La salida de Marc Skinner y las prioridades de Ratcliffe en el Manchester United femenino
La salida de Marc Skinner desnuda las prioridades de Ratcliffe con el Manchester United femenino
El adiós de Marc Skinner, a un mes de que arranque la nueva temporada, no es solo el final de una etapa en el banquillo del Manchester United Women. Es un mensaje. Y no precisamente alentador para quien crea que la estructura de INEOS ve al equipo femenino como algo más que un apéndice del club.
Angelina Kelly, corresponsal de fútbol femenino de talkSPORT, lo resume con crudeza: hay muy pocas pruebas de que en Old Trafford, a nivel directivo, exista un verdadero compromiso con el proyecto femenino. Lo que ha ocurrido con Skinner se parece demasiado a lo que ya pasó con Casey Stoney en 2021 como para hablar de casualidad.
Un ciclo turbulento… y sobre el límite
La marcha de Skinner no pilló del todo por sorpresa a Kelly. “Era un 50-50”, explicó en antena, al repasar un ciclo que ha vivido entre elogios y frustración.
Los datos son claros. Con un presupuesto muy por debajo del de Arsenal, Chelsea o Manchester City, Skinner llevó al Manchester United Women a su primer título de la historia, la FA Cup. Firmó posiciones de liga de cuarto, tercero, quinto, segundo, cuarto. Metió al equipo por primera vez en la Champions League. Para muchos, sobre rendimiento puro y duro.
Pero el relato no es tan limpio. Parte de la grada nunca terminó de conectar con él. Sus decisiones tácticas y de alineación generaron críticas constantes. El United alcanzó cuatro finales domésticas y solo levantó una copa. En las otras tres, Chelsea se impuso en el global por un contundente 6-0. En la élite, ese tipo de diferencia cala.
El respeto en el gremio, eso sí, era evidente. Exfutbolistas con los que habla Kelly hablan muy bien de Skinner. Ella misma lo define como educado, respetuoso, serio. Y quizá precisamente por eso decidió levantarse de la mesa. Las carencias de la temporada pasada estaban identificadas: falta de profundidad de plantilla, ausencia de grandes estrellas capaces de marcar diferencias en los momentos clave. Nada de eso se ha solucionado. Al contrario: se han vendido varias jugadoras y el fondo de armario se ha reducido.
Skinner vio el panorama, midió el riesgo para su reputación y decidió que no tenía sentido seguir. Cuando un entrenador cree que “no va a poder hacer nada con este equipo”, como interpreta Kelly, el divorcio está servido. Y, como ella misma apunta, el paralelismo con el caso Eddie Howe —un técnico respetado, sin respaldo real desde arriba— no es casual. Con un matiz que duele: “Newcastle quizá no podía gastar dinero. Manchester United Women no quiere gastarlo”.
Ratcliffe, el dinero y una frase que lo dice todo
Antes de la llegada de Jim Ratcliffe en 2023, el discurso parecía otro. El United había perdido a Alessia Russo y Ona Batlle a coste cero, pero respondió con un fichaje récord para el club, la brasileña Geyse, y las incorporaciones de Melvine Malard, Hinata Miyazawa e Irene Guerrero. Se intuía un intento de dar un salto competitivo.
Un año después, el clima es distinto. Ratcliffe ha recibido críticas por sus comentarios sobre el equipo femenino y por un gesto que, simbólicamente, pesa mucho: durante una visita a la ciudad deportiva, preguntó a Katie Zelem cuál era su función en el club. Le estaba hablando a la capitana del Manchester United Women… sin saber quién era.
Peterborough United, Tony Bloom, Brighton, Arsenal, Chelsea. Los nombres aparecieron en la conversación de talkSPORT para marcar el contraste. El propio Darragh MacAnthony, presidente del Peterborough United, recordó que el gran generador de ingresos en Manchester es el equipo masculino. Nadie lo discute. Pero Kelly apuntó al detalle que quema: no saber ni el nombre de la capitana transmite desinterés. Y en un contexto donde otros grandes clubes “están metiendo dinero en sus equipos femeninos sin sacar beneficio”, la foto sale muy clara.
Arsenal, Chelsea, Brighton y otros proyectos con estructura doble asumen el fútbol femenino como inversión, no como negocio inmediato. Manchester United Women, según Kelly, “apenas logró un pequeño beneficio la temporada pasada, prácticamente al límite de cubrir gastos”. Otros ni siquiera eso, pero siguen empujando. Brighton, por ejemplo, con Tony Bloom levantando un estadio específico para el equipo femenino. No un campo más. Un estadio pensado para ellas.
El giro hacia la cantera… ¿o hacia el ahorro?
