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Infantino acelera la venta del Mundial: 20 millones por voto

Gianni Infantino ha encendido la mecha más peligrosa de su presidencia. Desde Zúrich, el presidente de FIFA ha dado a las 211 federaciones un ultimátum: hasta el 19 de septiembre para aceptar una oferta única de 20 millones de dólares por cabeza, a cambio de abrir la puerta a inversores privados en el corazón mismo del Mundial.

No es un simple plan comercial. Es un intento de reconfigurar quién manda en el fútbol mundial.

Un gigante de 20.000 millones… con capital privado

El proyecto pasa por crear una filial de FIFA valorada en 20.000 millones de dólares, controlada en un 80% por el organismo y en un 20% por inversores privados. Esa nueva empresa gestionaría las grandes competiciones: Mundiales, Mundiales de Clubes y otros eventos.

La propuesta, respaldada por la firma Thrive Capital de Joshua Kushner —hermano de Jared Kushner—, convertiría a una entidad sin ánimo de lucro con sede en Suiza en socia de capital riesgo durante 12 años. El proceso de captación de inversores, según la carta enviada por Infantino a las federaciones, estaría liderado por J.P. Morgan.

Infantino lo define como una “oportunidad de financiación singular y única” y lo envuelve en un discurso de responsabilidad: “Es mi deber y responsabilidad como presidente de FIFA presentarles oportunidades que cambian el juego”, escribió en la misiva, a la que tuvo acceso The Associated Press.

El mensaje de fondo es sencillo: acepten ahora y cobren más; rechacen y se quedarán con menos.

El dinero sobre la mesa

Las cifras son el gancho. Si la filial —bautizada como FIFA Forward Enterprise (FFE)— sale adelante, cada federación recibiría 20 millones de dólares en el ciclo comercial ligado al Mundial masculino de 2030.

Si el plan cae, la promesa se reduce a 10 millones repartidos en los próximos cuatro años, tal y como ya estaba previsto.

Sobre un horizonte de 12 años, la diferencia es brutal para muchas asociaciones: unos 86 millones frente a los 36 millones aproximados que obtendrían si se mantiene el modelo actual sin capital privado. Para decenas de federaciones que dependen casi por completo del dinero de FIFA, el dilema no es teórico. Es de supervivencia.

El problema es el precio político de ese cheque.

UEFA se rebela: “El Mundial no es de FIFA para venderlo”

La respuesta en Europa fue inmediata y furiosa. UEFA, que agrupa a 55 federaciones, prepara una reunión de urgencia en línea para analizar el plan y ya ha dejado claro el tono.

“El Mundial no es de FIFA para venderlo”, lanzó el organismo europeo en un comunicado, denunciando un esquema que considera una amenaza directa a la gobernanza del fútbol.

El plazo impuesto por Infantino —un ultimátum de apenas semanas para comprometerse a un acuerdo de 12 años— ha encendido aún más los ánimos. “El plazo apresurado para reclamar los 20 millones iniciales lo dice todo sobre este plan. FIFA no puede seguir utilizando nuestro deporte para enriquecerse a sí misma y a sus amigos”, disparó UEFA.

Sobre la mesa aparece incluso una palabra que en Zúrich conocen bien: boicot. En 2021, la amenaza de ausentarse de competiciones de FIFA fue una de las armas con las que Europa frenó el intento de celebrar el Mundial cada dos años.

América del Norte y Asia alzan la voz

La incomodidad no se limita al Viejo Continente. Desde CONCACAF llegó un mensaje inusualmente duro: “Estamos profundamente preocupados por la falta de debido proceso”, señaló la confederación norte y centroamericana.

En Kuala Lumpur, la Confederación Asiática de Fútbol también mostró su malestar, no tanto por el contenido, sino por las formas: “Estamos decepcionados de que un asunto de tal importancia haya llegado al dominio público antes de que la familia de la AFC tuviera la oportunidad de examinarlo y discutirlo”.

El patrón se repite: los grandes actores del juego se sienten apartados de las decisiones estratégicas mientras FIFA negocia en silencio con fondos de inversión.

El poderoso grupo European Football Clubs, que comparte con UEFA la gestión de la Champions League, confesó haberse enterado del proyecto “como la mayoría de los actores del fútbol mundial: sin previo aviso y a través de los medios”.

El riesgo de “mercantilizar” el Mundial

El movimiento abre un debate incómodo: ¿qué tipo de Mundial quiere FIFA cuando entra el capital riesgo?

El académico Antoine Duval advirtió que la entrada de inversores podría “incentivar a FIFA a mercantilizar aún más el Mundial”, con ejemplos muy concretos: más pausas de hidratación pensadas para la televisión, precios dinámicos de entradas y un calendario recargado para exprimir cada dólar.

