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El nuevo enfoque del United de Ratcliffe en el mercado

El verano ha dejado una certeza en Old Trafford: se acabaron, al menos por ahora, los fichajes de fuegos artificiales. Desde que el equipo de Sir Jim Ratcliffe tomó las riendas de la parcela deportiva, la estrategia ha virado con claridad. Nada de perseguir cada operación de más de 100 millones solo para demostrar músculo. El récord del club, aquellos 89 millones por Paul Pogba en 2016, puede seguir intacto unas cuantas temporadas más.

No es que el club haya renunciado para siempre a una gran inversión, pero este verano nunca estuvo diseñado para un golpe de efecto. Con un centro del campo necesitado de una remodelación profunda y varias zonas de la plantilla aún por atender, repartir el presupuesto se convirtió en una obligación. La historia reciente del United lo explica bien: cuando se queda fuera de la Champions League, suele tirar la casa por la ventana para volver cuanto antes. Esta vez, con una plaza entre los tres primeros asegurada el curso pasado, el escenario era distinto. Era lógico un gasto más “ligero” que los 225 millones desembolsados el verano anterior.

El agujero en el lateral izquierdo

En medio de ese nuevo enfoque, una pregunta se repite entre los aficionados: ¿y el lateral izquierdo? La inquietud es directa, casi desesperada. Y tiene fundamento.

La sensación es que el United dejó pasar una oportunidad con Lewis Hall. El lateral de Newcastle encajaba en el perfil que muchos veían como ideal. Otra cosa es que el propio jugador hubiera estado dispuesto a cambiar de aires, algo que no está claro. Pero lo que sí queda en el aire es la falta de ambición para, al menos, poner a prueba seriamente la postura del Newcastle.

El club quiere un lateral izquierdo. Eso está sobre la mesa. Pero solo a un precio considerado razonable. La llegada esta semana de Carlos Baleba ha servido de recordatorio: los decisores de Old Trafford no temen levantarse de la mesa si el coste no encaja con su idea de valor, como ya hicieron precisamente con el propio Baleba el verano pasado, cuando descartaron la operación.

La preocupación aumenta por el contexto. Luke Shaw completó una temporada pasada relativamente limpia de problemas físicos, pero su historial no invita a la tranquilidad. Con un calendario mucho más cargado este curso, la necesidad de un recambio fiable en ese costado ya no es un capricho. Es casi una condición para no tensar al límite a la plantilla. Harry Amass, por talento y proyección que tenga, está lejos todavía del nivel que se exige para sostener al equipo durante varios meses.

Mainoo, Baleba y el nuevo eje del centro del campo

Otra de las grandes discusiones gira en torno al centro del campo. Muchos ven en Kobbie Mainoo al mediocentro llamado a liderar la sala de máquinas del United. Y se preguntan por qué no juega más. Incluso hay quien cuestiona la llegada de Baleba bajo ese prisma: “no es tan bueno”, se escucha en el debate de grada y redes.

La realidad es menos dramática y bastante más táctica. Mainoo y Baleba no son el mismo tipo de futbolista. Se mueven en zonas similares, sí, pero con funciones y características distintas. Nada impide que ambos compartan once con regularidad esta temporada; de hecho, todo apunta a que esa pareja se verá con frecuencia.

El caso de Mainoo tiene una explicación sencilla: apenas regresó a los entrenamientos de pretemporada hace menos de tres semanas. Con ese contexto, su ausencia en el once inicial en la derrota del debut liguero en el MKM Stadium ante Hull no fue una sorpresa. Entró en la segunda parte, con el partido ya cuesta arriba, y desde entonces se ha colocado en la rampa de salida para ser titular este domingo.

Dentro del club nadie discute su rol. Mainoo es el presente y el futuro del centro del campo del United. Tendrá minutos, tendrá peso y tendrá responsabilidad. La cuestión no es si jugará, sino cómo se le rodea para que su crecimiento no se convierta en una carga.

Ahí entra Baleba. Su fichaje encaja con la nueva línea de trabajo: perfil joven, margen de mejora evidente, inversión calculada. No llega para tapar a Mainoo, sino para complementar y sostener una zona del campo que la pasada temporada se vio demasiadas veces expuesta.

Urgencias reales y prioridades cruzadas

Entre la necesidad de un lateral izquierdo, el encaje de los nuevos fichajes y la presión de la grada, el verano del United avanza con una sensación extraña: se ha hecho mucho, pero falta algo. El temor de parte de la afición es claro: sin un refuerzo sólido para cubrir a Shaw, el equipo puede dinamitar de golpe el trabajo de planificación de estos meses.

Quizá no sea tan extremo, pero el riesgo está ahí. La falta de urgencia en ese puesto contrasta con la lucidez que el club ha mostrado al retirarse de operaciones consideradas infladas. La idea es no volver a caer en la espiral de gasto descontrolado que marcó demasiados veranos recientes.

Sobre la mesa también aparecen nombres para el ataque. Se ha mencionado a Jean-Philippe Mateta, del Crystal Palace, como posible recambio experimentado para dar descanso a Benjamin Sesko. La lógica es evidente: un delantero con oficio para sostener al equipo cuando el joven esloveno no pueda estar. La decisión, sin embargo, pasa por el mismo filtro que todo lo demás: precio, rol real en la plantilla y coherencia con el plan general.

El nuevo United se mueve entre la exigencia de un club gigante y la prudencia de una dirección deportiva que no quiere volver a pagar de más. El margen de error es mínimo. El reloj del mercado no se detiene. Y la pregunta, a medida que se acerca el cierre de la ventana, se vuelve más incómoda: ¿bastará esta nueva sobriedad para sostener las ambiciones de Old Trafford cuando empiece la verdadera batalla de la temporada?