Noruega logra su primera victoria en eliminatorias de Mundial
Noruega por fin tiene su noche de Mundial. No una más, no un simple paso de ronda: la primera victoria de su historia en una fase eliminatoria de una Copa del Mundo. Un hito que los coloca en una lista muy corta: ningún país europeo lograba estrenarse en una ronda de eliminación directa desde Ucrania en 2006.
En el centro de todo, otra vez, Erling Haaland. El delantero vive una racha que roza lo absurdo: ha marcado en cada uno de sus últimos 13 partidos oficiales con Noruega. En ese tramo suma 25 goles y ya alcanza los 60 tantos en 53 encuentros con su selección. Números de videojuego, pero con consecuencias muy reales: Noruega sigue viva.
El partido ante Costa de Marfil fue áspero, tenso, de esos que se deciden por detalles y nervios. Las cifras lo cuentan de una forma curiosa: los marfileños dispararon más (14 tiros por 9) y pisaron mucho más el área rival (48 toques en la zona noruega por 26), pero el xG se inclinó hacia los nórdicos, 1,9 a 1,49. Noruega no llegó tanto, pero llegó mejor. Y, sobre todo, golpeó cuando el partido ardía.
Costa de Marfil tuvo su tramo. Empató, se metió en el cuerpo a cuerpo, apretó a balón parado y rozó el golpe final con una buena falta en los últimos minutos. Ahí se vio el otro Noruega, el que ya no se derrumba en cuanto le miran a los ojos. El equipo supo sufrir, se reordenó y encontró fuerzas para rematar el encuentro tras el 1-1. Cerró el duelo con más colmillo que su rival. Esa es la diferencia entre volver a casa y hacer historia.
Haaland, que suele cargar con el peso de un país entero, sonó más ligero que nunca tras el pitido final. Recordó que Noruega llevaba 28 años sin clasificarse para un Mundial, que primero rompieron esa barrera, luego el muro de la fase de grupos y ahora el de las eliminatorias. El premio: un cruce de alto voltaje ante Brasil, en Nueva York.
Para él, a partir de aquí todo sabe a regalo. Habla de “bonus”, de jugar con los hombros relajados, de disfrutar porque quizá esta sensación no se repita. No es falsa modestia: es la voz de un grupo que ya ha cumplido con creces y que, precisamente por eso, se vuelve más peligroso.
El propio vestuario noruego lo reconoce: el partido pudo caer de cualquiera de los dos lados. Dos buenos equipos, alternativas, ocasiones claras para ambos. Pero el cierre fue suyo. Supieron levantarse tras el empate, resistir las últimas acometidas marfileñas y manejar los pequeños momentos que definen un cruce mundialista. No fue una exhibición, fue madurez competitiva. Y eso, en un equipo sin tradición de grandes noches, pesa tanto como un gol.
Noruega ya ha marcado una primera vez que quedará escrita para siempre: su estreno victorioso en unas eliminatorias de Copa del Mundo. Ahora, con algo de descanso por delante y la preparación enfocada en Brasil, llega el examen definitivo.
Han derribado la puerta de la élite. La cuestión es si se conforman con haber entrado… o piensan quedarse.
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