Haaland despierta y el City sobrevive en Oporto
Erling Haaland necesitó 45 minutos para afinar la mira. Cuando lo hizo, bastó para que Manchester City se llevara un 0-2 del Estadio do Dragao ante un FC Porto que se fue creciendo a medida que el campeón inglés levantaba el pie del acelerador. Victoria, sí. Convicción, bastante menos.
El doblete del noruego resolvió una noche que volvió a dejar la misma sensación de las últimas semanas con el equipo de Enzo Maresca: gana, pero juega con fuego.
Un primer tiempo de Costa contra todos
El partido arrancó con un aviso que parecía rutinario. Antoine Semenyo se abrió hueco y probó desde la frontal a Diogo Costa a los 16 minutos. Fácil para el meta. Un disparo para entrar en calor.
A partir de ahí, el duelo se convirtió en un mano a mano continuo entre el City y el portero de Porto.
Al 21’, Semenyo encontró a Phil Foden, centro medido al corazón del área y aparición de Haaland, que hizo lo que suele hacer: ganar la posición y rematar. Esta vez, el héroe fue Costa, que sacó una mano rapidísima abajo.
Seis minutos después, otro aviso serio. Centro desde la izquierda de Semenyo y Haaland, solo, cabeceó alto. Un fallo impropio del delantero que acostumbra a castigar cualquier concesión.
El City olió sangre y apretó. Foden, desatado, se inventó una conducción eléctrica dentro del área al 29’ y obligó de nuevo a Costa a intervenir. El guardameta, lejos de venirse abajo, se agigantó.
El minuto 31 dejó la parada que resumió su primera parte: Haaland armó un disparo raso dentro del área, Costa lo rechazó, se levantó a toda velocidad y también le negó el gol a Rayan Cherki en el rechace. El Dragao rugió con su portero. Parecía que el City podía jugar una hora más sin batirle.
El tramo final del primer acto añadió tensión. Marc Guehi golpeó con el brazo a Gabri Veiga en un salto y la sangre en el rostro del jugador de Porto encendió a la grada. El banquillo local pidió roja por codazo violento. El árbitro no sancionó la acción, interpretándola como un choque más torpe que malintencionado. El ambiente se volvió más hostil, justo como le gusta a Porto en su estadio.
Dos minutos bastan para Haaland
Maresca necesitaba que su nueve ajustara la mira. Haaland tardó exactamente dos minutos del segundo tiempo en hacerlo.
En el 47’, Enzo Fernandez colgó un centro tenso desde la izquierda. Haaland se impuso con el cuerpo, se deshizo de Jakub Kiwior a empujones legales de delantero de área y conectó un cabezazo que besó el poste antes de entrar. El noruego se disculpó con el marcador: lo que había perdonado en la primera parte quedaba, de golpe, en el olvido.
El gol parecía la señal para que el City rematara el partido. No ocurrió. El equipo inglés se relajó. Y Porto, sin apenas haber disparado antes, empezó a creer.
Apenas dos minutos después, el Dragao contuvo el aliento: Gianluigi Donnarumma salió con todo y arrolló a Pepe dentro del área. El estadio pidió penalti, pero la bandera del asistente ya estaba levantada. Fuera de juego del extremo y alivio para el City.
El aviso no cambió demasiado la actitud visitante. El City comenzó a perder balones sencillos, a errar pases que suelen ser automáticos. Porto lo notó.
Porto se rebela, el City tiembla
Al 57’, Alan Varela tuvo por fin la ventana que buscaba. Recibió al borde del área, se acomodó y soltó un disparo con rosca que se marchó rozando el palo largo. Era el primer tiro de Porto en todo el partido. Y sonó a aviso serio.
El City, que había tenido el encuentro bajo control durante casi una hora, se vio obligado a mirar el reloj. Cada pérdida en salida de balón encendía a la grada. Cada control defectuoso aumentaba la sensación de que el 0-1 era un resultado frágil.
En el 66’, Donnarumma coqueteó con el desastre. Recibió el balón en el área pequeña, quiso jugar con calma y William Gomes casi le roba la cartera. El despeje terminó en saque de puerta, pero el susto fue mayúsculo. Otra señal de que el City estaba abriendo la puerta a un rival que hasta entonces apenas había inquietado.
Maresca movió el banquillo y Rayan Ait-Nouri, ya en el tramo final, tuvo en sus botas la sentencia al 85’. Entró en el área desde la izquierda y, con todo a favor, cruzó demasiado. El balón se perdió junto al palo y el City siguió sin cerrar un encuentro que había dominado durante buena parte.
La firma final de Haaland
Cuando el partido ya estaba en tiempo añadido, apareció de nuevo Ait-Nouri, esta vez con más precisión. Minuto 90+1. El lateral ganó línea de fondo por la izquierda, levantó la cabeza y puso el pase atrás. Haaland atacó el espacio y definió raso, sin adornos, para sellar el 0-2.
El City respiró. El Dragao, que no había visto perder a Porto en todo el año natural, se rindió a la evidencia: el campeón inglés se llevaba los tres puntos y estrenaba su campaña en la Champions League con una victoria de peso en un campo incómodo.
Maresca gana, pero no despeja las dudas
Los números dicen que el City apenas concedió ocasiones claras. El resultado, que vence fuera de casa en un estadio que suele ser un infierno. Maresca, lógico, se mostró satisfecho: su equipo generó mucho en la primera parte, encajó poco y dio un golpe de autoridad en el grupo.
La película completa cuenta algo más. Este City ya había dejado señales de alarma: goleado por Arsenal en la Community Shield, victoria sufrida y con fortuna ante Bournemouth, exhibición contra Crystal Palace y nuevo final angustioso en el 1-0 frente a Coventry. La constante se repite: domina tramos largos, pero deja la puerta entreabierta.
En Oporto, el guion fue similar. Control absoluto durante 47 minutos, gol de Haaland… y después, una fase de desorden, pérdidas y concesiones que un rival con más colmillo habría castigado.
El calendario no da tregua. El domingo espera el Manchester derby en Old Trafford, con un Manchester United ansioso por explotar cualquier titubeo. Otro ambiente hostil, otra prueba de carácter, otro examen para un City que gana, sí, pero sigue caminando peligrosamente cerca del fuego.
¿Cuánto tiempo puede sostenerse así antes de quemarse de verdad?
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