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La polémica del VAR en el London Stadium

La polémica del London Stadium no se apaga, pero Howard Webb ha querido ponerle punto final. El jefe de los árbitros ha defendido sin titubeos la anulación del tanto de West Ham en el tiempo añadido ante Arsenal, un gol que pudo cambiar la carrera por el título por un lado y la lucha por la salvación por el otro.

El gol que cambió de color

Minuto 95. Centro al área, barullo, Callum Wilson aparece y empuja el balón a la red. El estadio estalla. West Ham cree haber rescatado un punto agónico ante el líder. Pero la celebración dura poco. El VAR entra en escena, las líneas se enfrían y la mirada se dirige a Pablo y a David Raya.

En las repeticiones, los árbitros de la sala de vídeo detectan lo que consideran la clave de la jugada: el brazo del jugador de West Ham sujetando al guardameta de Arsenal. El árbitro sobre el césped, Chris Kavanagh, había concedido el gol en primera instancia. Desde la cabina, Darren England ve otra cosa.

En el audio publicado de la conversación, England describe la infracción con precisión: la mano que baja el brazo de Raya, el contacto sobre el cuerpo y la cabeza, el agarre sobre el brazo izquierdo del portero que, a su juicio, le impide llegar al balón en condiciones. Para el VAR, no es un simple forcejeo de área. Es falta.

La decisión final: gol anulado. Arsenal mantiene el 0-1. West Ham se queda sin el punto que ya saboreaba.

Webb, tajante: “Categóricamente sí”

Howard Webb, en el programa Match Officials Mic'd Up, no dejó lugar a interpretaciones. Para él, la acción es clara.

“¿Es falta sobre el portero? Categóricamente sí”, afirmó. Recordó que durante toda la temporada, incluso en las charlas de pretemporada con los jugadores, se ha insistido en el mismo criterio: si un guardameta queda impedido porque un rival le agarra o le sujeta los brazos y no puede hacer su trabajo, se sancionará.

No habló de matices ni de grises. Habló de una línea marcada desde el inicio del curso y de una jugada que, a su entender, encaja de lleno en ese patrón.

El audio entre Kavanagh y England, difundido para dar transparencia al proceso, muestra cómo el equipo arbitral cambia de rumbo con rapidez. La decisión en el campo era gol, pero la revisión detecta el agarre y activa el protocolo. No hubo eternidad frente a las pantallas, pero sí un punto de inflexión que condiciona la noche y, quién sabe, la temporada.

Arteta aplaude, Nuno estalla

En los banquillos, la misma jugada dibuja dos mundos opuestos.

Mikel Arteta, con su Arsenal en lo más alto de la tabla con 79 puntos en 36 jornadas, elogió al VAR por mostrar “mucho coraje” al corregir la decisión inicial. El técnico ve coherencia con lo hablado durante el año y, sobre todo, ve tres puntos que sostienen el liderato en un tramo de calendario donde cada detalle pesa como una losa.

Al otro lado, Nuno Espírito Santo no comparte ni el análisis ni el tono. El entrenador de West Ham, hundido en la zona de descenso con 36 puntos y en la 18ª posición, habló de “falta de consistencia”. Para un equipo que pelea por salir del pozo, perder un empate en el último suspiro por una acción así duele el doble. O el triple.

La misma jugada, dos lecturas. Una sonrisa contenida y un gesto de rabia. El fútbol en estado puro.

Un año de contactos, agarres y quejas

Webb no escondió que la temporada está siendo especialmente compleja dentro del área. Lo reconoció abiertamente: este curso ha sido “más único” que otros por el volumen de contactos en la zona de castigo. Más bloqueos, más agarrones, más trabajo para los árbitros.

Los entrenadores de jugadas a balón parado exprimen cada centímetro. Los bloqueos se camuflan, los empujones se disimulan, los agarrones se esconden detrás de la maraña de cuerpos. En ese contexto, el mínimo criterio dudoso se convierte en gasolina para la polémica.

Webb sabe que el debate no va a apagarse con una sola explicación. Por eso adelantó que, al final de la temporada, habrá reuniones para abordar de frente el tema de los agarres excesivos en el área. El objetivo: trazar fronteras más nítidas, reducir la sensación de arbitrariedad y dar a los árbitros herramientas claras para intervenir sin convertir cada córner en una lotería.

Un título abierto y un abismo en el fondo

Mientras el reglamento se discute, la tabla aprieta. Arsenal manda con 79 puntos, pero siente el aliento de Manchester City, que suma 74 y aún tiene un partido pendiente. Cada decisión, cada gol anulado, cada detalle arbitral se cuela en la narrativa de una carrera que no concede margen al error.

Para West Ham, la historia es otra. El 0-1 ante el líder les deja clavados en la zona roja, en esa 18ª plaza que nadie quiere ocupar cuando se acerque el cierre del curso. Ese tanto de Wilson, borrado por el VAR, no era solo un empate. Era aire en los pulmones de un equipo que se asoma al precipicio.

La jugada ya está dictaminada y no cambiará. Lo que sí está en juego es algo más grande: en un fútbol cada vez más analizado, más vigilado y más intervenido, ¿hasta dónde llegará la próxima revisión que marque una temporada?