Matthäus aprieta a Musiala: No más excusas
Jamal Musiala entra en la nueva temporada sin red de seguridad. Sin coartadas. Y con un mensaje contundente desde una de las voces más autorizadas del fútbol alemán: Lothar Matthäus quiere ver, por fin, la mejor versión del talento de Bayern.
El mito de la selección alemana, en su columna en Sky Sport, ha puesto el foco directamente sobre el atacante de 23 años, cuya trayectoria se frenó en seco en julio de 2025 con una lesión que heló a todo el club: fractura de peroné y luxación de tobillo ante PSG en el FIFA Club World Cup. Una combinación que le dejó fuera seis meses y que convirtió su regreso, a principios de 2026, en un proceso largo, prudente, casi quirúrgico.
Ese periodo de comprensión se ha acabado.
Un vestuario que ya no espera
Matthäus no cuestiona el talento de Musiala. Señala el contexto. Y ese contexto hoy es despiadado: la química en el frente de ataque de Bayern funciona sin él como pieza imprescindible.
El campeón de la Bundesliga ha encontrado automatismos muy claros. Harry Kane y Serge Gnabry se mueven como si llevaran años juntos, con una sincronía que Matthäus describe como una auténtica “telepatía”. Sus rotaciones, sus desmarques cruzados, la forma en que se reparten espacios entre líneas… todo encaja. Y cuando la delantera carbura, el margen de error del mediapunta creativo se reduce.
Ahí aparece el nombre de Musiala.
El ex de Chelsea, que durante meses fue tratado como un proyecto a proteger tras la grave lesión, pasa ahora a ser un futbolista más en una zona del campo superpoblada. Michael Olise ofrece desequilibrio y último pase. El joven Lennart Karl irrumpe como opción real para el rol de número 10. Ambos, recuerda Matthäus, pueden ocupar exactamente el espacio que Musiala considera suyo.
El mensaje es transparente: o marca diferencias desde el inicio, o se sentará.
“Tiene que dejarlo atrás”
Matthäus, a sus 65 años, no se anda con rodeos. Explica que la lesión de más de un año terminará de quedar atrás, pero que el propio Musiala debe dar el paso mental definitivo: dejar de mirarla de reojo.
Su advertencia es clara: si no lo hace, si no rompe de una vez esa barrera psicológica, el banquillo se convertirá en un escenario demasiado habitual para él. No por castigo, sino por pura competencia deportiva.
El exinternacional alemán recuerda que el tramo final de la pasada temporada dejó destellos alentadores del jugador en Bayern, y que también se vieron señales positivas en el Mundial. Pero inmediatamente coloca la vara más alta: ya no valen los matices, ni las referencias al pasado reciente. “No hay más excusas”, remacha.
Una pretemporada sin red
El verano de 2026 se presenta como un examen continuo. Musiala afronta la pretemporada todavía ajustando su físico tras someterse, en julio, a una pequeña intervención para retirar la placa metálica que estabilizaba su tobillo. Un último capítulo médico que, esta vez sí, debería cerrar definitivamente el libro de la lesión.
A partir de ahí solo quedará el césped. Sesiones dobles, amistosos, minutos que valen más que un simple rodaje. Cada control orientado, cada giro entre líneas, cada aparición en la frontal contará en la cabeza de Vincent Kompany.
El técnico belga no solo debe defender el título de Bundesliga. Tiene la obligación, tácita pero evidente, de convertir a Bayern en un aspirante feroz a la Champions League 2026-27, después de caer el curso pasado en semifinales ante un PSG que encadenó su segundo título consecutivo. Para ese salto competitivo necesita un ataque afinado al milímetro.
Y ahí es donde la figura de Musiala se vuelve decisiva… o prescindible.
Kompany y el rompecabezas del ataque
Kompany maneja un abanico de perfiles que le permite cambiar el dibujo sin perder amenaza ofensiva. Kane como referencia total, Gnabry atacando espacios, Olise y Karl capaces de recibir entre líneas, girarse y filtrar el pase definitivo. Las rotaciones en el frente ofensivo de Die Roten fluyen con naturalidad.
Matthäus está convencido de que el entrenador encontrará “la mezcla adecuada”. Esa frase, en realidad, encierra la verdadera presión para Musiala: la mezcla puede funcionar con él… o sin él.
El alemán-inglés, que hace no tanto era visto como el futuro indiscutible del proyecto, se enfrenta ahora a una realidad mucho más cruda: debe volver a ser imprescindible en un equipo que ha aprendido a ganar mientras él se reconstruía.
La temporada arranca con partidos de peso desde muy pronto. Si Musiala quiere que su nombre aparezca en el once de gala de Kompany y no en la lista de “lujo para la segunda parte”, tendrá que responder desde ya. Con fútbol, con determinación, con esa creatividad vertical que un día le convirtió en la gran esperanza de Bayern.
Porque el tiempo de las excusas ya se ha terminado. Y en Múnich, el talento que no decide deja de ser intocable.
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