Matheus Cunha: ¿Demasiado Bueno para Ser Grande?
Matheus Cunha, la etiqueta de “demasiado bueno” y el curioso doble rasero con las estrellas
La escena en el césped lo decía todo. Brasil acaba de sobrevivir ante Japón, el rival que hace apenas tres meses tumbó a Inglaterra, y mientras sus compañeros corren hacia la celebración, Matheus Cunha se detiene un segundo. Localiza a Ao Tanaka, hundido, y lo consuela antes de unirse al festejo de la Canarinha.
Para algunos, un simple gesto de deportividad. Para Jeremy Cross, del Daily Mirror, la prueba de un “incómodo” relato: Cunha sería tan amable, tan “bueno tío”, que le faltaría el filo necesario para convertirse en grande. Buena técnica, poca “grit”. Guile sin colmillo.
La tesis se resume en el titular: el “acto de clase” de Cunha en el Mundial no puede esconder una verdad incómoda para el delantero del Manchester United y para Brasil. El problema, según esa lectura, no está en el juego, sino en el carácter. En que le sobra humanidad y le falta dureza.
El contraste resulta llamativo. Al mismo tiempo que se cuestiona a Cunha por ser demasiado considerado, Harry Kane recibe un tratamiento radicalmente distinto por rasgos que, descritos con otras palabras, no son tan diferentes.
Kane, el “más humilde de los superestrellas”
Craig Hope, en el Daily Mail, firma una frase que retrata a la perfección el tono con el que se mira a ciertas figuras: “Kane no tiene ego en un sentido tradicional – es el más humilde de los superestrellas – pero no marca los goles que marca sin una tozuda racha de alta autoestima”.
En una sola línea, el delantero del Bayern Munich –y emblema de Inglaterra– queda blindado. No tiene ego, solo una “tozuda racha de alta autoestima”. Es el “más humilde de los superestrellas”, pese a que se admite que vive de una convicción férrea en sí mismo.
La descripción abre varios interrogantes. ¿Puede alguien ser “el más humilde de los superestrellas” y, al mismo tiempo, sostener una “tozuda racha de alta autoestima”? ¿Se puede decir que no tiene ego “en un sentido tradicional” mientras se reconoce precisamente lo que suele definirse como ego en el fútbol de élite?
La comparación se vuelve aún más incómoda cuando se recuerda cómo el propio Hope etiquetó a Jude Bellingham: “divisive soloist”, “poster boy for moodiness”, “brand ambassador for petulance”, “angry young man”. Para uno, la narrativa de la humildad inmaculada. Para otro, el catálogo completo de adjetivos corrosivos. Para Cunha, el reproche de ser demasiado blando.
El relato de la grandeza: Vinicius Jr arriba, Cunha abajo
El remate del artículo sobre Cunha llega con una conclusión que, por sí misma, no admite demasiada discusión futbolística: cuando Neymar decida cerrar su etapa con Brasil, el relevo natural apunta a Vinicius Jr, no a Cunha.
Eso no lo discute nadie. Vinicius Jr es la gran estrella emergente de la Seleção, el jugador llamado a sostener el peso simbólico y deportivo del 10. Lo llamativo es el intento de conectar esa obviedad con la imagen de Cunha consolando a un rival. Como si el hecho de detenerse un instante con Tanaka fuera una pista de por qué no heredará el trono de Neymar.
El argumento se sostiene en esa supuesta “sensación general” de que al delantero del United le falta “grit” para pasar de buen jugador a gran futbolista. Una percepción que se presenta como extendida, aunque apenas se documenta. Y que choca, por ejemplo, con episodios de su carrera que muestran un carácter bastante menos angelical, como aquella sanción por quitarle las gafas a un guardia de seguridad del Ipswich en plena trifulca. Difícil encajar ese gesto con la idea de un profesional sin filo competitivo.
El riesgo de este tipo de relatos es evidente: se convierte un gesto puntual de empatía en síntoma de una supuesta debilidad estructural. Se construye un personaje, no se analiza un futbolista.
Japón, ni regalo para Inglaterra ni “boost” garantizado
En paralelo, el mismo partido deja otra muestra de cómo el discurso puede retorcer la realidad para encajar una narrativa. Matty Hewitt, en el Daily Mirror, escribe que parecía que “los Three Lions iban a recibir un gran impulso” cuando Japón se adelantó a Brasil, con la Canarinha en riesgo de caer eliminada.
El problema es sencillo: Inglaterra perdió contra Japón hace tres meses. Calificar a Japón como un “gran impulso” para Inglaterra, en esas circunstancias, roza el absurdo. Más aún cuando la propia selección inglesa ha sido incapaz de vencer a los nipones en tiempos recientes, mientras que sí ha logrado hacerlo ante Brasil.
Se fuerza el encuadre para que todo gire en torno a Inglaterra, incluso en un contexto que no les pertenece. Y en ese mismo ecosistema mediático se coloca a Cunha bajo el microscopio moral, no táctico.
Nagelsmann, la etiqueta y el titular fácil
La otra gran historia del día llega desde Alemania. Eliminación en penaltis ante Paraguay y foco inmediato sobre Julian Nagelsmann. El titular de MailOnline no se queda corto: el seleccionador “snap” contra una reportera tras quedar fuera del Mundial, mientras Jürgen Klopp “mira” su puesto.
El matiz es importante. El texto subraya que se trata de una “female reporter”, Lili Engels. En el cuerpo de la noticia, sin embargo, se la menciona simplemente como “reporter”. El añadido en el titular no parece casual. Sirve para acompañar la foto de una periodista joven y para colorear la escena: no es lo mismo, sugiere el encabezado, que un entrenador “pierda los papeles” con una mujer que con un hombre.
Luego se ve el vídeo. No hay gritos, no hay insultos, no hay ruptura. Sí, tensión. Un entrenador bajo enorme presión, recién eliminado, respondiendo con cierta dureza. Un intercambio incómodo, no una explosión. Si eso es “snap”, la palabra ha perdido buena parte de su significado.
La elección de términos no es inocente. Igual que no lo es decidir que Cunha “carece de garra” por consolar a un rival, o que Kane no tiene ego, solo “alta autoestima”. El lenguaje construye jerarquías, limpia unos perfiles y ensucia otros.
Entre el colmillo y la empatía
En el fútbol de élite nadie sobrevive sin carácter. Kane lo tiene. Vinicius Jr lo desborda. Bellingham lo exhibe sin filtro. Cunha, con su mezcla de talento y altibajos, pelea por demostrar que también.
La cuestión es qué se considera virtud y qué se convierte en defecto según el protagonista. A unos se les aplaude la dureza mental aunque vaya acompañada de gestos discutibles. A otros se les convierte en sospechosos por mostrar empatía en un momento de máxima tensión.
Cuando Neymar se aparte, Brasil elegirá a su líder por rendimiento, peso en el vestuario y capacidad para decidir partidos. No por un abrazo a un rival derrotado. Y si Cunha fracasa o triunfa en el Manchester United, no será porque sea “demasiado bueno”. Será porque, como todos, tendrá que demostrar cada tres días que puede sostener el nivel que exige el juego más implacable del planeta.
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