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Kylian Mbappé: libertad en Madrid y la cicatriz del Mundial

Kylian Mbappé, entre la libertad de Madrid y la cicatriz del Mundial

A las puertas de un nuevo Mundial con Francia y con Senegal como primer obstáculo, Kylian Mbappé se detiene un instante. Antes de volver a ponerse la camiseta de su selección, el delantero de Real Madrid abre una ventana poco habitual a su vida lejos del césped: su aterrizaje en España, la convivencia diaria con la fama y una herida que sigue abierta desde la final de 2022.

En una extensa conversación con Le Parisien, alimentada también por comentarios previos junto a compañeros de la selección francesa, el capitán de Francia se desnuda algo más de lo habitual. Habla menos del balón y más de todo lo que lo rodea.

Madrid, una vida que no se podía permitir en París

Desde que se concretó por fin su largamente esperado fichaje por Real Madrid, casi todo el debate giró en torno a lo obvio: goles, asistencias, jerarquía, cómo encajaría en un vestuario plagado de estrellas. Mbappé, sin embargo, señala otro cambio como el más profundo: su día a día lejos del foco del estadio.

En Madrid ha encontrado algo que en París se le escapaba entre flashes, cámaras y escoltas. Lo resume con una frase que condensa tanto resignación como lucidez: está “preparado para ser famoso” y sabe que “tiene que lidiar con eso”. Pero en la capital española, esa batalla es distinta.

Mbappé describe una rutina que suena casi mundana, pero que para alguien de su dimensión roza el lujo: poder caminar por la calle sin un cordón de seguridad, improvisar planes, mezclarse con la ciudad. “Estoy muy feliz en Madrid; puedo vivir más libremente que en Francia. Puedo salir a la calle sin seguridad”, explica. Para cualquiera sería una obviedad; para él, una conquista.

“Puedo vivir mi vida y hacer planes que antes no hacía. Está bien. Hago cosas muy normales, más de lo que la gente piensa”, añade. No habla de restaurantes exclusivos ni de fiestas privadas. Habla de normalidad. De recuperar, aunque sea a ratos, una vida que la fama suele devorar muy pronto.

La final de 2022, una herida que no cierra

Pero por muy ligera que parezca hoy su vida en Madrid, hay un recuerdo que sigue pesando. Cuando la conversación gira hacia la final del Mundial de 2022 ante Argentina, el tono cambia. El brillo del nuevo comienzo se apaga y aparece la crudeza de una noche que marcó a una generación de futbolistas franceses.

Mbappé firmó en aquel partido una actuación descomunal, de las que se archivan en la historia de los Mundiales. Hat-trick en una final, liderazgo, carácter. Y, aun así, derrota. El contraste todavía escuece.

“Es muy difícil perder una final de Copa del Mundo. Es una competición que se juega cada cuatro años. Muchos de los jugadores de ese partido ya no están en este Mundial”, recuerda. En una sola idea condensa la grandeza y la crueldad del torneo: se trabaja un ciclo entero, se sufre, se compite al límite… y en 120 minutos todo se decide.

Lo que más le duele no es solo el resultado, sino la forma. La sensación de haber llegado al filo de la gloria para caer en la tanda. “Esa es la crueldad: pensar que pasamos por todo eso solo para perder en los penaltis”, admite. Y remata con una convicción que lo define: “No creo en la suerte; los penaltis no son una lotería”.

No hay consuelo en esa frase, sino una exigencia feroz. Para Mbappé, incluso en la distancia de los once metros hay responsabilidad, preparación, carácter. No se refugia en el azar. No se esconde detrás de tópicos. Acepta la herida, pero también el peso de haber estado allí.

Ahora, con Francia a punto de iniciar otro asalto al título y él ya instalado en su nueva vida en Madrid, la pregunta es inevitable: ¿será este Mundial el escenario en el que esa libertad recién conquistada y esa vieja cicatriz encuentren, por fin, una respuesta en el campo?