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Neymar y su futuro en la selección de Brasil: el dilema de Estêvao

Carlo Ancelotti ya ha movido su primera gran ficha de cara al Mundial. Según adelantó Globo, Neymar aparece en la lista preliminar de 55 nombres enviada a la FIFA, un gesto que mantiene la tónica de la era del técnico italiano: el ’10’ entra en las preconvocatorias, pero su presencia en la lista definitiva sigue siendo una incógnita.

Tiene 34 años y lleva meses empujando contra el reloj. Entrena, se cuida, se exhibe ante los preparadores físicos para demostrar que aún puede sostener el peso de una camiseta que nunca fue ligera. Ancelotti, sin embargo, fue claro desde el primer día: solo llamará a quien esté “físicamente listo” para competir al máximo nivel. Ahí se juega Neymar su última gran batalla con la Canarinha.

La inclusión en la prelista no garantiza nada. Pero es un mensaje. Un guiño a un país que sigue viendo en él a su talismán, incluso después de las lesiones, de las dudas, de los años que se han ido consumiendo sin el título que todos esperaban. Brasil, como tantas otras veces, se aferra a su talento más discutido y más determinante.

Lula entra en el debate

El caso Neymar ha salido del vestuario y ha llegado al Palacio del Planalto. El debate sobre su convocatoria ya no es solo cosa de tertulias deportivas; se discute en los despachos del poder. El propio presidente Lula reveló que habló con Ancelotti sobre el tema.

“Tuve la oportunidad de hablar con Ancelotti, y él me preguntó: ‘¿Cree que Neymar debe ser convocado?’ Yo le dije: ‘Mire, Ancelotti, si está físicamente bien, fútbol tiene. Lo que necesito saber es si realmente lo quiere’”, relató Lula.

Y fue más allá: si Neymar quiere, debe ser profesional, mirar el ejemplo de Cristiano Ronaldo y Lionel Messi y demostrar en el campo que todavía pertenece a la élite. El mensaje fue directo: el nombre ya no alcanza; ahora tiene que ganarse el puesto.

La presión es enorme. La selección llega a un Mundial sin un liderazgo indiscutible y con una generación que todavía busca su propio relato. La figura de Neymar, con todo lo que arrastra, se convierte en un termómetro emocional del país.

El golpe para Estêvao

Mientras Neymar mantiene viva la llama, otra historia se apaga antes de tiempo. Estêvao, la joya de Chelsea y Palmeiras, se queda prácticamente sin opciones de ir al Mundial. Pese a elegir un tratamiento conservador en la estructura médica de Palmeiras y evitar el quirófano para apurar sus posibilidades, los médicos de la CBF han sido contundentes: no llegará a tiempo.

Los informes internos son claros: el joven no estaría en condiciones ni siquiera para los cruces de eliminación directa. El tiempo, ese enemigo implacable, ha ganado el partido. Ancelotti, obligado por las circunstancias, ya trabaja con la idea de sustituirlo en la lista final.

El caso duele porque Estêvao hizo todo lo posible para sostener su sueño. Renunció a la cirugía, apostó por una recuperación acelerada, apuró cada sesión. No bastó. El Mundial, esta vez, pasará de largo.

Puerta abierta para los de casa

La ausencia de Estêvao reordena el tablero y abre espacio para varios nombres del campeonato brasileño. En ataque, Pedro vuelve a escena. El delantero de Flamengo, que no ha sido protagonista en las últimas convocatorias, vuelve a entrar en la conversación técnica.

Ancelotti ya había confesado en noviembre su interés en trabajar con un ‘9’ de área como Pedro. Ahora el debate interno es claro: ¿arriesgar con un rematador puro en la lista final de 26? El perfil del delantero, su capacidad para fijar centrales y su olfato en el área le dan argumentos en un equipo que a menudo acusa la falta de un goleador clásico.

La pelea es igual de dura en el mediocampo y en las bandas. La cantera de Vasco da Gama vuelve a asomar con fuerza. Andrey Santos, hoy en Chelsea, vive un 2026 complicado en Stamford Bridge y ve cómo otros le pasan por delante: Casemiro, Bruno Guimarães, Fabinho, Danilo Santos y Lucas Paquetá ocupan, de momento, los escalones más altos en la jerarquía del centro del campo.

Si Andrey se queda fuera, el hueco podría ser para Rayan. El joven impresionó en la fecha FIFA de marzo y el cuerpo técnico lo ve como una alternativa natural para ocupar la banda derecha que deja vacía Estêvao. No tiene el mismo cartel, pero sí desparpajo, velocidad y la sensación de que no le pesa la camiseta.

El reloj de la FIFA y el día marcado en rojo

La lista de 55 jugadores es solo el primer filtro, un requisito de la FIFA que todos cumplen, pero donde ya se intuyen las grandes decisiones. La verdadera tensión llega ahora. Las selecciones pueden modificar esa nómina por lesión hasta el 11 de junio, pero la lista definitiva de 26 saldrá obligatoriamente de ese grupo inicial.

Una vez que ruede el balón, las reglas se endurecen: solo se permiten cambios hasta 24 horas antes del partido inaugural y siempre con un certificado médico. La única excepción son los porteros, que pueden ser reemplazados más adelante si hay lesión grave. El margen de maniobra es mínimo. Cada elección pesa.

Brasil ya tiene fecha para desvelar su lista definitiva: lunes 18 de mayo, a las 17:00, en el Museo del Mañana, en Río de Janeiro. No es un detalle menor. El escenario futurista encaja con una selección que vive entre la nostalgia de sus viejas glorias y la urgencia de construir algo nuevo.

La concentración arrancará el 27 de mayo en Granja Comary. Los jugadores que disputen la final de la Champions League entre Paris Saint-Germain y Arsenal se incorporarán más tarde, con el desgaste propio de una temporada al límite. No habrá demasiado tiempo para probar, pero sí para afinar jerarquías y roles.

Antes del debut, dos amistosos para ajustar la maquinaria: Panamá y Egipto servirán como banco de pruebas, laboratorio táctico y termómetro anímico. El estreno oficial será el 13 de junio, en New Jersey, frente a Marruecos, un rival que ya no sorprende a nadie y que obliga a competir desde el primer minuto.

Entre Neymar, Estêvao, Pedro, Rayan y toda una generación que pugna por su sitio, la lista de Ancelotti ya no es solo un trámite burocrático. Es el primer gran veredicto de un proyecto que se juega algo más que un Mundial: se juega la autoridad de un escudo que hace años no manda en el mundo como solía. La pregunta ya no es solo quién entra o quién sale. La pregunta es si esta Brasil está lista para volver a mirarse al espejo como potencia.