El mercado de este verano ha dejado al United rezagado. Lyon ha visto salir a Alice Sombath rumbo a Tottenham. London City Lionesses, sextas la pasada campaña, han dado un golpe mediático fichando a Alexia Putellas, dos veces Balón de Oro.
En Manchester, el movimiento que ha hecho ruido ha sido el traspaso de Melvine Malard a Chelsea por 850.000 libras. Y el nuevo relato oficial es claro: construir alrededor del talento de casa, apostar por la cantera, abrazar la “sostenibilidad”.
Kelly lo detalla: las fuentes cercanas al club aseguran que la directiva considera que el nivel de gasto actual en la academia femenina “no es sostenible”. La solución interna pasa por reforzar el modelo de jugadoras formadas en casa, una idea que encaja con la identidad histórica del club de “desarrollar juventud”.
Hasta ahí, el discurso suena bien. Pero la pregunta llega sola: ¿“homegrown” es un plan deportivo o un eufemismo para hacer todo “a bajo coste”?
Para Kelly, si quieres atraer y consolidar talento joven, necesitas algo que mostrar. Un proyecto fuerte, una estructura competitiva, referentes de élite. Hoy, a las puertas de la nueva temporada, lo que se ve es otra cosa.
El United tiene una portera de altísimo nivel. Una capitana de jerarquía, Maya Le Tissier, central sólida y líder. Tiene a Ella Toone, la gran estrella del club. Y a Jess Park, llegada desde Manchester City y una de las notas más ilusionantes del último curso. Eso es el esqueleto. La columna vertebral. Más allá, el vacío.
Mientras tanto, London City Lionesses invierte fuerte y se permite traer a una dos veces Balón de Oro. El contraste es brutal. Y la conclusión que plantea Kelly es incómoda: o Sir Jim Ratcliffe cree de verdad que su vía “sostenible” es más inteligente que la de los dueños de Arsenal, Tony Bloom, Michelle Kang y compañía, o simplemente ha decidido que el fútbol femenino no merece un esfuerzo económico serio.
En su cabeza, parece que no es “viable” ahora mismo. Y el riesgo es que el equipo femenino quede, otra vez, a un lado.
Un proyecto joven, un camino roto
Conviene recordar que el equipo sénior femenino del Manchester United solo existe desde 2018. Durante años, muchas niñas crecían con la camiseta del United… para descubrir que, al final del camino, no había salida. Se marchaban. “Hasta alguien como Ella Toone tuvo que irse a Blackburn y Manchester City de joven, porque la vía en Old Trafford no existía”, recuerda Kelly.
Por eso cuesta entender cuál es el plan. ¿Cómo va a construir el United una estructura de cantera tan sólida, tan “perfecta”, que le permita competir con Arsenal, Chelsea y el resto de gigantes? ¿En qué plazos? ¿Con qué inversión real?
Kelly pone cifras: lo que el Manchester United Women necesitaría para ser verdaderamente competitivo ronda los 10 millones. Una cantidad que, comparada con el fútbol masculino, es casi simbólica. “Menos de lo que gana Mason Mount en un año”, apunta. No se trata de “quitarle” el sueldo a Mount, pero el contraste ilustra la escala. No son cientos de millones. No es un proyecto faraónico. Es una inyección relativamente pequeña que cambiaría el panorama deportivo del equipo femenino.
Con ese impulso, el United podría plantarse cara a Arsenal y Chelsea, ofrecer un producto atractivo, enganchar a nuevas generaciones de seguidores. Porque, como recuerda Kelly, el aficionado joven ya no se casa solo con los escudos. Se casa con las figuras. Con las historias personales.
Muchos siguieron al United femenino por Alessia Russo. Hoy, ella viste la camiseta del Arsenal. Y parte de esa afición se ha ido con ella.
Entre la apatía y el riesgo de quedarse vacío
Ahí está el nudo del problema. Para mantener vivo un proyecto de élite necesitas algo más que un buen eslogan sobre la cantera. Necesitas estrellas, necesitas competitividad, necesitas espectáculo. Necesitas dar la sensación de que quieres ganar.
El United, ahora mismo, ofrece “un par de jugadoras muy buenas y poco más”. Eso ve Kelly. Eso ve buena parte del entorno del fútbol femenino inglés. Y, con ese panorama, la pregunta no es si el Manchester United Women puede pelearle títulos a Arsenal o Chelsea. La pregunta es más básica: ¿cómo va a retener siquiera a la afición que ya tiene?
La salida de Marc Skinner no es solo el final de un contrato. Es un espejo. Y lo que devuelve ese espejo, de momento, no es la imagen de un club que crea de verdad en su equipo femenino.
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