Logotipo completo Pelo Tahoy

Hull City marca y Millwall sufre en playoffs

Millwall llegó a The Den con la etiqueta de equipo en forma, seis partidos invicto, cuatro triunfos en casa en ese tramo y un ambiente de ilusión contenida. Salió con otra losa histórica a la espalda: sigue sin ganar nunca una ida de playoff de Championship como local. El viejo fantasma volvió a aparecer justo cuando más duele.

El inicio fue un aviso. Hull, con el recuerdo fresco de sus éxitos de 2008 y 2016, no se presentó en Londres para especular. Se adueñó del balón, empujó hacia el área de Anthony Patterson y encadenó saques de esquina que, aunque no encontraron rematador claro, marcaron territorio desde el primer minuto.

La primera gran sacudida llegó con la cabeza de Charlie Hughes. Cabezazo cruzado, el balón buscando lentamente la escuadra izquierda y The Den conteniendo la respiración. Se marchó rozando el palo, dejando a Millwall agradecido a los centímetros… y a la fortuna. No era un susto menor: solo Coventry había marcado más goles fuera de casa en los primeros 15 minutos de liga que los siete tantos tempraneros de Hull durante la temporada regular. Estar 0-0 ya era casi un privilegio.

Ese aviso despertó al conjunto londinense. Millwall empezó a morder arriba, a ganar duelos, a cargar el juego sobre los costados. Femi Azeez tuvo la réplica inmediata: apareció escorado, casi sin ángulo, y probó a sorprender en la primera llegada realmente dañina de los locales. El disparo no encontró puerta, pero cambió el tono del partido.

Desde ahí hasta el descanso, el duelo fue de Millwall. El equipo de Alex Neil se adueñó del ritmo, ganó segundas jugadas y fue encerrando poco a poco a los Tigers. Thierno Ballo, hiperactivo, dejó una de las acciones que pudieron cambiar la noche: primero, una entrada dura que terminó con Kyle Joseph retirado por un problema de tobillo; poco después, un centro desde la derecha que se paseó a escasos centímetros de su bota estirada. The Den rugió, olió sangre, pero el marcador siguió inmóvil.

La estadística, sin embargo, no engañaba: 20 de los 25 goles encajados por Millwall en liga como local habían llegado tras el descanso. Y la segunda parte volvió a poner a prueba esa fragilidad.

Nada más reanudarse el juego, Hull encontró la grieta. Minuto 48, jugada limpia, vertical. Regan Slater rompió líneas con un pase filtrado para Oli McBurnie. El delantero atacó el primer palo con decisión, pero se topó con un corte providencial de Tristan Crama. Una intervención que, por momentos, pareció un punto de inflexión.

El partido se trabó. Ninguno de los dos equipos encontraba claridad en los últimos metros, y el reloj se acercaba a la hora de juego sin que Patterson ni su homólogo tuvieran que multiplicarse. Con solo una victoria en seis duelos directos previos ante Hull, Alex Neil buscó cambiar el guion desde el banquillo. Movió piezas, introdujo, entre otros, a Alfie Doughty. Parecía un ajuste lógico. Fue el preludio del golpe definitivo.

Apenas un minuto después, la entrada de Doughty quedó retratada. Matt Crooks lanzó un pase largo y tenso hacia la banda derecha, donde apareció Mohamed Belloumi. El argelino encaró, se perfiló hacia dentro y, con la zurda, dibujó un disparo curvado al segundo palo. El balón superó a Doughty, se alejó del guante de Patterson y se alojó en la esquina lejana. Golazo. Estocada silenciosa que heló The Den.

El impacto pudo ser aún mayor. Barry Bannan, con experiencia de sobra en noches de playoff —campeón en 2010 y 2023 con Blackpool y Sheffield Wednesday—, cometió un error impropio de su currículum: perdió un balón sencillo en zona prohibida. Belloumi cazó el regalo, habilitó a Liam Millar y el canadiense se plantó con espacio para castigar. Su disparo, sin embargo, se topó con la pierna salvadora de Jake Cooper, que desvió el balón por encima del larguero. Una vida extra para Millwall.

Esa vida se agotó a doce minutos del final. Si la entrada de Doughty había salido cruz, la de Joe Gelhardt resultó perfecta para Hull. De nuevo Belloumi, siempre Belloumi, apareció abierto a la derecha. Controló, levantó la cabeza y, con el exterior de la bota, sirvió un pase raso y medido, de esos que piden a gritos un remate. Gelhardt no perdonó: control orientado, disparo seco y ajustado al palo derecho. Patterson llegó a tocar, pero no lo suficiente. El 0-2 cayó como una sentencia.

Desde ahí ya no hubo regreso posible. Millwall, que hace apenas unas semanas se había quedado como “el mejor del resto” en la tabla, vio cómo otro intento de asalto a la élite se desvanecía en su propio estadio. El recuerdo de su último descenso de la máxima categoría, en 1990, sigue sin encontrar un capítulo de redención.

Para Hull, en cambio, la historia mantiene un hilo dorado: nunca ha sido eliminado en unos playoffs de Championship. Un año después de salvarse en la última jornada, el equipo se planta a las puertas de Wembley con la confianza de quien sabe sufrir y rematar. El 23 de mayo, en el césped más emblemático, tendrá 90 minutos —quizá alguno más— para demostrar si este instinto asesino basta para abrir de nuevo la puerta de la Premier League.

Mohamed Belloumi, elegido Jugador del Partido por Flashscore, ya ha dado el primer gran paso. La pregunta ahora es si Hull sabrá convertir esta ventaja en una escalera definitiva hacia el llamado “tiempo de los grandes”.