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Kelechi Iheanacho desata el caos: penalti polémico y final emocionante

El fútbol escocés se despertó esta vez con un rugido desde Fir Park. Última jugada del partido, 3-2 para Celtic, y un penalti que se discutirá durante años mantiene viva una lucha por el título que parecía escrita para Heart of Midlothian.

Kelechi Iheanacho, solo ante el punto de penalti y un estadio en combustión, no pestañeó. Gol. Delirio visitante. Invasión de campo. Y un campeonato que se decidirá en la última jornada, cara a cara, en Glasgow.

Un título que Hearts ya tocaba con la punta de los dedos

Durante largos minutos, Hearts se vio campeón. En Tynecastle, el guion era perfecto. Victoria cómoda por 3-0 ante Falkirk, goles de Frankie Kent, Cammy Devlin y Blair Spittal, y noticias que llegaban desde Motherwell que sonaban a redención histórica.

Los aficionados locales seguían el otro partido pegados al móvil. Estallaron cuando se confirmó el 1-0 de Elliot Watt para Motherwell. Cuando Kent firmó un cabezazo imparable en el 29’ y Devlin hizo el 2-0 con un disparo desviado, el estadio se convirtió en una celebración anticipada. Había lágrimas en las gradas. Sesenta y seis años de espera parecían a punto de terminar.

Porque con Hearts ganando y Celtic atascado, el escenario era claro: el equipo de Edimburgo se plantaba en la última jornada con margen para respirar. El título, por fin, se alejaba de Glasgow.

Hasta que Celtic, como tantas veces, se negó a desaparecer.

El giro en Fir Park

El empate de Daizen Maeda en Motherwell enfrió Tynecastle. No lo suficiente como para apagar la ilusión, pero sí para recordar que enfrente hay un campeón con memoria larga y piel dura.

Luego llegó Benjamin Nygren con un segundo gol para Celtic que cambió por completo el paisaje. De repente, el resultado en Edimburgo dejó de importar. Todo el país miraba a Fir Park.

Motherwell, lejos de rendirse, olió la fragilidad y se lanzó a por el empate. Bombardeó el área de Viljami Sinisalo. Un disparo desviado de Watt se estrelló en el larguero, el rechace de Tawanda Maswanhise encontró otra parada salvadora. Era un asedio.

El premio llegó en el 85’, cuando Liam Gordon cazó el 2-2. En Tynecastle se volvió a bailar. Hearts volvía a verse con el título casi en el bolsillo. Celtic necesitaba entonces algo más que fe: necesitaba un milagro… o una decisión arbitral.

El penalti que incendia Escocia

Ya en el descuento, un balón colgado al área de Motherwell parecía otra jugada más, otro centro sin destino. Sam Nicholson despejó de cabeza, el peligro parecía pasado. Nadie de Celtic reclamó nada.

Pero el juego se detuvo. El VAR llamó al árbitro John Beaton. Revisión en el monitor a pie de campo. Repeticiones. Lupa sobre un posible roce del balón con la mano levantada de Nicholson.

Beaton señaló el punto de penalti.

La reacción fue inmediata: incredulidad en Motherwell, furia en Hearts, desconcierto en todos menos en uno. Iheanacho. Bajo una presión descomunal, el delantero mantuvo la sangre fría y colocó el balón lejos del alcance de Calum Ward. 3-2. Último suspiro. Y una Liga que se va a decidir en 90 minutos finales entre dos equipos separados por un solo punto.

La decisión dejó cicatrices al instante. El técnico de Motherwell, Jens Berthel Askou, no se guardó nada: calificó el penalti de “impactante” y aseguró que no encontraba “ningún párrafo en el reglamento” que lo justificara.

En Edimburgo, la indignación fue aún mayor.

McInnes, entre la rabia y el desafío

Derek McInnes, entrenador de Hearts, vio las imágenes del penalti y apenas contuvo la furia. “Es repugnante. Estamos contra todos. No creo que sea penalti”, dijo ante las cámaras de Sky Sports. “Es muy pobre y parece que se lo han dado. Han tenido mucha fortuna. Va a la última jornada. Estamos encantados de formar parte de esto. Tendremos que ir a por un resultado positivo. Qué partido nos espera”.

Su mensaje mezcló resentimiento y desafío. Hearts llega a la última jornada con 80 puntos, uno por encima de Celtic, que encadena seis victorias ligueras consecutivas. Un empate le basta al equipo de McInnes para convertirse en el primer campeón distinto de Celtic o Rangers desde 1985.

Pero la historia reciente no invita a la relajación en Gorgie.

Los fantasmas de 1986

Cada paso que da Hearts hacia el título despierta un recuerdo incómodo. Cuarenta años atrás, en la temporada 1985-86, el club llegó a la última jornada invicto en 27 partidos de liga, dos puntos por delante de Celtic. Solo necesitaba un empate en el campo de Dundee para levantar el trofeo.

El resto es una herida abierta. Albert Kidd, declarado seguidor de Celtic, firmó dos goles tardíos para Dundee en Dens Park, 2-0. Al mismo tiempo, Celtic arrolló 5-0 a St Mirren y arrebató el campeonato por diferencia de goles. Hearts se derrumbó.

Lo que ocurrió este miércoles reaviva ese trauma. Otra vez una ventaja mínima. Otra vez Celtic remontando en la recta final. Otra vez una decisión polémica que altera el desenlace. Otra vez una última jornada que puede definir una generación.

Un último capítulo sin red

El escenario ya está montado. Hearts viajará a Glasgow sabiendo que un empate le basta para romper el duopolio que domina el fútbol escocés desde mediados de los ochenta. Celtic, herido pero vivo, sabe exactamente lo que tiene que hacer: ganar.

No habrá margen para la especulación ni para el cálculo fino. Demasiado está en juego. Para Hearts, es la oportunidad de cerrar una herida de cuarenta años y escribir por fin la página que le debe la historia. Para Celtic, es otra ocasión de demostrar por qué nunca conviene darlo por muerto.

La Liga se jugará en 90 minutos. La pregunta es sencilla y brutal: ¿esta vez Hearts resistirá cuando el reloj marque el minuto 90… y más allá?