Logotipo completo Pelo Tahoy

Rayo Vallecano y Girona: un empate en la lucha por Europa y el descenso

El Estadio de Vallecas amaneció en modo fiesta europea. Rayo Vallecano, recién clasificado para su primera final continental, entró al césped con el pecho hinchado y la cabeza alta. No era noche de relajarse: enfrente, un Girona con el agua al cuello, obligado a rascar algo para no seguir resbalando hacia el precipicio del descenso.

Inigo Pérez lo tuvo claro desde el primer minuto: nada de dosificar, nada de guardar piernas para la final de la UEFA Conference League ante Crystal Palace. El plan pasaba por morder.

Fran Pérez enciende Vallecas

El que mejor entendió el guion fue Fran Pérez. Pese a saber que no estará en la final europea, se adueñó del partido desde el inicio. En el primer cuarto de hora se convirtió en la chispa permanente del ataque rayista, pidiendo la pelota, encarando, acelerando cada transición.

El extremo prolongó su exhibición durante el siguiente tramo. Primero rozó el gol con un disparo que se marchó por poco. Después, dibujó un centro tenso que encontró la cabeza de Sergio Camello. El delantero ganó el duelo aéreo, pero su remate salió desviado. Dos avisos serios. El estadio lo olía: el gol estaba cerca.

Girona, hasta entonces agazapado, tardó pero respondió. En su primera llegada clara, Viktor Tsygankov se plantó en zona de peligro y probó a Augusto Batalla a los 38 minutos. El portero rayista blocó sin temblores, pero el mensaje quedó lanzado: los de Míchel no habían venido solo a aguantar.

El primer acto aún guardaba una última sacudida. En el 45’, Camello conectó un disparo potente que obligó a Paulo Gazzaniga a firmar una parada espectacular, volando con una mano para mantener el 0-0. Vallecas rugió por la ocasión… y por el portero rival.

El plan de Míchel: atacar para sobrevivir

Las estadísticas no engañan: Girona ha encajado más goles que nadie en el primer cuarto de hora de las segundas partes esta temporada. Míchel, consciente, optó por la vía más arriesgada: que la mejor defensa fuera el ataque.

Su equipo salió del descanso un paso más arriba, más agresivo. El problema fue la puntería. Tsygankov, bien colocado en el área, tuvo una volea franca que terminó en lo alto de la grada. Era ocasión de mínimo disparo a puerta. Se marchó muy lejos.

La sensación, sin embargo, era de Girona creciendo. Y el partido se encendió de verdad en el minuto 56. Un pase de Álex Moreno golpeó en el brazo de Pathé Ciss dentro del área. Guillermo Cuadra Fernández señaló el punto de penalti sin dudar. El banquillo visitante saltó. Parecía la gran oportunidad.

La calma llegó desde la tecnología. El colegiado acudió al monitor, revisó la acción y dio marcha atrás. Decisión anulada. De la euforia al enfado en segundos. Moreno y sus compañeros se quedaron desatados de rabia, conscientes de lo que podía haber significado ese lanzamiento desde los once metros.

El golpe de Alemao y la respuesta de Stuani

Tras el susto, el partido se espesó. Rayo tardó en volver a encontrar caminos hacia el área de Gazzaniga. El reloj corría y el punto no servía del todo a ninguno. Hasta que, a falta de un cuarto de hora, volvió el cañón.

En el 76’, Florian Lejeune se plantó ante un libre directo y soltó un disparo violento. Gazzaniga, de nuevo decisivo, reaccionó rápido en su palo para negar el 1-0. Otro aviso. Otra señal de que el partido no estaba muerto.

La presión terminó por romper el muro en el minuto 86. Un disparo dentro del área, un pie que aparece donde casi nadie lo espera y un desvío sutil. Alemao, instinto puro de delantero suplente, cambió la trayectoria del tiro lo justo para mandar el balón a la red. Vallecas estalló. Parecía el gol que ponía la guinda a la semana perfecta: final europea y salto a zona de UEFA Europa League.

Pero el fútbol rara vez respeta los guiones escritos.

Con Rayo saboreando el triunfo, Girona lanzó un último asalto. Tsygankov, siempre activo, encontró espacio para centrar con precisión. Y ahí emergió la figura de Cristhian Stuani, especialista en noches límite. El uruguayo se elevó y cabeceó con la frialdad de quien ya ha vivido demasiadas batallas. Minuto 90. 1-1. El banquillo visitante se volvió loco.

De golpe, el héroe era otro suplente. Un gol que no vale tres puntos, pero sí toneladas de oxígeno.

Europa en el horizonte, el descenso en el retrovisor

El empate deja un sabor agridulce en Vallecas. Rayo pierde la opción de superar a Real Sociedad en la pelea por la plaza de UEFA Europa League a través de LaLiga. Aun así, el gran premio está en otra parte: si el equipo de Inigo Pérez levanta la UEFA Conference League ante Crystal Palace, lo que ocurra en las dos últimas jornadas ligueras pasará a segundo plano.

Para Girona, el punto es valioso, pero no definitivo. Tres temporadas seguidas en LaLiga y un futuro aún sin resolver. Los de Míchel se quedan apenas dos puntos por encima del descenso, con solo 180 minutos de campeonato por delante. Dos partidos para decidirlo todo.

En una noche de finales adelantadas, el premio individual fue para Unai López, elegido mejor jugador del partido por su mando en la sala de máquinas. El colectivo, en cambio, sigue en disputa. Rayo mira a Europa. Girona, al abismo. Y el calendario ya no perdona a nadie.