sin espacios, sin velocidad, sin chispa en los últimos metros. Un partido que pedía más carácter que brillo.
El penalti que rompió el cerrojo
Tras el descanso, Francia subió una marcha. No por lucimiento, sino por necesidad. Las posesiones se aceleraron, los laterales se soltaron un poco más y los cambios aportaron aire fresco. Bradley Barcola dejó su sitio a Désiré Doué, y ahí se abrió la rendija que Paraguay no pudo tapar.
El joven suplente encaró dentro del área y Diego Gómez llegó tarde. Zancadilla clara. El árbitro Ilgiz Tantashev dejó que el juego siguiera unos segundos, pero el VAR le llamó. Revisión, pantalla, gesto decidido: penalti.
El estadio contuvo la respiración. Mbappé no. Carrera corta, mirada fija en Orlando Gill y disparo seco, engañando por completo al guardameta. Gol en el minuto 70. Gol de especialista. Gol de jugador que vive cómodo en la presión.
Paraguay, que había soñado con repetir la gesta de 1998 —cuando cayó en la prórroga ante la Francia que acabaría campeona, con aquel gol de oro de Laurent Blanc—, se vio de nuevo vacía de premio tras un planteamiento minimalista, defensivo hasta el extremo.
Sufrimiento final bajo el fuego
El tanto no trajo calma. Trajo nervios. Francia no cerró el partido y dejó vivo a un rival que, con muy poco, empezó a generar incertidumbre. Paraguay se estiró tarde, pero se estiró. Balones largos, faltas buscadas cerca del área, protestas, interrupciones. El encuentro se deslizó hacia ese territorio que tanto gusta a los equipos que viven del detalle y de la fricción.
Mike Maignan, espectador de lujo durante casi todo el choque, apareció en el minuto 90 con su primera intervención real. Mano firme para evitar el empate y cortar de raíz cualquier conato de catástrofe. Era el aviso de que el trabajo no estaba terminado.
En el otro área, Mbappé pudo sentenciar en el descuento. Dos veces se plantó ante Gill, dos veces se topó con el portero paraguayo, enorme en el tramo final. Francia, lejos de cerrar el duelo con autoridad, se vio obligada a defender con todo en los últimos minutos, apretando dientes y relojes.
Paraguay no encontró el remate final, pero nunca dejó de agitar el partido, buscando el choque, el balón parado, el error ajeno. Murió en su plan. Francia sobrevivió al suyo.
Marruecos, un viejo conocido en el horizonte
El pitido final sonó casi como un suspiro colectivo. No hubo exhibición, ni goleada, ni champán. Hubo barro, sudor y un penalti convertido con la frialdad de un veterano. Suficiente para evitar otra sorpresa tras la eliminación de Alemania a manos de Paraguay en el pasado y el susto reciente de Cabo Verde ante Argentina.
El premio es una cita con Marruecos en cuartos, reedición de la semifinal de hace cuatro años. Entonces, Francia avanzó con solvencia. Ahora llega con más cicatrices, más kilómetros en las piernas y un Mbappé que sigue acumulando números de época.
La pregunta ya no es si Francia sabe jugar bonito. Queda claro que, cuando hace falta, también sabe ganar feo. Y en un Mundial abrasador como este, quizá esa sea la virtud que marque la diferencia en la recta final.
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