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El penalti de Calvert-Lewin frena al Tottenham en la lucha por la permanencia

Tottenham Hotspur dejó escapar una ocasión de oro para respirar en la lucha por la permanencia. Ganaba, tenía el partido en la mano y el estadio rugía. Pero un penalti de Dominic Calvert-Lewin para Leeds United dejó el marcador en 1-1 en el norte de Londres y mantuvo a los Spurs atrapados en una temporada que no perdona errores.

Un triunfo en casa, el primero en liga desde diciembre, habría lanzado a Tottenham hasta los 41 puntos, cuatro por encima del West Ham, décimo octavo, con solo dos jornadas por disputarse. Habría sido un paso casi decisivo hacia la salvación tras un curso calamitoso. No llegó.

Tel pasa del éxtasis al golpe más cruel

El guion parecía escrito cuando Mathys Tel firmó un golazo nada más arrancar la segunda parte. Hasta entonces, el ambiente en el estadio era más de tensión que de apoyo. Nervios en las gradas, nervios en el césped. Un equipo que se sabe al borde del precipicio.

Tel, entrevistado al descanso por la televisión, había prometido que el equipo “lo haría”. Cinco minutos después, cumplió. Controló un balón alto con una caricia, se lo acomodó y, con la derecha, dibujó un disparo enroscado que se coló por la escuadra, fuera del alcance del vuelo desesperado de Karl Darlow. El rugido fue de alivio tanto como de alegría.

Ese momento parecía cambiarlo todo. El gol aflojó los hombros de los jugadores, liberó piernas agarrotadas por semanas de angustia. Tottenham, por fin, se veía por delante en su propio estadio.

Pero la noche tenía reservado un giro amargo para el joven francés. A falta de 20 minutos, dentro del área propia, intentó una acrobática chilena defensiva. No despejó el balón; impactó en la cabeza de Ethan Ampadu. El contacto, dentro del área, era claro.

Tras la revisión del VAR, el colegiado Jarred Gillett acudió a la pantalla. Penalti. Los lamentos de la grada se mezclaron con la incredulidad. Calvert-Lewin no dudó: carrera corta, disparo potente, ajustado, imparable para Antonin Kinsky. Minuto 74, 1-1, y el miedo regresó de golpe.

Roberto De Zerbi, que ha sumado ocho puntos en sus cinco primeros partidos al mando, protegió a su delantero tras el choque: Tel, dijo, es joven, un talento, y no necesita demasiadas palabras. Solo abrazos. Pero el error pesa cuando la tabla aprieta.

Un Tottenham atenazado en su propio estadio

La noche ya había empezado torcida. El ambiente era de final anticipada. Las piernas temblaban desde el minuto uno. En los primeros compases, un despeje desesperado de Tel hacia el centro del área obligó a Kevin Danso a lanzarse al suelo para corregir el desaguisado. Poco después, Kinsky tuvo que aparecer con un manotazo milagroso para sacar sobre la línea un cabezazo de Joe Rodon, exjugador de los Spurs.

Tottenham respondió como pudo. Richarlison desperdició una buena ocasión con un disparo blando, centrado, que Darlow atrapó sin apuros. Palhinha probó suerte desde la frontal, pero su remate se marchó alto. Nada fluía con naturalidad.

Justo antes del descanso, el corazón se les subió a la garganta a los locales. Destiny Udogie derribó a Calvert-Lewin dentro del área. Parecía penalti claro. El VAR, sin embargo, detectó un fuera de juego milimétrico del delantero de Leeds en el inicio de la acción. El estadio respiró. Era un aviso.

Leeds huele la sangre, Kinsky sostiene a los Spurs

Con el 1-1, el partido cambió de dueño emocional. Tottenham se encogió. Leeds, sin nada que perder, empezó a jugar con la sensación de que el golpe definitivo estaba ahí, al alcance.

En los 13 minutos de tiempo añadido, la ocasión más clara fue visitante. Sean Longstaff conectó un disparo seco, potente, que parecía gol. Kinsky voló, rozó lo justo el balón, lo desvió contra la parte inferior del larguero y evitó el desastre. Una parada de las que se recuerdan si el equipo se salva.

Tottenham todavía reclamó un último giro del destino. James Maddison, en su primera aparición de la temporada, cayó en el área tras un contacto con Lukas Nmecha. Los jugadores rodearon al árbitro, la grada pidió penalti con rabia. Nada. Gillett dejó seguir. No habría redención en el último suspiro.

Una permanencia que se decidirá al límite

El empate deja a Tottenham en la décimo séptima plaza con 38 puntos tras 36 jornadas. West Ham, con 36, respira justo detrás. El tropiezo de los de David Moyes ante Arsenal el domingo había abierto una puerta enorme para los Spurs. No la cruzaron.

La visita a Stamford Bridge el 19 de mayo, ante un Chelsea que históricamente se le atraganta, se presenta como una trampa más que como una oportunidad. Dos días antes, el 17, West Ham viajará a Newcastle United. La presión puede cambiar de bando en cuestión de horas.

De Zerbi ha cambiado el tono del equipo fuera de casa con dos victorias seguidas que frenaron una racha de 15 partidos ligueros sin ganar y una caída en picado hacia el primer descenso desde 1977. Pero el problema en casa sigue abierto en canal: solo dos triunfos en 18 encuentros de liga como local esta temporada.

El técnico lo resumió sin rodeos: demasiados errores, demasiada presión en el momento clave. La sensación es clara: todo puede decidirse en la última jornada, en el norte de Londres, ante Everton. Y entonces ya no habrá margen para otro penalti, otro error, otra noche de promesas incumplidas.