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Lincoln City vuelve a la segunda categoría tras 65 años

Sesenta y cinco años después, Sincil Bank —ahora rebautizado como ProAmpac Stadium— se vistió de gala para el regreso de Lincoln City al segundo nivel del fútbol inglés. Banderas, nostalgia, un lleno hasta la bandera con 10.545 aficionados y la presencia del inversor estadounidense Ron Fowler en la grada. Todo apuntaba a tarde histórica perfecta.

Portsmouth se encargó de pinchar el globo.

Un adolescente silencia el ProAmpac

Lincoln salió como un ciclón. Presión alta, ritmo frenético y ocasiones claras desde el inicio. Adam Reach probó primero desde falta directa y obligó a Nicholas Schmid a volar para desviar por encima del larguero. Poco después, Ben House se plantó solo ante el guardameta y también se topó con él en el mano a mano en el minuto cinco.

Parecía cuestión de tiempo que el estadio explotara de alegría. Lo hizo, pero por el otro lado.

En la primera llegada seria de Portsmouth, el joven cedido por Chelsea, Ryan Kavuma-McQueen, de apenas 17 años, encontró el hueco que nadie había hallado hasta entonces. Control, pausa y disparo raso ajustado al fondo de la red. Primer gol como profesional y un mazazo para un Lincoln que había hecho casi todo bien… salvo marcar.

El golpe dejó tocado al equipo local y Portsmouth olió la sangre.

El golpe de Segecic y la respuesta de Hackett

Abu Kamara fue derribado al borde del área y el balón quedó perfecto para el guante de Adrian Segecic. El disparo del jugador de Pompey salió potente, con una ligera desviación en la barrera que terminó de descolocar a Schmid. Segundo gol visitante y un silencio espeso en un estadio que minutos antes rugía.

Lincoln, fiel a la propuesta de sus técnicos Chris Cohen y Tom Shaw, no se echó atrás. El plan era el mismo que les había llevado hasta el Championship: energía, verticalidad y fe en el ataque. Y esa insistencia encontró premio.

Un disparo de Reach dentro del área golpeó en el brazo de Zak Swanson, que se lanzó para bloquear. Penalti señalado y Reeco Hackett, titular tras entrar por Ryley Towler en el once, asumió la responsabilidad. Carrera corta, golpe seco y gol. 1-2, media hora de juego y la sensación de que el partido volvía a encenderse.

El ambiente recuperó tono. La grada creyó de nuevo en la remontada. Lincoln, que no perdía un partido de liga en casa desde hacía más de diez meses —desde aquella derrota ante Exeter City a comienzos de octubre—, olía el empate.

Hasta que apareció Ebou Adams.

Adams apaga el sueño del estreno

Con el encuentro abierto y Lincoln volcado, Portsmouth encontró la calma que necesitaba en un destello individual. Adams, recién salido desde el banquillo, recibió a unos 25 metros de la portería y no dudó. Control orientado, espacio justo y un derechazo seco, violento, que se coló sin discusión.

Un gol que no solo amplió la ventaja a 1-3. También pareció vaciar de aire a un Lincoln que veía cómo el día de su gran regreso se torcía sin remedio.

Los locales, aun así, no renunciaron a su estilo. Siguieron atacando, empujados por una afición que se negaba a abandonar el festejo. La recompensa estuvo a centímetros. Ya en el tiempo añadido, un disparo de Rob Street se desvió en un defensor y el balón describió una parábola lenta, angustiosa, que terminó besando el larguero antes de salir. El estadio contuvo la respiración. El milagro no llegó.

Sin remontada, sin final épico. Solo el sabor amargo de una ocasión especial desaprovechada.

Un salto de categoría… y de exigencia

El contexto hace todavía más duro el golpe. Lincoln City llevaba desde 1961 sin competir en este nivel. Cuando el club jugó por última vez en la segunda categoría, el ser humano aún tardaría ocho años en pisar la luna. Desde entonces, generaciones enteras de aficionados solo habían conocido las profundidades de la English Football League e incluso el fútbol no profesional.

Hace apenas una década, el club peleaba por escapar de las divisiones no ligueras. Menos de 25 años atrás, fueron los propios hinchas quienes lo rescataron de la administración concursal en 2002, evitando el colapso económico.

Hoy, el escenario es otro. El ascenso desde la tercera categoría llegó pese a manejar uno de los presupuestos más modestos de League One. El club ha roto sus propios límites: este verano pagó por primera vez más de un millón de libras por un traspaso, el del rumano Andrei Coubis, y se espera que vuelva a batir su récord con la llegada del delantero danés Mikkel Ladefoged desde el Vasteras SK sueco.

La inversión, la nueva imagen del estadio, la presencia de Fowler, el regreso al segundo nivel… todo apuntaba a un inicio de era con final feliz. En su lugar, Portsmouth se llevó los puntos y el protagonismo, guiado por el descaro de un adolescente como Kavuma-McQueen y el martillazo lejano de Adams.

El Championship no perdona sentimentalismos. La fiesta ya ha terminado. Ahora Lincoln tendrá que demostrar, semana a semana, si está preparado para quedarse en esta categoría o si este regreso será solo una breve visita en la historia del club.