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Stuttgart derrota a Everton en un amistoso: un juego de oportunidades perdidas

Stuttgart castiga a un Everton derrochador: muchas ocasiones, poco colmillo

En el segundo y último partido de su gira por Alemania, Everton salió del MHPArena con una sensación conocida y preocupante: juego aceptable, volumen de ocasiones más que suficiente… y una derrota por 3-1 ante un Stuttgart mucho más contundente en las áreas.

El tanto de Beto, de penalti, maquilló el marcador. No el problema de fondo.

Un arranque torpe, un castigo inevitable

Jarrad Branthwaite, con el brazalete, encabezó al equipo en un ambiente de pretemporada, sí, pero con una intensidad muy cercana a la competición real. Stuttgart tomó la pelota desde el inicio, obligando a Everton a perseguir sombras durante los primeros minutos.

Cuando los de Liverpool lograban robar, aparecía Beto, siempre dispuesto a chocar, a correr, a ofrecerse. En una de esas, se abrió paso con potencia, pero el último toque lo delató y regaló la pelota a un defensor. Una síntesis perfecta de su tarde: presencia, trabajo, pero una ejecución irregular.

Everton empezó impreciso. Hayden Hackney forzó un pase vertical que nunca estuvo ahí y encendió otra transición alemana. Stuttgart rondaba el área de Travers con insistencia, y la sensación de peligro crecía con cada pérdida azul.

Pese a todo, el partido se abrió. Un regalo del portero local dejó a Alcaraz con la pelota en zona caliente, pero Beto, habilitado para castigar, cruzó un disparo muy desviado. Poco después, una buena secuencia de pases permitió a Hackney aparecer en la frontal y rozar el gol con un disparo que salió por poco.

El aviso no cambió la dinámica defensiva. El gol que Stuttgart venía anunciando desde el pitido inicial llegó con crudeza: Nartey apareció con espacio y soltó un derechazo que se clavó en el techo de la portería, por encima de Travers. Un disparo imparable, pero precedido por una defensa demasiado permisiva.

Lesiones, desajustes y un festival de ocasiones falladas

La tarde se complicó aún más cuando Iroegbunam tuvo que dejar el campo a los 18 minutos, aparentemente lesionado. Entró Michael Keane y se rompió de inmediato la pareja central O'Brien–Branthwaite, apenas en fase de prueba.

Aun así, Everton empezó a llegar. Dibling, tímido al principio, fue ganando metros y confianza. Se atrevió a conducir, a encarar, a pisar área. Le faltó un punto de decisión en el último toque, pero su insistencia abrió brechas.

Röhl, muy activo desde el lateral derecho, conectó bien con Beto y Alcaraz. El portugués se escapó por banda y metió un centro raso y tenso que el delantero no logró cazar por centímetros. Poco después, un despeje largo de Travers acabó en una jugada que retrató la falta de colmillo del equipo: Beto ganó el duelo aéreo, habilitó a Röhl, el alemán devolvió un centro perfecto… y Beto, solo, con todo a favor, se quedó literalmente pateando aire. Una ocasión increíble, de las que marcan un partido incluso en pretemporada.

El bombardeo continuó. Dibling obligó al portero a una buena parada abajo tras un centro de Röhl, y en el córner posterior Beto volvió a fallar, esta vez con un cabezazo que pedía solo un leve desvío.

Stuttgart respondió con lo que Everton no tuvo: precisión. Primero, Mittelstädt probó desde lejos y se le fue alto. Luego, en un córner, un cabezazo potente buscaba la escuadra, pero Travers voló y salvó con una mano sensacional. El guardameta sostuvo al equipo en uno de los mejores tramos del conjunto local, con otra parada decisiva con el pie ante un disparo raso dentro del área.

