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Suecia brilla en Monterrey con goleada histórica

En Monterrey, la noche fue perfecta para Suecia… casi. Goles, autoridad, una exhibición ofensiva. Y un detalle extraño: Graham Potter, el hombre del nuevo proyecto sueco, apareció en la zona mixta con sangre en la oreja derecha.

El técnico, fichado para rescatar a una selección que había naufragado en la fase de clasificación, no sabía ni cómo se había hecho la herida. Lo reconoció sin rodeos. “No sé qué pasó. Alguien me arañó o me mordió. Tendré que analizar las imágenes”, declaró a Sportbladet. Entre el caos de la banda, la tensión y la euforia, el entrenador salió magullado… pero victorioso.

En el césped, no hubo misterio. Hubo una paliza futbolística.

Isak y Gyokeres, una dupla que asusta

Alexander Isak y Viktor Gyokeres destrozaron a una Túnez incapaz de contenerlos. El delantero del Liverpool manejó el partido con una autoridad impropia de un debut mundialista: firmó un golazo en acción individual y dejó una genialidad de tacón para que Mattias Svanberg marcara el cuarto, validado tras revisión del VAR.

Al lado, el punta del Arsenal olió sangre. Gyokeres cazó su tanto tras un error tunecino provocado por la presión asfixiante de Isak. Una jugada que resumió la noche: Suecia mordiendo arriba, robando, castigando.

Potter no tardó en señalar a sus dos referentes ofensivos como termómetro del equipo. “Creo que fue una noche fantástica para nosotros, un inicio fantástico”, valoró. “Una actuación sólida que permitió a Alex y Viktor mostrar sus cualidades, y lo hicieron. Estuvimos sólidos atrás, marcamos desde el centro del campo y los cambios funcionaron bien. Estoy contento por los jugadores. Han trabajado duro estas semanas y han progresado. Todo el mérito es suyo. Como entrenador sabes cuándo el equipo está creciendo, pero también tienes que ganar. No fuimos perfectos, pero sabíamos que no lo seríamos”.

Lo que sí fue perfecto, o casi, fue el marcador: 5-1. Un resultado que, hace unos meses, habría parecido ciencia ficción.

De colistas a tormenta mundialista

Conviene recordar de dónde viene esta Suecia. Acabó última de su grupo de clasificación, por detrás de Suiza, Kosovo y Eslovenia. Al borde del abismo, se agarró a los play-offs de la Nations League para colarse en el torneo. Llegó por la puerta de servicio. Ahora, golpea la principal.

Con Potter al mando, el equipo ha encontrado algo que le faltaba: colmillo. Eficacia. Un instinto asesino que se vio cristalizado en Monterrey. No solo brillaron Isak y Gyokeres. También irrumpió con fuerza Yasin Ayari, centrocampista del Brighton y de ascendencia tunecina, autor de un doblete espectacular. Un detalle con carga simbólica: el jugador con raíces en el rival firmó una de las actuaciones más llamativas del encuentro.

Túnez apenas pudo agarrarse al gol de Omar Rekik, aprovechando un despiste sueco. Un borrón que no cambió el guion.

Potter, sangre fría pese a la goleada

Pese a la exhibición, el seleccionador se mantuvo firme, casi frío, en el análisis. “Estuve un poco decepcionado con el gol que encajamos, pero esas cosas pueden pasar”, admitió. “Fuimos maduros en la segunda parte, sobre todo teniendo en cuenta que nos falta experiencia en los Mundiales”.

La frase encaja con la imagen que proyecta este nuevo ciclo: un equipo que celebra, sí, pero que no se emborracha con una sola victoria. Ni siquiera con un 5-1.

Mientras la grada festejaba y los jugadores se abrazaban, Potter, con la oreja aún marcada, insistía en el discurso del trabajo, del proceso, de la calma. Sangre en la piel, hielo en la cabeza.

Un grupo que se abre… y un gigante en el horizonte

El contexto del grupo multiplica el valor del triunfo. Países Bajos y Japón firmaron un 2-2 vibrante horas antes, resultado que deja a Suecia en lo más alto tras la primera jornada. Un golpe de autoridad inmediato. Un aviso al resto.

Pero el calendario no permite relajaciones. En la segunda fecha espera la Oranje, uno de los grandes candidatos al título. Un examen de máximo nivel, sin red.

Potter no quiso saber nada de la creciente ola de entusiasmo. “Nosotros solo nos centramos en lo que podemos hacer, en nuestras actuaciones”, remarcó. “No importa lo que piense la gente desde fuera ni las opiniones. Esa es la belleza del Mundial: todo el mundo tiene predicciones y pronósticos, pero nosotros tenemos que centrarnos en nuestro trabajo y en cómo jugamos como equipo. El fin de semana nos enfrentaremos a otro gran equipo, uno de los favoritos al título”.

Monterrey dejó una imagen poderosa: una selección renacida, un entrenador sangrando en la banda y un marcador de escándalo. La pregunta ahora es sencilla y brutal: ¿es esto solo el inicio de una noche loca o el primer capítulo serio de una candidatura inesperada?