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La vieja guardia de Irán y su camino al Mundial 2026

La vieja guardia de Irán se prepara para otro asalto mundialista. A dos años de 2026, el esqueleto de Team Melli está claro: los nombres son conocidos, las historias también, pero el contexto ha cambiado. Y mucho.

Beiranvand, de las calles de Teherán al arco de 2026

Bajo palos, todo apunta a que seguirá mandando el mismo de siempre. Alireza Beiranvand, 33 años, más de 80 internacionalidades y una biografía que parece guion de cine, parte como firme candidato a ser el portero titular en Estados Unidos, México y Canadá.

El guardameta de Tractor no solo aporta reflejos y envergadura. Aporta relato. A los 12 años huyó de su familia nómada, durmió en la calle en Teherán, encadenó trabajos precarios y se aferró al fútbol como única salida. De ahí al Mundial: en 2018 se plantó frente a Cristiano Ronaldo y detuvo un penalti que quedó para la historia, el primero que fallaba Portugal en una Copa del Mundo.

Detrás de él, Hossein Hosseini (Sepahan) presiona, pero todo indica que deberá asumir un rol de suplente de lujo. Payam Niazmand (Persepolis) y el joven Mohammad Khalifeh (Aluminium Arak FC) completan una nómina de porteros en la que las jerarquías parecen claras, aunque todos sueñan con estar en la lista definitiva como tercer guardameta.

El motor del medio: experiencia, talento y una promesa

En el centro del campo, las miradas se posan en dos nombres. Saman Ghoddos, ahora en Kalba, es la pieza que da sentido al juego iraní. Su lectura de espacios, su pie fino y su capacidad para aparecer entre líneas lo convierten en una referencia indiscutible para Amir Ghalenoei.

A su lado, Saeid Ezatolahi (Shabab Al Ahli) aporta equilibrio. Se perdió los amistosos de marzo por una lesión en el pie, pero todo está encaminado para que llegue en condiciones al verano de 2026. Cuando él está, Irán gana estructura.

Noorafkan y Mohammad Ghorbani, ambos con recorrido y oficio —el primero en Sepahan, el segundo en Al Wahda— ofrecen variantes sólidas para ajustar el mediocampo según el rival. Y luego está el nombre que rompe la rutina: Amir Razzaghinia, joven talento de Esteghlal, un centrocampista al que muchos señalan como posible revelación si Ghalenoei le abre la puerta del escenario grande.

Taremi, la estrella que no se apaga

Arriba, el estandarte sigue siendo el mismo: Mehdi Taremi. Con más de un centenar de partidos con la selección y más de medio centenar de goles, el delantero de Olympiacos se encamina hacia su tercer Mundial. Su figura se ha agrandado en Grecia a base de goles y liderazgo, y llegará a 2026 con la experiencia de quien ya sabe lo que es marcar en este escaparate: firmó un doblete ante Inglaterra en el 6-2 de Qatar 2022.

Taremi es algo más que un finalizador. Fija centrales, descarga de espaldas, arrastra marcas y libera espacios para los que llegan desde segunda línea. La estructura ofensiva de Irán se dibuja, en buena medida, alrededor de su radio de acción.

Por fuera, Alireza Jahanbakhsh, ahora en FCV Dender EH tras su paso por la Premier League con Brighton y por la Eredivisie, sigue siendo un recurso muy valioso en banda. Regate, golpeo y la experiencia de haber vivido distintas ligas europeas. Mehdi Ghayedi, hoy en Al-Nasr, se perfila como otro fijo en la convocatoria, un atacante eléctrico, desequilibrante, que puede cambiar un partido en una acción.

La gran ausencia: el vacío que deja Azmoun

El gran interrogante no está en quién entra, sino en quién parece haberse caído. Sardar Azmoun, 57 goles en 91 partidos con la selección, no estuvo en los amistosos de marzo tras informaciones que apuntaban a un supuesto acto de deslealtad al gobierno. Su ausencia, si se prolonga hasta el Mundial, sería un golpe duro. Pocas selecciones pueden permitirse prescindir de un delantero con semejante promedio anotador.

Ante ese escenario, Ghalenoei ha movido ficha. Para esos encuentros llamó a Dennis Eckert, delantero de Standard Liege con ascendencia iraní, que ve abierta una puerta que hace unos años parecía lejana. No hay promesas, pero sí una oportunidad real de ganarse un billete a 2026.

En ataque también aparecen nombres como Ehsan Mahroughi (Foolad), Ali Alipour (Persepolis), Shahriyar Moghanlou (Kalba), Hossein Abarghouei (Persepolis), Mohammad Mohebi (Rostov), Amirhossein Mahmoudi (Persepolis), Ali Gholizadeh (Ekstraklasa), Mehdi Torabi (Tractor) y Amirhossein Hosseinzadeh (Tractor). Un abanico amplio que le permite al seleccionador ajustar perfiles y roles según el plan de partido.

La pizarra de Ghalenoei: un 4-2-3-1 reconocible

Sobre el césped, la idea base está bastante definida. Irán apunta a un 4-2-3-1 clásico, con Beiranvand en la portería y una línea de cuatro atrás. Salheh Hardani se perfila para el lateral derecho, Milad Mohammadi para el izquierdo. En el eje, la dupla Shojae Khalilzadeh – Hossein Kanaanizadegan asoma como la pareja más fiable para blindar el área.

Por delante, Ezatolahi y Ghoddos como doble pivote ofrecen una mezcla de contención y creatividad que encaja con el plan de juego: solidez en la base, libertad para los mediapuntas. Más arriba, una línea de tres con Jahanbakhsh, Mehdi Ghayedi y Mohammad Mohebi se encargaría de nutrir a Taremi, referencia única en punta.

La alineación tipo, hoy, se dibuja así: Beiranvand; Hardani, Khalilzadeh, Kanaanizadegan, Mohammadi; Ezatolahi, Ghoddos; Jahanbakhsh, Ghayedi, Mohebi; Taremi.

Es un once con experiencia, con historias de superación y con talento repartido por Europa y Asia. Le falta, quizá, el filo que aportaba Azmoun, pero gana en cohesión y en claridad de roles.

La gran cuestión es evidente: con este bloque, con este portero que salió de la calle para frenar a Cristiano y con este delantero que no se cansa de marcar, ¿está Irán preparado por fin para dar un golpe serio en un Mundial?

La vieja guardia de Irán y su camino al Mundial 2026