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Jack Grealish y la división en la afición del City

Jack Grealish ha vuelto a los entrenamientos de pretemporada con Manchester City, pero se ha quedado fuera de la gira por Hong Kong y Seúl. Un dato frío, sí, pero que enciende un debate caliente: ¿tiene todavía sitio en el Etihad Stadium o su ciclo ya se ha cerrado sin aviso oficial?

El club no ha comunicado nada definitivo sobre su futuro, pero el termómetro emocional está en manos de la grada. Y ahí el veredicto, por ahora, dista mucho de ser unánime.

“No lo quiero ver más con la camiseta del City”

Hay hinchas que ya han dictado sentencia. Para June, el asunto es tajante. Grealish no debería volver a vestir de celeste.

Su argumento es directo: el City jugó mejor sin él la temporada pasada. Demasiado tiempo “en el césped” y poco tiempo siendo realmente determinante. En su visión, el extremo no compensa con rendimiento lo que ocupa en salario, rol y dorsal. No es un activo, es un lastre.

Ese tipo de opinión no es aislada. Entre parte de la afición existe la sensación de que el fichaje, uno de los más caros en la historia del club, no ha devuelto lo esperado en goles, desequilibrio y peso competitivo. Y que el equipo ha aprendido a ganar sin él.

La otra mirada: experiencia, vestuario y espíritu

En el lado opuesto, Roger no solo le abriría la puerta a Grealish. Se la alfombraría.

Su visión va más allá del regate y la estadística inmediata. Le duele la salida de John Stones, un jugador identificado con el club, y menciona en el mismo plano emocional a Kevin de Bruyne. Futbolistas veteranos, con historial de lesiones, pero que para él siguen siendo fundamentales para mantener vivo el espíritu del vestuario.

En ese contexto coloca a Grealish: no como estrella absoluta, sino como pieza útil, capaz de sumar en un equipo que todavía quiere dominar. Roger está convencido de que esa mezcla de experiencia y personalidad podría haber marcado la diferencia en la lucha por el título. Incluso se atreve con una hipótesis clara: el City podría haber superado a Arsenal si esos jugadores hubieran seguido siendo parte activa del grupo.

Su preocupación no se queda ahí. Cita la salida de James Trafford como otro posible error de cálculo. Un aviso: desprenderse demasiado rápido de piezas que podrían tener peso en el futuro, mientras se discute si otros, como Grealish, deberían seguir o no.

“El peor fichaje desde Lee Bradbury”

Si June fue contundente, Paul sube el tono varios escalones. No pide una segunda oportunidad. Pide una salida inmediata.

Para él, Grealish es “el peor fichaje del City desde Lee Bradbury”. Una comparación dura, cargada de memoria histórica y frustración. Le acusa de vivir de una imagen inflada, “una leyenda en su propia cabeza”, y de aportar poco o nada en el campo.

El dorsal 10, símbolo de creatividad y jerarquía, se convierte aquí en un peso. Paul lo resume con una frase lapidaria: lleva el 10, pero no tendría puntería “ni para acertar a la puerta de un granero”. Crítica al remate, crítica al impacto real, crítica al aura de estrella.

Un número 10 sin sitio… por ahora

Entre el rechazo frontal y la defensa emocional, la realidad es tozuda: Jack Grealish ha vuelto a la ciudad, pero no al escaparate principal del equipo. Entrena, pero no viaja. Pertenece al grupo, pero su rol está en entredicho.

En un vestuario acostumbrado a la exigencia máxima, donde la competencia no perdona bajones de forma ni lesiones largas, el margen para reinventarse es mínimo. Grealish se asoma a una temporada que puede redefinir su carrera: recuperar un lugar en la rotación de élite o confirmar la sensación de que su etapa en el City se ha consumido antes de tiempo.

La grada ya ha hablado, y lo ha hecho en dos idiomas muy distintos: el del adiós inmediato y el de la última oportunidad. Ahora falta por saber en cuál de ellos responderá el club. Y, sobre todo, en cuál de ellos responderá Grealish cuando vuelva a pisar el césped con algo más en juego que una sesión de entrenamiento.