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Fulham: Un nuevo rumbo con Álvaro Arbeloa

Las predicciones de los expertos sitúan a Fulham en torno al 15º puesto. Un paso atrás respecto al 11º de la temporada pasada. Y, sin embargo, cuesta más que nunca saber qué esperar de Craven Cottage.

Fin de una era junto al río

La marcha de Marco Silva, después de cinco años a orillas del Támesis, no sorprendió a casi nadie. El portugués había cumplido con nota el encargo principal: devolver a Fulham al mapa estable de la Premier League y alejarlo del vértigo del descenso. Su equipo jugó con descaro, con gusto por el balón, con una colección de “patitos feos” revalorizados que miraban más hacia Europa que hacia el pozo.

Pero Silva nunca escondió su ambición. Quería competir en Europa, quería una plantilla más profunda, quería que la propiedad empujara con él. No lo sintió así. La venta de João Palhinha, la contención en el gasto y unas cuentas ajustadas marcaron el techo del proyecto. El técnico se marchó a Benfica y con él se fue una capacidad probada para reciclar y exprimir talento veterano.

Se va también un estilo reconocible: Fulham era incómodo para cualquiera, atractivo para el espectador neutral y, sobre todo, un equipo que había dejado de vivir con miedo.

Arbeloa, un giro radical

En su lugar aterriza Álvaro Arbeloa. Otro perfil. Otra trayectoria. Mucho menos rodaje en la élite de los banquillos, pero un pedigrí como futbolista que pocos pueden igualar: campeón del mundo, campeón de Europa, campeón de Champions. Un hombre con línea directa con Florentino Pérez, que llegó a pedirle que sustituyera a Xabi Alonso a mitad de la temporada 2025-26 en el banquillo de Real Madrid.

Aquello no cuajó. Su primera aventura real lejos de Valdebebas será en el suroeste de Londres, tras una etapa bien valorada como técnico de la cantera blanca. Y ahí se abre una nueva puerta: Gonzalo García y César Palacios llegan precisamente de la mano de un entrenador que los vio crecer en Madrid. No es casualidad que los tres compartan agencia de representación.

El resultado es una sensación clara: Fulham se asoma a convertirse en una especie de vivero madrileño, un pequeño Santiago Bernabéu sobre el Támesis. Los nombres de Endrick y Thiago Pitarch han aparecido vinculados al club, alimentando esa idea de puente con la aristocracia española. Si ese modelo se consolida, supondrá un giro de 180 grados respecto al Fulham de Silva.

De veteranos curtidos a joyas por pulir

Silva se apoyaba en jugadores hechos, de piel gruesa. Algunos de sus hombres de confianza ya no están. Raúl Jiménez, veterano de mil batallas. Harry Wilson, que firmó probablemente la mejor temporada de su carrera antes de aceptar una oferta superior de Leeds.

El nuevo plan es otro: bajar la media de edad, apostar por jóvenes con margen de crecimiento y revalorización. Fulham quiere parecerse más a Brentford, Brighton o Bournemouth, modelos de club que han hecho del dato y del scouting inteligente su seña de identidad. La pregunta es obvia: ¿puede replicar ese éxito un club que siempre ha sido algo más enigmático, menos definido?

La estadística marca el punto de partida: la temporada pasada, Fulham presentó el once más veterano de la Premier League y uno de los equipos con menor intensidad en la presión. Registró el menor número de “high turnovers” de la liga, esas recuperaciones altas en los últimos 40 metros que marcan a los conjuntos agresivos sin balón. Incluso Real Madrid, que nunca se ha caracterizado por una presión feroz, superó claramente a los londinenses en ese apartado. Arbeloa tendrá que decidir si rompe con esa inercia o si el cambio de cara se limita a los nombres propios.

Un club brillante… pero en números rojos

Fuera del césped, el contraste es llamativo. En mayo, Fulham fue finalista en los premios de negocio del fútbol por la experiencia de estadio. El Riverside Stand, con su hospitalidad de lujo, completó su primera temporada completa y se ha convertido en escaparate de la nueva era del club.

Pero ese brillo tiene una cara B. Las cuentas de la temporada 2024-25 reflejaron unas pérdidas antes de impuestos de 44,5 millones de libras. Esa cifra se vio aliviada por la venta de Palhinha en julio de 2024. Desde entonces no ha habido otro gran traspaso que equilibre el balance.

La familia Khan sigue respaldando económicamente el proyecto. Se estima que su inversión total ronda los 900 millones de libras, con unos costes de personal que alcanzan el 117% de la facturación. En esa ecuación se entiende por qué Silva no recibió el músculo financiero que reclamaba. Y por qué la apuesta actual se inclina hacia fichajes jóvenes, salarios más contenidos y potencial plusvalía.

