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La inconsistencia de Hibs preocupa tras derrota ante Kilmarnock

La falta de consistencia de Hibs asusta, pero ya no sorprende a nadie. Forma parte del ADN del club desde hace años, una especie de hilo invisible que siempre termina tirando del equipo hacia abajo en los momentos clave.

La derrota del martes por la noche en casa ante Kilmarnock, tercera caída liguera consecutiva y sexta seguida en Easter Road en la Premiership, no fue solo otro tropiezo. Fue una de las actuaciones más pobres que se recuerdan en el estadio en los últimos tiempos. Apagados, previsibles, sin chispa.

Las estadísticas cuentan una historia engañosa. Hibs tuvo más posesión, más disparos, más balón. Pero casi nunca inquietó de verdad a Max Stryjek. Mucho ruido en la pizarra, muy poca amenaza real sobre la portería rival. Eso es lo que de verdad preocupa.

En estos casos, la mirada siempre acaba en el mismo sitio: el banquillo. David Gray lo sabe y no se escondió tras la derrota. Admitió que buena parte de las críticas que le caen están justificadas. Asumió su cuota. Pero el foco no puede quedarse solo ahí.

Los jugadores también tienen que mirarse al espejo. Varios de los fichajes realizados en las últimas ventanas de traspasos no han rendido al nivel exigido con la continuidad que demanda un club que quiere pelear en la parte alta. Demasiados picos y valles, muy poca fiabilidad.

Gray lleva más de dos años al mando y tiene méritos que nadie le va a quitar. Ha guiado al equipo a competiciones europeas en temporadas consecutivas, un logro que muchos entrenadores firmarían sin pensarlo. Ha convivido con la presión, con la crítica y con los altibajos propios de un banquillo caliente como el de Easter Road.

Pero conoce bien el negocio. Sabe que una racha como la actual tiene consecuencias. Y que el crédito, por muy merecido que haya sido, no es infinito.

Hay una verdad simple que se impone por encima de discursos y estadísticas: solo ganando partidos se apagará el ruido que rodea a Gray y a su plantilla. Todo lo demás son matices.

El sábado, la visita de Aberdeen se ha convertido en algo más que un partido de liga. En Easter Road se percibe como una especie de examen definitivo. Cualquier resultado que no sea una victoria puede convertirse en la gota que colme el vaso para una afición cansada… y quizá también para la directiva.

Para Gray, las próximas semanas —tal vez incluso los próximos días— se presentan como uno de los tramos más decisivos de su carrera en los banquillos. Y Hibs deberá decidir si este es solo otro bache más en su historia reciente… o el inicio de un cambio mucho más profundo.