El TAS confirma sanción al Real Madrid por cánticos homófobos
El Real Madrid ha perdido la batalla jurídica que abrió para rebajar su responsabilidad por los cánticos homófobos dirigidos a Pep Guardiola en un partido de Champions League ante el Manchester City. El Tribunal de Arbitraje Deportivo (TAS), la máxima instancia de la justicia deportiva, ha confirmado la sanción de la UEFA y ha elevado el tono: lo que se escuchó en el Bernabéu no fue “sátira” ni “burla”, sino un ataque “de naturaleza gravemente discriminatoria”.
No era solo una multa. Era un mensaje.
Una sanción que va más allá del dinero
El fallo, fechado el 14 de abril y ahora publicado con detalle, desestima por completo el recurso del club blanco contra la sanción impuesta por la UEFA: 30.000 euros de multa y un periodo de prueba de dos años que incluye el cierre de un pequeño sector del estadio en un partido de Champions.
En términos económicos, casi una anécdota. Los propios abogados de la UEFA recordaron ante el TAS que la cantidad representa alrededor del 0,03% de los más de 100 millones de euros que el Madrid ingresó esa temporada en premios por la Champions League. Pero el verdadero impacto está en la calificación de los hechos y en la exigencia de responsabilidad al club.
Los jueces avalan el criterio de la UEFA y subrayan que el cántico rebasó cualquier frontera de “chanza aceptable”. Lo definen como “mucho más grave y dañino que la sátira y el intercambio de bromas tolerables en un estadio”.
El cántico que cruzó la línea
El incidente se produjo en febrero del año pasado, en el segundo tiempo del 3-1 del Real Madrid ante el Manchester City en la eliminatoria de play-offs de la Champions. En un momento del partido, un grupo de aficionados locales entonó un cántico en el que se aludía a Guardiola como delgado, consumidor de drogas y alguien que sería visto en el barrio más abiertamente gay de la capital española.
La escena no quedó solo en el ruido del estadio. Fue grabada, difundida en redes sociales y enviada a la UEFA por la Fare Network, la organización que colabora con la FIFA en la monitorización de incidentes discriminatorios en competiciones internacionales.
En la vista ante el TAS, un perito llamado a declarar explicó que el contenido del cántico apuntaba a asociar al exentrenador del Barcelona con estar “infectado con VIH/SIDA”. Una interpretación que los jueces consideraron relevante para dimensionar el alcance homófobo del ataque.
La defensa del Madrid y el pulso jurídico
El Real Madrid trató de mover el foco. Sus abogados defendieron que expresiones “humorísticas, exageradas o dirigidas a instituciones poderosas o figuras públicas” deben analizarse dentro de su contexto, con un margen de tolerancia mayor que el de un insulto directo a un particular.
Intentaron incluso sembrar dudas sobre la autoría de los cánticos, sugiriendo que, en el análisis inicial de la UEFA en febrero de 2025, podría haberse tratado de seguidores del Manchester City. También arremetieron contra el informe de los expertos de Fare, al que calificaron de tener “defectos formales y sustantivos muy graves”.
Nada de eso convenció al TAS.
La corte respaldó la investigación de la UEFA y dio plena validez a la prueba de vídeo y al trabajo de Fare. El relato de los hechos, la identificación de la zona del estadio y la naturaleza del cántico se mantuvieron intactos. La tesis de que se trataba de un exceso de humor o de una exageración aceptable en el ambiente de un partido de élite quedó desmontada.
La respuesta de la UEFA: homofobia como herida estructural
Los abogados de la UEFA no se limitaron a defender un expediente disciplinario. Llevaron el debate a un plano más amplio. Hablaron de décadas de machismo, exclusión y prejuicio en el fútbol. De un clima hostil hacia personas por su orientación sexual. De consecuencias personales, profesionales y, en algunos casos, trágicas.
En su argumentación, insistieron en que esa “intolerancia persistente” ha marcado la vida de “innumerables jugadores, entrenadores y aficionados” y que el organismo europeo no puede permitirse dar un paso atrás en la persecución de estos comportamientos.
En ese marco, apuntaron directamente al club blanco: el Real Madrid, defendieron, “debería ser el primero en luchar contra esos cánticos, en lugar de contratar abogados de alto perfil para recurrir al TAS”. Una frase que pesa más allá del caso concreto y que coloca a las entidades de élite ante el espejo de su responsabilidad social.
Un fallo en medio de otra guerra
El recurso se vio en Lausana el pasado septiembre, mientras el Madrid mantenía otro frente abierto con la UEFA: el largo y sonado litigio por el fallido proyecto de la Superliga. Dos batallas paralelas, dos planos distintos de poder, pero un mismo escenario jurídico.
La ironía del calendario quiso que el conflicto por la Superliga se cerrara hace apenas tres meses, justo cuando los jueces del TAS ultimaban su veredicto sobre los cánticos a Guardiola. La paz institucional con la UEFA llegaba, pero el club blanco recibía a la vez un recordatorio contundente sobre los límites del comportamiento de su grada.
El mensaje a la grada antes del reencuentro con Guardiola
El eco del caso no se quedó en los despachos. Antes de que el Real Madrid volviera a recibir al Manchester City en marzo, ya con el proceso en marcha y a la espera del fallo definitivo, dirigentes del club mantuvieron reuniones con grupos de aficionados para intentar garantizar que Guardiola no volviera a ser objetivo de insultos o cánticos vejatorios.
Una medida preventiva que revela hasta qué punto el episodio anterior había encendido las alarmas. El club, que en el TAS defendió el contexto y la supuesta naturaleza humorística del cántico, se movió internamente para que nada similar se repitiera en un nuevo duelo de máxima exposición.
La sentencia ya es firme. El dinero saldrá de caja, una pequeña parte del estadio se cerrará en un partido europeo y el expediente quedará archivado en los archivos de la UEFA. Pero la cuestión de fondo sigue abierta: en un fútbol que presume de modernidad y poder global, ¿quién va a marcar de verdad el límite entre la pasión de la grada y la humillación intolerable?
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