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El corazón roto de Hellberg y el escándalo del espionaje en el ascenso

Se rompe el corazón de Hellberg mientras el ascenso se decide en un despacho

En cualquier otra temporada, la historia sería sencilla: Southampton se gana un sitio en Wembley tras tumbar a Middlesbrough en la prórroga y se prepara para jugarse el ascenso ante Hull City. Fiesta, banderas, cuentas atrás. Pero esta vez no. Esta vez el relato se ha desplazado del césped a la sala de vistas.

Kim Hellberg, técnico sueco de Boro, lo dejó claro tras el 2-1 en St Mary's. Lo que le “rompe el corazón” no es solo la eliminación en las semifinales del play-off. Es el modo. Es el caso que ya se conoce como un nuevo “Spygate”.

El espionaje que lo cambia todo

Southampton ha sido acusado por la English Football League de vulnerar la normativa al espiar una de las últimas sesiones de entrenamiento de Middlesbrough antes del partido de ida en el Riverside. No es un malentendido ni un rumor: el hombre enviado a Rockliffe Park fue descubierto tras conducir cinco horas para grabar el trabajo táctico de Hellberg.

“Si no hubiéramos pillado a ese hombre que enviaron a conducir cinco horas, ahora estaríais diciendo ‘bien hecho’ a Southampton en el aspecto táctico y yo me iría a casa sintiendo que he fracasado”, lamentó el entrenador. Y fue más allá: “Cuando te quitan eso, cuando piensan ‘no vamos a ver cada partido, vamos a mandar a alguien, filmar las sesiones y esperar a que no le pillen’, eso me rompe el corazón en todo lo que creo”.

El golpe no es solo emocional. Es estructural. Porque lo que debería ser una cuenta atrás hacia el 23 de mayo se ha convertido en una carrera contrarreloj jurídica.

Una final en el aire y un calendario implacable

El Championship play-off final está fijado dentro de 10 días. Wembley reservado. Aficionados pendientes de entradas, viajes, hoteles. La maquinaria comercial ya se ha puesto en marcha.

Southampton, de hecho, lanzó este miércoles una línea de merchandising específica para la final en su web. Pero sin alardes. Nada en redes sociales. Un silencio que lo dice todo: el club celebra con cautela, consciente de que aún no sabe si sus aficionados podrán ocupar esas localidades.

Las entradas saldrán a la venta el jueves. Para un partido que, en el peor de los casos para los Saints, podría no jugarse con ellos sobre el césped.

Mientras, el EFL aprieta. No hay margen. Wembley está ocupado el fin de semana siguiente y, después, llegan los compromisos internacionales. No hay hueco para reprogramar. La resolución debe llegar antes del 23 de mayo. Sí o sí.

Southampton ha pedido tiempo para completar una investigación interna. El EFL, lo contrario: una vista acelerada. El pulso es evidente.

Boro, en un limbo incómodo

En Teesside, la palabra “vacaciones” está prohibida. Los jugadores de Middlesbrough tendrán unos días libres, pero en modo espera. Nada de escapadas a Dubai, Ibiza o los destinos habituales. El teléfono debe estar encendido. Pueden ser llamados de vuelta en cualquier momento.

Porque para Boro solo hay un desenlace aceptable: caminar por el túnel de Wembley dentro de una semana y media. El club ha sido claro desde el primer momento: quiere una sanción deportiva para Southampton. Un simple castigo económico no apaga el incendio.

El propietario, Steve Gibson, no se ha quedado de brazos cruzados. Ha recurrido a Nick de Marco, uno de los abogados deportivos más influyentes en casos contra organismos del fútbol. Su currículum pesa: ayudó a que Sheffield Wednesday evitara una deducción de 15 puntos y arrancara la temporada siguiente con cero puntos, pese a que todo apuntaba a un castigo severo.

Esta vez, De Marco jugará en el otro lado: no para tumbar una sanción, sino para reclamarla.

Si el fallo del panel independiente no satisface a Gibson, la historia puede alargarse. No sería la primera vez. En 2021, Middlesbrough inició acciones legales contra Derby County alegando que sus infracciones financieras les habían costado una plaza en el play-off en la temporada 2018-19. Hubo “resolución” extrajudicial. Según la BBC, Boro cobró unos 2 millones de libras.

Si Southampton mantiene su sitio en el play-off y acaba ascendiendo, nadie se sorprendería si Gibson vuelve a esa vía para reclamar compensación.

Un tribunal que crea precedente

Todo está ahora en manos de una comisión disciplinaria independiente, gestionada por Sport Resolutions. Tres miembros: un presidente —normalmente juez, abogado o barrister con rango de KC o QC— y dos vocales expertos en derecho deportivo o mediación. Se les elige por idoneidad y disponibilidad. Este caso, por urgencia y gravedad, va al frente de la cola.

