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Kendry Páez: de estrella en Ecuador a la academia de Chelsea

Kendry Páez, del cartel de estrella a la trinchera de la academia de Chelsea

Tres años después de que Chelsea cerrara un acuerdo millonario por un adolescente que deslumbraba en Ecuador, Kendry Páez por fin se puso la camiseta blue. Pero no fue en Stamford Bridge, ni bajo los focos de la Premier League. Fue en el fútbol de desarrollo, con Cobham Next Gen, el renombrado equipo Sub-21 del club.

Entró al campo en el minuto 12, en la goleada 4-1 a domicilio ante Arsenal el sábado. Un detalle llamativo para un jugador por el que se pagaron 17,27 millones de libras cuando apenas tenía 16 años y que llegaba desde Independiente del Valle como uno de los grandes proyectos de Sudamérica.

Hoy tiene 19. Y su trayectoria no ha ido al ritmo que muchos imaginaron cuando rompía récords en Quito.

De niño prodigio a caso complejo

Páez no apareció de la nada. Se ganó titulares muy pronto. Con 15 años se convirtió en el debutante y goleador más joven de la historia de la primera división ecuatoriana. Ese mismo curso ya estaba pisando la Copa Libertadores, el escenario mayor del continente.

Su impacto internacional fue igual de precoz. En 2023, con 16 años y 131 días, disputó su segundo partido con Ecuador y se transformó en el segundo futbolista más joven en jugar unas eliminatorias sudamericanas al Mundial, solo por detrás de Diego Maradona. Un mes después, marcó en la victoria 2-1 ante Bolivia y se convirtió en el goleador más joven de la historia de la clasificación mundialista en Sudamérica.

Con 18 partidos y dos goles con la selección cuando Chelsea cerró su fichaje, el relato parecía escrito: un mediapunta zurdo, creativo, destinado a liderar una nueva generación ecuatoriana y a encajar de lleno en la nueva política de talento joven del club londinense.

Chelsea le abrió las puertas del primer equipo incluso antes de que pudiera ser inscrito oficialmente, mientras cumplía la mayoría de edad. También le rodeó de protección: el club ofreció seguridad para él, su familia y la del internacional Moisés Caicedo cuando la violencia sacudió Ecuador a comienzos de 2024.

La apuesta era total. El contexto, mucho menos sencillo.

Advertencias, préstamos y fricciones

Poco después, una imagen empezó a perseguirle: un vídeo grabado en un club de striptease en Nueva York durante una concentración con la selección. El ruido creció. Y la lupa sobre su comportamiento también.

En el campo, su primera parada europea fue prometedora. Cedido en Strasbourg, club vinculado a Chelsea por propiedad compartida, se llevó el premio al Jugador Joven del Mes de septiembre en la Ligue 1. Parecía el paso lógico en su escalada.

El impulso se frenó en seco.

Liam Rosenior, entonces técnico de Strasbourg, no escondió su frustración con el nivel del ecuatoriano: “Esperamos más, claramente. Estoy cansado de usar la excusa de la juventud del jugador”, declaró. El mensaje fue directo. El rendimiento, insuficiente: un gol en 21 partidos.

El préstamo se canceló antes de tiempo pese a la conexión estructural entre los dos clubes. Páez tomó rumbo a Argentina para un nuevo intento de relanzar su carrera en River Plate, con un acuerdo de cesión por dos años.

Allí tampoco terminó de encajar. Voces en Argentina, consultadas por BBC Sport, repitieron un diagnóstico parecido: dudas sobre su actitud y su impacto competitivo. El foco se posó en un Superclásico: derrota 1-0 ante Boca Juniors en el Monumental, con una actuación muy por debajo de lo que se espera de un fichaje de su cartel.

Poco después, el presidente Stefano Di Carlo lo incluyó en una lista de 15 jugadores que pasaban a entrenarse al margen del primer equipo. Otros dentro del club consideraron que no había tenido todas las oportunidades que merecía. Sea como fuere, la cesión se dio por terminada de mutuo acuerdo.

El balance: un gol en 14 partidos, 461 minutos sobre el césped. Muy lejos del impacto que se le exigía.

