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Luca Zidane y su historia en el Mundial de Argelia

El apellido Zidane vuelve a un Mundial… pero bajo los palos de Argelia

Cuando apareció el nombre “Zidane” en la espalda del guardameta de Argelia frente a Argentina, en el debut mundialista de los norteafricanos, el estadio entero pareció viajar en el tiempo. El recuerdo de uno de los más grandes futbolistas de la historia de Francia se impuso de inmediato. Pero no era Zinedine. Era Luca Zidane, su hijo, dueño del arco argelino y de una historia muy distinta.

Bajo la máscara

Luca se plantó ante el vigente campeón del mundo con una imagen tan llamativa como simbólica: una máscara negra protegiendo el rostro. No era un capricho estético. El portero de Granada llega a este Mundial tras superar una grave lesión sufrida en abril, en un partido de la liga española, cuando una dura colisión le provocó fractura de mandíbula, daños en el mentón y una fuerte conmoción.

Durante semanas, su presencia en la Copa del Mundo estuvo en el aire. El calendario parecía jugar en su contra. Al final, ganó la carrera al tiempo y se adueñó del dorsal número 1 de Argelia en su regreso al mayor escaparate del fútbol.

Un Zidane, otra camiseta

Nacido en Francia y criado en buena parte en España, a la sombra del brillo de su padre en el banquillo y en el césped del Real Madrid, Luca tuvo una elección que marcaría su carrera: el país al que defender. Eligió Argelia, el origen familiar que siempre sintió cercano. Los padres de Zinedine Zidane son argelinos, y esa raíz ha estado muy presente en la intimidad del clan.

“Vivimos en una cultura argelina desde pequeños. Es un honor jugar para Argelia”, explicó en una entrevista anterior. No son palabras vacías. Son la declaración de alguien que renuncia al camino más previsible para abrazar el que le conecta con su historia.

Su recompensa: el escenario soñado por cualquier futbolista, un Mundial. Su estreno, eso sí, fue una prueba de fuego: enfrente, Argentina, campeona del mundo, empujada por un Lionel Messi desatado que firmó un hat-trick en el 3-0.

El peso del apellido

Cada vez que el balón se acercaba al área argelina, cada vez que la cámara enfocaba la espalda del guardameta, el apellido se imponía al resto de la imagen: Zidane. Veintiséis años después de que Zinedine levantara la Copa del Mundo con Francia en 1998, y veinte después de su última final en 2006, el nombre volvía al torneo, pero en un rol completamente distinto.

Entonces, el genio dominaba el juego desde el mediocampo. Hoy, el hijo intenta proteger la portería de otra nación. Antes, el padre vestía de azul. Ahora, el hijo se envuelve en el verde argelino, defendiendo una bandera que también forma parte de la historia familiar.

La derrota ante Argentina no cambia ese simbolismo. Argelia cayó ante un equipo descomunal, castigada por la precisión de Messi, pero ganó algo menos tangible: el regreso de un apellido mítico al mayor escenario del fútbol, esta vez para custodiar, no para crear.

El Mundial ha recuperado a un Zidane. El siguiente capítulo dependerá de Luca, de su máscara, de sus manos… y de hasta dónde pueda llevar a la selección que eligió por raíces y por corazón.