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Jeff Bezos y su participación en el Liverpool: más del 38%

El desembarco de Jeff Bezos en el Liverpool es aún mayor de lo que se pensaba. El consorcio de multimillonarios en el que participa el fundador de Amazon controla ya un 38% del club, por encima de las estimaciones iniciales, que situaban la operación “en el entorno del 30%”.

Las cifras reales se acercan más al 40% que a ese primer cálculo. Y detrás de ese porcentaje aparece un nombre clave: 1892 Holdings, el vehículo de inversión liderado por el empresario británico-indio Amit Bhatia.

Una puerta abierta a tomar el control

Dentro del acuerdo existe una opción para que 1892 Holdings pueda adquirir una participación de control en el Liverpool en los próximos 12 meses. No es una obligación, no hay compromiso formal, pero la puerta está entreabierta.

Fuentes cercanas al pacto insisten en que esa flexibilidad en la documentación no debe interpretarse como una señal de intención inmediata ni como una hoja de ruta cerrada hacia una futura compraventa total. Es, de momento, una posibilidad, no un destino marcado.

FSG no vende por necesidad

Fenway Sports Group, propietario mayoritario del Liverpool, no salió al mercado por urgencias de caja. No se trataba de tapar agujeros. La oportunidad era otra: sumar a la mesa a perfiles como Bhatia, Bezos —integrado en K5 Sports, que tendrá representación en un consejo ampliado a través de Bryan Baum— y el cofundador de Facebook Eduardo Saverin, cuya esposa Elaine también se sienta ya en el órgano de gobierno.

Bhatia, yerno del magnate del acero Lakshmi Mittal y ex copropietario de QPR, ha sido el interlocutor principal de FSG durante toda la negociación. Su peso en la nueva estructura será inmediato: se convertirá en el nuevo vicepresidente del club.

La inversión sitúa la valoración del Liverpool entre cinco y seis mil millones de dólares. Una cifra que lo consolida en la élite absoluta del fútbol mundial en términos empresariales.

Fichajes: calma en Melwood

El aterrizaje de este capital no cambiará el plan deportivo a corto plazo. Ni revoluciona la estrategia de fichajes para lo que queda de mercado ni altera el presupuesto ya definido.

Las decisiones, tanto en el césped como en los balances, seguirán emanando del área deportiva del Liverpool. El mensaje interno es claro: el dinero nuevo llega para reforzar la estructura y la proyección global, no para improvisar una revolución de chequera.

El club entra en una nueva fase de poder financiero y de influencia en los despachos. La cuestión, ahora, es cuánto tardará ese músculo en traducirse en ventaja real sobre el terreno de juego.