Para aumentar el valor de la nueva filial, la hoja de ruta apunta a más Mundiales, más Mundiales de Clubes, más equipos y más partidos, tanto en el fútbol masculino como en el femenino. Un choque frontal con las competiciones que organizan las confederaciones, desde la Champions League y la Eurocopa hasta la Copa América.

Si el pastel se hace más grande, la pregunta es quién decide el reparto y a costa de qué.

Política, Trump y el círculo Kushner

El proyecto no llega en el vacío. Forma parte de una cadena de decisiones que han acercado a Infantino al entorno político de Estados Unidos.

En su mandato ya impulsó la creación de un FIFA Peace Prize, entregado en diciembre a Donald Trump durante el sorteo del Mundial. También permitió que Trump interviniera en el proceso que desembocó en que el delantero Folarin Balogun representara a Estados Unidos en la Copa del Mundo.

Ahora, el intento de atar a Thrive Capital como inversor ancla durante 12 años refuerza la sensación de alianza con el círculo Kushner-Trump.

Para muchos en el fútbol europeo, la película es clara: un presidente de FIFA que actúa como un CEO de una multinacional, rodeado de financieros y asesores políticos, y cada vez menos pendiente de los equilibrios tradicionales del juego.

Resistencia británica: “El fútbol no pertenece a los inversores”

En el Reino Unido, la reacción fue tan rápida como contundente. El primer ministro Andy Burnham, declarado aficionado al fútbol y con un gobierno que respalda la candidatura para albergar el Mundial femenino de 2035 en Inglaterra, Escocia, Gales e Irlanda, se posicionó sin matices.

“El fútbol no pertenece a los inversores”, dijo en un mensaje en vídeo en Instagram. “Una vez que has vendido una parte del Mundial, te has vendido. El fútbol pertenece a los aficionados. Siempre ha sido así y siempre lo será”.

El eco de esas palabras resuena en un país que ya jugó un papel clave frenando otro proyecto polémico: la Superliga europea. En 2021, la amenaza de legislación desde Downing Street, entonces con Boris Johnson al frente, contribuyó a tumbar una competición que ponía en jaque a la Champions League y que, según distintas informaciones, contó con el apoyo discreto de Infantino. Detrás de aquella Superliga también estaba J.P. Morgan, el mismo banco que ahora liderará la búsqueda de inversores para la filial de FIFA.

El juego de poder dentro de FIFA

El trasfondo es un sistema político peculiar. En FIFA, cada federación tiene un voto. Da igual si se trata de una potencia mundial o de un país cuya selección apenas disputa partidos de élite.

Ese diseño permite que las grandes naciones futbolísticas puedan ser fácilmente superadas en las urnas por un bloque de asociaciones pequeñas, muchas de ellas dependientes del dinero que llega desde Zúrich y sin opciones reales de clasificarse a un Mundial.

Para Infantino, ese mapa ha sido la base de un poder casi incontestable. En 2016, cuando ganó las elecciones, una de sus promesas clave fue aumentar las ayudas económicas. Lo repitió en sus reelecciones sin oposición de 2019 y 2023. Más fondos, más lealtades.

El nuevo plan mantiene la misma lógica, pero multiplicada: 20 millones inmediatos para cada federación si votan a favor. Una oferta difícil de rechazar para muchas asociaciones, aunque el coste sea entregar un trozo del Mundial a capital privado.

Un presidente que se juega algo más que un proyecto

Hasta hace poco, Infantino parecía caminar sin sobresaltos hacia un cuarto y último mandato, hasta 2031, sin rivales a la vista. Ahora, su apuesta por la filial FFE ha encendido alarmas más allá de los círculos críticos habituales en Europa.

El calendario le juega en contra. Los posibles candidatos tienen menos de cuatro meses para organizar una alternativa: la fecha límite para presentar candidaturas es el 18 de noviembre. La elección está programada para el 18 de marzo en Rabat, Marruecos, uno de los aliados más firmes de Infantino y coanfitrión del Mundial 2030.

En paralelo, crece la sospecha de que el presidente de FIFA no piensa marcharse del todo cuando expire su mandato. Un puesto como CEO o comisionado al frente de la futura FIFA Forward Enterprise encajaría a la perfección con esa ambición de seguir manejando los hilos del negocio, incluso cuando el cargo político haya caducado.

La pregunta, ahora, no es solo si las federaciones aceptarán el dinero. Es si el fútbol está dispuesto a vender una parte del Mundial para financiar su futuro… y quién mandará realmente cuando el capital riesgo entre en el vestuario del deporte más poderoso del planeta.