La comisión fija el calendario, pero nunca lo hace público. Lo que sí se sabe es que el EFL ha pedido que todo se acelere. Y que cualquier parte con “interés” —categoría en la que podría entrar Middlesbrough— tiene derecho a apelar. El veredicto de la apelación será definitivo. El reglamento del EFL impide llevar el caso al Tribunal de Arbitraje Deportivo.

No hay un manual al que agarrarse. No existe un baremo tipo “delito-sanción” como en los casos de beneficios y sostenibilidad. La comisión está, en la práctica, escribiendo el precedente.

El único eco cercano es el Leeds–Derby de 2019. Entonces, Leeds United fue multado con 200.000 libras por espiar un entrenamiento de Derby County. Pero aquel episodio se produjo en enero, lejos de un tramo decisivo, y sin una norma específica que prohibiera observar sesiones rivales.

En aquel momento solo existía la regulación E.4, que obliga a los clubes a actuar con la “máxima buena fe” entre sí. A raíz de ese caso, el EFL introdujo la regulación 127, que prohíbe de forma expresa “observar directa o indirectamente (o intentar observar) la sesión de entrenamiento de otro club en las 72 horas previas a un partido”.

Southampton está acusado de vulnerar ambas. Y no ha intentado negar los hechos.

La otra gran diferencia es el contexto. No se trata de una jornada cualquiera en mitad de la temporada. Se trata de la víspera de una semifinal de play-off, uno de los partidos más trascendentes del año, con un ascenso a la Premier League en el horizonte.

¿Qué castigo es suficiente?

En Middlesbrough hay una convicción: si Southampton sube y se instala en la Premier League, los millones del nuevo contrato televisivo harán que cualquier multa parezca calderilla. Por eso piden algo mucho más duro. Quieren a Southampton fuera del play-off.

El camino más directo sería otorgar a Boro una victoria por 3-0 en el partido de ida, lo que les daría un 4-2 global y el billete a Wembley. No sería algo habitual, pero no sería inédito. En 2002, West Bromwich Albion recibió un 3-0 administrativo cuando su partido ante Sheffield United se suspendió tras quedarse los Blades con menos de siete jugadores por tres expulsiones y dos lesiones sin cambios disponibles.

La otra vía es la deducción de puntos. Un término medio: se evita el “botón nuclear” de expulsar a Southampton del play-off, pero se mantiene una sanción deportiva con impacto real.

Si los Saints ascienden, el EFL no puede aplicar directamente la deducción en la Premier League, pero sí puede recomendar a la liga que arrastre la sanción al nuevo campeonato.

La comisión tiene un equilibrio delicado entre manos: encontrar un castigo que sea justo para este caso y, al mismo tiempo, lo bastante contundente como para disuadir a cualquier otro club de recurrir al espionaje, sobre todo antes de un partido de este calibre.

Silencio en Southampton, preguntas en el aire

Mientras tanto, en Southampton se impone el silencio. El club ha blindado a su entrenador, Tonda Eckert. El responsable de comunicación corta cualquier intento de preguntar por el caso. Puertas cerradas.

Pero el cuerpo técnico tendrá que responder, tarde o temprano. ¿Quién sabía qué, y cuándo? ¿Hubo retransmisión en directo? ¿Se subieron esos vídeos a alguna plataforma interna?

Una posible defensa es presentar al espía como un “lobo solitario”, alguien que decidió por su cuenta viajar hasta Rockliffe Park 24 horas antes de que la plantilla volara al norte. Hellberg no compra esa versión. Tras el partido del martes, fue tajante: “Hay alguien que toma la decisión de ir e intentar hacer trampas”.

El fútbol ya ha visto algo parecido en un escenario aún mayor. En el torneo femenino de los Juegos Olímpicos de París 2024, Fifa sancionó a Canadá con seis puntos menos por espiar a Nueva Zelanda con un dron. Además, tres miembros del cuerpo técnico, incluida la seleccionadora, fueron inhabilitados un año para toda actividad futbolística.

La pregunta resuena: ¿se atreverá la comisión independiente a imponer también sanciones personales a miembros del staff de Southampton?

Entre la justicia y el caos

Hay un argumento que se escucha con fuerza en la costa sur: los aficionados de Southampton no merecen esto. Han seguido a su equipo todo el año, han atravesado 48 partidos para llegar a este punto y sienten que su derecho a soñar con la Premier está en juego por decisiones que no tomaron ellos.

Pero hay otro ángulo igual de potente. Sin sanciones deportivas, el riesgo es abrir la puerta a un “far west” competitivo, donde los clubes asuman que es rentable saltarse las normas, pagar una multa y seguir adelante. ¿Qué frena al siguiente que piense en mandar una cámara a la sesión del rival?

Si Southampton acaba en la Premier League la próxima temporada, ¿qué castigo real habrán sufrido?

En los próximos días, una comisión de tres personas definirá no solo el destino inmediato de dos clubes, sino la línea roja de todo un campeonato. Y, mientras tanto, en Middlesbrough y en Southampton se entrenan, se planifican viajes, se imprimen entradas… sin saber todavía quién se habrá ganado de verdad el derecho a caminar sobre el césped de Wembley.