Preocupación en Ecuador, paciencia en Londres

En su país, donde se le había elevado a la categoría de “siguiente gran talento ofensivo”, la preocupación ya es abierta.

Michel Deller, dueño de Independiente del Valle, lo resumió con crudeza en una entrevista con Hincha Amarillo: “Es como un hijo para nosotros. Nos importa muchísimo. Es un buen chico que ha pasado momentos difíciles y ha tomado decisiones que han complicado su vida. Siempre tenemos la esperanza de que vuelva a mostrar su talento excepcional, pero ahora mismo depende de él decidir qué hacer con su vida”.

En Chelsea no ignoran estas señales. Tampoco su entorno más cercano. Admiten que hay errores y baches. Pero consideran que el relato se ha exagerado, que se le debe conceder tiempo para madurar como futbolista y como persona.

La realidad, por ahora, es otra: Xabi Alonso, nuevo técnico del primer equipo, fue tajante al llegar. Páez “no está en mis planes”, dijo. El club lo registró en su web oficial como jugador de academia. Y las opciones de darle salida se toparon con un muro burocrático.

Chelsea intentó encontrarle un préstamo dentro del fútbol inglés. No pudo. Las normas de la Fifa se lo impidieron: el club ya había ocupado sus seis plazas de cesiones internacionales, lo que bloqueaba cualquier salida al extranjero.

Resultado: Páez, uno de los nombres más cotizados de Sudamérica hace no tanto, ha tenido que reubicarse en la Sub-21.

Un rincón en Wycombe y un nuevo punto de partida

Su reaparición con Cobham Next Gen dejó una imagen potente en el EFL Trophy, en la visita a Wycombe Wanderers. Apenas 778 aficionados en las gradas. Un escenario muy lejos de la Libertadores, de las eliminatorias mundialistas, del Monumental.

Antes del inicio, el ecuatoriano se mantenía algo apartado del resto de canteranos, quizá por idioma, quizá por carácter. Se sumó a los calentamientos, pero se le vio reservado, casi en su propio mundo. Entró en el minuto 62, como mediapunta derecho, una especie de rol “a lo Cole Palmer” en un sistema que imitaba la defensa de tres de Alonso.

Durante buena parte del encuentro fue un actor secundario. Hasta el tramo final.

En el descuento, ejecutó un córner en corto y colgó un centro abierto que Harrison Bettoni empujó a la red. Luego envió otro balón al área que generó caos mientras Chelsea buscaba el empate. No lo logró. El equipo cayó derrotado, pero Páez dejó, por fin, una pequeña huella.

Fue un alivio para él. Un destello en una noche gris. Y una señal de que el talento sigue ahí, aunque enterrado bajo meses de dudas.

Experiencia precoz, margen de redención

Conviene no perder de vista un dato: pese a su edad, Páez ya acumula 70 partidos con Independiente del Valle y más de 100 encuentros como profesional. No es un proyecto crudo de academia, sino un jugador con rodaje real en primera línea.

Ese bagaje es el ancla a la que se aferra su entorno. Y también Chelsea.

En Cobham valoran su actitud desde que regresó al día a día del club. Hablan de un contexto estable, de entrenamientos de alto nivel y de un círculo más controlado que el de sus últimas cesiones. Su familia estuvo presente en el reciente partido en Wycombe, otro elemento que el club interpreta como una base de apoyo importante.

Además, los encuentros de la academia suelen estar repletos de ojeadores de la English Football League y de otros países. Cada minuto es un escaparate. Cada control, una oportunidad de cambiar el relato.

Dentro del club hay cierto optimismo: si mantiene la línea de trabajo, podría ganarse un primer préstamo en el fútbol inglés en enero. O, si se libera una de las seis plazas de cesión internacional, volver a probar suerte fuera.

El margen existe. El talento también. La pregunta, ahora, es si Kendry Páez será capaz de reconectar con aquel chico de 15 años que rompía récords en Ecuador y justificaba cada libra que Chelsea decidió invertir en él. Porque el tiempo de las promesas eternas se acaba rápido en la élite. Y su siguiente decisión puede marcar el resto de su carrera.