Tensión con la grada

El divorcio entre propiedad y afición no se mide solo en resultados. El abono más caro de Craven Cottage, con acceso a las instalaciones del Riverside, alcanza las 3.084 libras, el más elevado de toda la Premier League. Un símbolo que duele en la grada habitual.

Shahid Khan y su hijo Tony, vicepresidente y responsable de operaciones deportivas, son figuras poco populares entre los hinchas más fieles. Se les acusa de subir precios, de orientar el estadio hacia el turismo, de olvidar a quienes han llenado el Cottage en días mucho menos glamourosos.

La imagen de Kismet, el superyate de Khan galardonado en 2025 y con un salón principal inspirado en Versalles, capaz de alquilarse por más de tres millones de dólares a la semana, choca frontalmente con la realidad económica del aficionado medio. Los números demuestran que el dueño ha puesto dinero para sostener al club en la Premier. Pero la sensación en la grada es otra: que no todo el mundo vive en ese lujo flotante.

Arbeloa, estilo y mensaje

En el banquillo, la narrativa es distinta. Donde Silva fue un jugador discreto, Arbeloa presume de haber estado en la cumbre. Su figura impone respeto en el vestuario. Y su discurso encaja con el nuevo rumbo del club.

Khan padre lo resumió con una frase: “cree en dar oportunidades a los jóvenes”. Es el eje del proyecto. Pero hay otro matiz importante. Arbeloa, salmantino de cuna y formado en un Real Madrid que siempre ha valorado el juego ofensivo, apuesta por un fútbol abierto, de iniciativa. Esa continuidad con el legado de Silva puede ser clave para que la transición no se convierta en ruptura traumática.

Gonzalo García, el fichaje que lo cambia todo

La gran cara nueva es Gonzalo García. Su nombre empezó a sonar con fuerza en el Mundial de Clubes del verano pasado, donde se proclamó máximo goleador del torneo y se ganó comparaciones con Raúl. Palabras mayores en el Bernabéu.

Siguió con goles en Champions frente a Juventus y Borussia Dortmund, pero el ecosistema de estrellas en el que conviven Vinícius Júnior y Kylian Mbappé le cerró el paso. En España se le reconoce como un delantero generoso en el esfuerzo, con un trabajo sin balón imprescindible para sobrevivir en la Premier.

En Fulham llega para ocupar un rol que la temporada pasada recayó, casi por obligación, sobre un Raúl Jiménez castigado por los años y las lesiones de Rodrigo Muniz. García es más joven, más fresco, con más recorrido. También llega rodeado de un ruido mediático que le exigirá resultados inmediatos. El margen de error será mínimo.

Kusi-Asare, el otro proyecto de área

No es el único nombre a seguir en ataque. Jonah Kusi-Asare aterrizó el verano pasado desde Bayern Múnich, otro gigante que ve en Fulham un destino idóneo para foguear talento. Bayern se guardó una opción de recompra por un futbolista al que había reclutado de AIK.

Internacional sub-21 con Suecia, comparado ya con Alexander Isak, Kusi-Asare disputó siete partidos saliendo desde el banquillo el curso pasado sin llegar a marcar antes de que su cesión se convirtiera en traspaso definitivo. Sus números más llamativos los dejó con el filial: cinco goles en seis encuentros bajo la batuta de Hayden Mullins, hoy técnico de Newport.

Con 1,96 de estatura, ofrece un perfil muy distinto al de Gonzalo García. Un nueve de referencia, de área, que puede convertirse en alternativa táctica o en socio complementario. Si da el salto que muchos esperan, el ataque de Fulham puede cambiar de dimensión.

El escaparate del Mundial

El verano internacional también dejó buenas noticias para el club. Gonzalo García debutó con la selección española en un amistoso previo al Mundial contra Irak, aunque no entró en la lista definitiva del equipo que acabaría levantando el título.

Antonee Robinson firmó un gran torneo con Estados Unidos hasta la eliminación de los coanfitriones en octavos ante una Bélgica en la que destacaba Timothy Castagne. Luc de Fougerolles, aún inédito en Premier con Fulham, mostró un nivel muy prometedor en la zaga de una Canadá que alcanzó las rondas eliminatorias. Y Sander Berge completó el quinteto mundialista del club con una actuación sólida en una Noruega que también llegó hasta cuartos de final.

Son señales de que el talento está ahí. De que Fulham no parte de cero.

La cuestión es otra: con un banquillo nuevo, un modelo virado hacia la juventud y una grada cada vez más exigente, ¿mirará Craven Cottage hacia Europa o pasará el año contando puntos para evitar el abismo?