Everton, en cambio, se diluía en el último toque. Beto volvió a quedarse con campo por delante, pero frenó cuando debía acelerar. La primera parte se cerró con una sensación extraña: el partido estaba abierto, Everton había tenido ocasiones para ir por delante, pero Stuttgart parecía mucho más preparado para castigar cada error.

Travers sostiene, el poste castiga

Alcaraz puso el balón en juego tras el descanso, sin cambios en los visitantes. Stuttgart, sí, cambió el ritmo. Salió a por el segundo y obligó a Travers a volver a lucirse. El portero evitó un tanto en propia puerta de Alcaraz, que desvió un córner hacia su propia portería y obligó a su compañero a reaccionar sobre la línea.

Dibling se mostró más agresivo, encarando y ganando metros, pero la falta de precisión en el último pase seguía siendo una constante. Keane cometió una falta que volvió a encerrar a Everton en su área, y la respuesta del conjunto inglés fue otra vez tímida: buenas intenciones, poco filo.

Stuttgart rozó el 2-0 con un disparo que se estrelló en el poste, con Travers ya batido. El aviso era claro: cada pérdida, cada mala decisión en salida, se pagaba cara. Y Everton seguía regalando balones.

Mykolenko, desde la izquierda, desperdició una buena jugada con un centro muy deficiente. Keane, en cambio, encontró a Beto con un envío largo muy preciso, pero el delantero, tras ganar la posición, acabó entregando la pelota a un defensor en el pase final. De nuevo, la historia se repetía.

El penalti de Beto y la reacción que nunca llegó

Con el carrusel de cambios de Stuttgart en la hora de juego, el partido perdió algo de orden, pero no de ritmo. Everton intentó aprovechar el desconcierto. Ndiaye aceleró el juego y soltó rápido a Barry por la derecha, aunque la jugada se apagó sin remate.

En una de las pocas acciones en las que el equipo inglés sí fue premiado, Beto se plantó en el área, voló por encima del portero en un contacto mínimo y el árbitro señaló un penalti muy blando. El propio delantero tomó la responsabilidad y marcó desde los once metros (72’). Gol, confianza parcial recuperada y un 2-1 que abría una rendija.

Stuttgart, lejos de descomponerse, volvió a apretar. Un nuevo tramo de combinaciones rápidas terminó con un cabezazo que rozó la parte superior del larguero de King, que había entrado por Travers. El portero también tuvo que intervenir en un disparo escorado poco después.

Con los cambios finales, el partido se rompió. Menos estructura, más ida y vuelta. En ese caos, Keane cometió un error grave en la salida: un despeje pobre, frontal, que Stuttgart devolvió con violencia y transformó en el 3-1. Demasiado sencillo, demasiado castigo para un fallo tan básico a este nivel.

Ocasiones al límite y una conclusión incómoda

En el tramo final, Everton aún pudo acortar distancias. Un córner encontró la cabeza de Keane, cuyo remate fue salvado sobre la línea. Ndiaye, en el rechace, vio sus dos intentos bloqueados, uno de ellos quizá dentro de la portería antes de ser despejado. No hubo revisión, no hubo premio.

En otro saque de esquina, con el árbitro añadiendo hasta diez minutos, Dewsbury-Hall se elevó y vio cómo su remate se marchaba rozando el poste. La última imagen: el balón fuera, el árbitro señalando el final y los jugadores de Everton mirando al césped con una mezcla de frustración y resignación.

Fue una buena sesión de trabajo físico, un amistoso de nivel, un examen útil para ver a Hackney, Dibling o Röhl en contextos exigentes. Pero el diagnóstico es nítido: la “incompetencia flagrante” delante de la portería, esa falta de instinto asesino en el área rival, sigue siendo el mayor problema.

La gira alemana se cierra con más preguntas que respuestas. El juego aparece a ratos, la estructura se intuye, el portero responde. ¿Quién va a marcar con regularidad cuando llegue la hora de la verdad?

Stuttgart derrota a Everton en un amistoso: un juego de oportunidades perdidas