Manchester City sin Guardiola: Enzo Maresca y el nuevo desafío
Durante una década, el Etihad fue el laboratorio de Pep Guardiola. Títulos, ideas, dominio. Veinte trofeos después, el telón cayó en mayo con un doblete doméstico y ahora se abre un escenario completamente distinto: el Manchester City de Enzo Maresca.
Guardiola se marchó con la vitrina repleta: seis Premier League, tres FA Cup, cinco League Cup, una Champions League y, como epílogo, otra League Cup ante el Arsenal y una FA Cup ganada al Chelsea, el antiguo club de Maresca. Un legado brutal. Y unas botas gigantes para quien se sienta ahora en el banquillo.
Un vestuario irreconocible
El cambio no es solo en la banda. También en el césped. John Stones y Bernardo Silva, dos pilares de la era Guardiola, han cerrado su etapa en Manchester para irse libres al Inter y al Real Madrid. Rodri, el metrónomo del centro del campo, ha puesto rumbo al Barcelona. Tres salidas que tocan el corazón del equipo.
La respuesta del club ha sido ir al mercado. Elliot Anderson llega desde Nottingham Forest tras consolidarse y brillar también en el Mundial. El City sigue sonando con fuerza en los rumores por Enzo Fernández y Ayyoub Bouaddi, un aviso claro de que el centro del campo se rearmará a base de talento y chequera.
Todo esto llega en un contexto incómodo: dos temporadas seguidas sin ganar la Premier League. Para cualquier otro club sería un bache asumible; para el City post-Guardiola, casi una herejía. Primero les adelantó el Liverpool, luego el Arsenal. Y el estreno de Maresca no ayudó a rebajar dudas: 3-0 en contra ante el equipo de Mikel Arteta en la Community Shield. Un golpe temprano.
El gol tiene nombre y apellido
Hay cosas que no cambian. Salvo lesión grave o un derrumbe de forma sin precedentes, lo lógico es que Erling Haaland vuelva a ser el máximo goleador del City esta temporada.
El noruego llega lanzado tras un gran Mundial y acumula un registro demoledor: al menos 22 tantos en cada una de sus cuatro campañas en la Premier League, con 27 el curso pasado. Con Guardiola, todo el sistema giraba para que él finalizara las jugadas. Con Maresca, la estructura variará, pero la jerarquía del área no.
En el Chelsea del técnico italiano, el jugador que más explotó fue Cole Palmer, pero quien acumuló más ocasiones claras fue Nicolas Jackson. Esa estadística es una pista: el delantero centro en el City de Maresca va a tener situaciones de gol. Y Haaland, a diferencia del senegalés, rara vez perdona.
¿Quién puede explotar?
En este City tan asentado, hablar de “revelación” casi suena forzado. La plantilla está hecha para ganar ya, no para experimentar.
Elliot Anderson, por rendimiento en el Nottingham Forest y en el Mundial, ya llega como jugador consolidado. Jeremy Monga, fichado con 17 años desde el Leicester, se percibe claramente como una apuesta a largo plazo, no como alguien llamado a irrumpir de inmediato.
Por eso el foco se posa en un nombre menos mediático: Abdukodir Khusanov. El central ya dio un salto de protagonismo en la segunda mitad de la temporada pasada, pero esta campaña puede ser la de su consagración definitiva. Si se mantiene sano y responde en los grandes partidos, tiene condiciones para adueñarse del puesto en el eje de la zaga.
El punto de presión: Phil Foden
Si hay un jugador para el que esta temporada huele a “ahora o nunca” en términos de estatus, es Phil Foden.
Nadie discute su talento. Lo que sí se discutió el año pasado fue su impacto real. Se quedó en un papel secundario durante buena parte del curso y cerró la Premier con solo siete goles en 33 apariciones. Un rendimiento insuficiente para colarse en la lista del Mundial, un golpe duro para un futbolista llamado a liderar generación.
Ahora, Foden encara el proyecto Maresca con un nuevo contrato bajo el brazo y una pretemporada completa. Sin excusas físicas, sin distracciones externas. Si encuentra continuidad y vuelve a jugar con la chispa de sus mejores días, puede convertirse en el arma diferencial de este City renovado. Si no lo hace, otros darán un paso adelante.
¿Qué se considera éxito en este City?
La respuesta es simple y brutal: ganar la Premier League. Todo lo que no sea levantar el título en mayo se leerá como un fracaso.
Esa exigencia ya existía antes de Guardiola, pero el técnico catalán la llevó a un nivel casi inhumano. Y se mantiene incluso sin él y sin el capitán Bernardo Silva. Maresca sabe perfectamente dónde se ha metido: un club en el que los segundos puestos no se celebran, se lamentan.
Arsenal ya se ha quitado el peso de 22 años sin ganar la liga. Eso les libera, les da otra dimensión competitiva. El City, por plantilla, sigue siendo un candidato natural a todo. Liga, copas, Europa. Pero la medida del éxito, para la grada del Etihad, será volver a ver el trofeo de la Premier en manos de sus jugadores.
La gran duda: ¿puede Maresca sostener el listón?
Durante años, el City vivió en piloto automático de élite: Guardiola en el banquillo, ideas claras, automatismos, resultados. Esa sensación de seguridad se ha ido con él.
Maresca llega con credenciales mixtas. Brilló con el Chelsea en torneos como el Club World Cup y la Conference League, pero su rendimiento liguero siempre dejó dudas, con rachas irregulares y una gestión táctica aún lejos del refinamiento de su maestro. Ahora, eso sí, tendrá a su disposición la mejor plantilla que ha dirigido jamás. Eso tapa errores, pero no todos.
La pregunta flota en el ambiente: ¿puede Maresca, o cualquier otro, acercarse al estándar casi irreal que dejó Guardiola? La respuesta marcará no solo esta temporada, sino el rumbo del club en los próximos años.
Pronóstico: perseguidor, no campeón
La sensación inicial es clara: este City todavía está en construcción. Si Maresca consigue que sus ideas prendan rápido, el equipo tiene recursos para destronar al Arsenal. Pero hacerlo en su primera campaña en el Etihad es pedirle casi un milagro.
La previsión, hoy, es un City terminando segundo. Cerca, muy cerca. Lo bastante competitivo como para meter miedo, quizá hasta la última jornada, pero un peldaño por debajo del campeón.
La cuestión es cuánto tiempo aceptará el club —y un vestuario acostumbrado a mandar— vivir en ese peldaño intermedio. Porque en Manchester ya no se conforman con pelear la liga. Quieren volver a dominarla. Y lo quieren ya.
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