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Marco Rose y su doloroso debut en la Premier League

La nueva temporada de la Premier League ni había echado a rodar y ya estaba en los libros de historia: nueve clubes arrancaron el curso con entrenador nuevo. Entre ellos, Bournemouth. Se cerró la etapa de Andoni Iraola y se abrió la de Marco Rose, recién llegado tras su paso por RB Leipzig en la Bundesliga.

Y su debut no fue cualquiera. Estreno en el banquillo ante Manchester City, lejos de casa, y a un suspiro de firmar una victoria de impacto para presentar credenciales en Inglaterra.

Durante 84 minutos, el plan de Rose funcionó. Su Bournemouth, sexto la campaña pasada, mostró personalidad, estructura y recursos suficientes para competir en uno de los escenarios más duros del campeonato. El técnico alemán vio a un equipo capaz de sostener el pulso, de incomodar y de amenazar. Vio materia prima para construir algo serio.

Pero la Premier no perdona distracciones. La resistencia se resquebrajó en un detalle: Marc Guehi apareció completamente solo en un córner y firmó el empate. Un despiste grave en el área propia que borró de un plumazo el trabajo de casi todo el partido.

El golpe no quedó ahí. Ya en el tiempo añadido, la reacción defensiva fue lenta y Josko Gvardiol aprovechó el mínimo resquicio para clavar el gol de la victoria local. Remontada en el tramo final, derrota cruel, y un estreno que pasó de ser una declaración de intenciones a una lección dolorosa en cuestión de minutos.

Rose tendrá motivos de sobra para marcharse frustrado por la forma en que llegaron los tantos de City. Pero también, revisando esos primeros 84 minutos, habrá encontrado argumentos para el optimismo. Este Bournemouth tiene herramientas, tiene estructura y tiene margen para crecer bajo su mando.

La primera página de su historia en la Premier se escribió con dolor. La siguiente dirá si este tropiezo agónico fue solo el aviso de algo mucho más grande.

Marco Rose y su doloroso debut en la Premier League